Y duran y duran …, el algodón no engaña, … Un factor de éxito de las frases publicitarias es que vengan a cuento muchas veces. Se convierten así en estribillos que se repiten y consiguen que la marca se mezcle en el aire que respiramos. Se dice que el Conde de Romanones era un hombre culto, pero lo que más se repite de lo que dijo fue lo que más veces viene a cuento: «joder, qué tropa». Miren qué semana. Parece que en estos tiempos de ruido y salivazos la verdad dejó de contar. Cuando alcanzamos el punto en que los hechos no importan, estamos en la barbarie, donde solo puede prosperar la barbaridad. Algo de eso hay, pero la verdad todavía encuentra acomodo en la vida pública, si tratamos con ella respetando dos cosas: la naturaleza humana y la naturaleza de los tiempos.
Esta semana aparecieron en la actualidad Ábalos, Koldo y Cerdán, por un lado, y, casi como un murmullo lejano, el periodista Khashoggi, asesinado hace siete años. Nos hablan de la verdad y la naturaleza humana. El juego no es entre la verdad y la falsedad. Es entre la verdad, la moralidad y la conducta. La cuestión no es la verdad, la cuestión es que la verdad importe. Hay verdades que pinzan en la moralidad y movilizan conductas y verdades que se pasean por la corteza superior sin nutrir emociones, moralidad ni conducta. Se atribuyen al gobierno de Arabia más de trescientas mil personas muertas por su intervención en la guerra civil de Yemen. Es el tipo de verdad que no importa. Pero la muerte de Khashoggi sí trajo problemas al príncipe heredero Mohammed bin Salman. Salman estuvo en la Casa Blanca esta semana. Trump dijo que aquello de Khashoggi son cosas que pasan e impidió que una periodista le preguntase a Salman por el asunto. Khashoggi es una persona, no trescientas mil, pero la verdad de su asesinato revolvió la moralidad y conducta internacionales más que la verdad de los trescientos mil crímenes en Yemen. Lo de Yemen son datos y razón. Lo de Khashoggi fue relato, personajes y trama, gritos e imágenes de sangre y vísceras. Entró en la embajada saudí de Turquía y pasó una de esas cosas que pasan en Arabia: estrangulamiento, gritos que se iban apagando al ir perdiendo el resuello y el desmembramiento de su cuerpo con una sierra. No eran trescientos mil civiles, pero había viveza e inmediatez. La verdad moviliza más cuando se salta el lento departamento de la razón y se expone directa a los sentidos y a las reacciones básicas de placer, alegría, asco o repugnancia. Una verdad tan vívida define la moral con una rotundidad que no alcanza la verdad mucho más grave de trescientos y pico mil muertos.
La verdad moviliza más cuando se salta el lento departamento de la razón y se expone directa a los sentidos y a las reacciones básicas de placer, alegría, asco o repugnancia
A Sánchez le toca ver que la verdad sobre Ábalos y compañía es el tipo de verdad que tensa la moral y activa conductas, no el tipo de verdad que se queda en la zona tibia del razonamiento, lejos de cualquier movilización. Está por ver si el PP y la mafia a la que apeló Aznar calibraron bien el tipo de verdad que fue la actuación del Supremo. El Supremo condenó sin pruebas, desdeñó testimonios perfectamente documentados que rebatían la acusación, permitió que emitiesen voto enemigos conocidos del acusado y con historial de servicios al PP, emitió el fallo con una rapidez que hace pensar que no hubo juicio y encima se apura a publicar el fallo sin sentencia. El Supremo prevaricó y actuó de forma corrupta. No creo que ni MAR haya pensado que la gente creería otra cosa. La cuestión es, y está por ver, si es el tipo de verdad que mete electricidad en la moral y la conducta y moviliza a la izquierda, con lo que les caería en la cara la flema que escupieron para arriba, o si es el tipo de desvergüenza que paraliza y desarma por su desmesura, en cuyo caso MAR puede trasegar unos litros más de vino. Pero Sánchez no debe dudar de qué verdad es esta que se abre paso sobre esa tropa suya. No se trata de si Ábalos fue lo más dañino que se haya hecho contra el estado. Es peor, en lo contable y en lo social, el birlibirloque por el que la atención a la salud de los madrileños se va adelgazando a medida que engordan los dineros públicos a Quirón y rebosan de Quirón a bolsillos de «ciudadanos particulares». Pero en la corrupción de Ábalos y Koldo hay desnudos y puteríos, risotadas, alcohol rebosando de copas y el olor a rancio de los restos de juergas cutres de troneras guarros. La verdad de esa degradación es de las verdades vívidas que activan la repugnancia y mueven la conducta. El PP no percibe con claridad que cada caso de corrupción se va ubicando confusamente en la memoria de la gente como indecencia de unos y otros y en ese estado mental medran los ultras que juegan a estar enfrente. Es la democracia lo que pudren estos golfos.

Hay tratar con la verdad desde la naturaleza humana y la naturaleza de los tiempos, decíamos. La naturaleza de los tiempos es que los ciudadanos nadan en una infinidad de datos que procesan con una atención débil y saltarina. Se enfrentan a los datos con una fuerte avaricia cognitiva (la gente no utiliza sus conocimientos en la valoración de los datos, se guarda su sabiduría como los usureros se guardan su riqueza). La memoria es débil y las reacciones vivas. Ya no son los relatos los que suplantan a la realidad, son las acciones. Hay partículas físicas que solo tienen masa cuando están en movimiento y cuando su movimiento cambia de dirección. Trump no tiene rutina, siempre parece que hace algo y siempre está cambiando de dirección para ser visible todo el tiempo y para ser audible por encima del ruido. De golpe pondrá aranceles de más del 100% a China, invadirá Venezuela y se anexionará Canadá. Luego tiene una reunión con Xi Jinping que es «increíble». Siempre pasa o está a punto de pasar algo, de aranceles de guerra a reunión increíble, bandazo en la dirección para resultar visible. Estos son los tiempos y ahí hay que colocar verdades con la eficacia con las que otro colocan delirios. Dirán que es imposible. Pero ¿por qué creen que tiene tanto éxito Rufián? Rufián es un gran parlamentario, desde luego, pero no creo que su proyección se deba a que sepa más que otros, que sea mejor analista o que tenga más olfato político. Creo que simplemente una persona para estos tiempos. No parece que hable, parece que hace. Cuando te enfrentas con aplomo a quienes ocultan y mienten, por el hecho del enfrentamiento, por la entereza, por la falta de doblez, no estás hablando, estás haciendo. Nadie quiere ir a una conferencia de Rufián sobre la situación internacional. La gente lo quiere en acción, fajándose con eficacia y emitiendo con la acción un mensaje que contiene verdades que no suelen asomar eficientemente en la vida pública.
Sánchez sabe la verdad de Ábalos y también la verdad sobre sí mismo. Si quiere colocar la verdad de la degradación de Ábalos y compañía y la verdad de que él es ajeno a sus bajezas, si es que eso es la verdad, la tiene que colocar haciendo y siendo creíble su acción. Deben salir de su boca palabras como putas, golfos, trapaceros o pillaje, la repugnancia de la audiencia tiene que rimar emocionalmente con sus palabras. No vale más mensaje que la acción, son tiempos de videojuego, mensaje conciso y gestos que se recuerden. Que recuerde su acción de solo ante el peligro cuando lo defenestró el establishment del PSOE, la acción de los cinco días para reflexionar y la incipiente acción de resistir por la democracia a la presión ilegítima de tarados ultras que van a rezar a la sede de su partido y jueces que pudren la justicia para salvar a la patria haciendo lo que hicieron siempre los salvapatrias. Lo de Ábalos / Koldo / Cerdán no es el peor atraco que sufre el estado y las instituciones. Pero es de las degradaciones que llegan directas e hirientes a los departamentos emocionales y morales de la gente sin rebozo emocional. No podemos estar todos los días decidiendo el bien y el mal. Tenemos una memoria moral para no decidirlo todo todos los días. A esa memoria moral la llamamos principios. Este caso requiere principios y los principios se expresan haciendo. Es la democracia. Porque, joder qué tropa.



























