La heroica ciudad dormía la siesta, señaló Clarín en 1884. La cuestión es que llegó el siglo XXI y la ciudad seguía durmiendo, y si querías cultura tenías que ir a Gijón (Festival de Cine, Gijón Sound). La cosa era tan seria que hasta Jorge Martínez, el de Los Ilegales, el más punki de todos, por llevar la contraria dejó Gijón, donde había tantas cosas, y se vino a vivir a Oviejo, donde no había nada.
Año dos mil y poco d.C. Todo Oviejo está ocupado por las tropas de Gabino de Lorenzo, que al contrario que Lorenzo de Medici, detesta la cultura (sólo le gusta la zarzuela, porque puede salir él haciendo de chulapo). ¿Todo Oviedo? ¡No! Un grupo de irreductibles culturetas resiste en un bar de la calle de El Peso. Pablo Caja lo abrió y Jose Caja (así, sin tilde, “Jose”) ayudó a convertirlo en La Caja Negra. Y en Oviedo encontramos un oasis, un refugio donde ver buen cine en versión original (algo raruno a veces, la verdad, “rollo Tarkovski”), teatro, cabaret (varias ediciones del festival Localidades Agotadas), performances, recitales de poesía, presentaciones de libros o varias representaciones de The Rocky Horror Picture Show (en “la caja”, cualquier excusa era buena para disfrazarse). Y, por supuesto, buena música, muchas veces en directo (a pesar de las columnas, que eran muy bonitas, pero no dejaban ver). Y pinchadas, claro (Kresy, Silvia Jass). En La Caja Negra vimos por primera vez en Oviedo a Pablo und Destruktion, Fee Reega y Rodrigo Cuevas, entonces formando parte de La Dolorosa Compañía, que traía vestidos de faralaes para el público. Eran los tiempos en que Suarez era Pablo X. Suarez, pinchaba “Vinilos del Campillín” y recitaba su Oda a la mortadela. No había mejor lugar en Oviedo para escuchar música, hablar y morrear. Yo he visto cosas en La Caja Negra que no creeríais; por ejemplo, doce horas ininterrumpidas de teatro con Pimiento Teatro. Hubo buenas ideas, como las fusiones de comida y música: “tortilla rock”, “reggae y chosco” o “jazz entre oricios” (cocinados en la barra). También hubo alguna que otra mala idea, como ese carnaval en el que los de “la caja” se disfrazaron de fachas con el eslogan: con Franco se vestía mejor. A Jose se le perdona todo. Dicen que había chicas que iban a La Caja Negra a ver a Jose. Dicen. También dicen que había una finlandesa que, cuando se emborrachaba, se subía a la barra a bailar, y que cuando cumplió treinta y ocho años nos engañó con que cumplía cuarenta, pues así tenía una excusa para hacer una fiesta aún mayor. En “la caja”, evidentemente. Es como el facebook pero real, le escuché decir de La Caja Negra a una erasmus recién llegada a Oviedo (de no ser por “la caja”, ¿qué imagen se hubieran llevado de Oviejo tantos erasmus?). Todo el mundo iba a La Caja Negra, el Studio 54 carbayón (en aquella época, ser camarero en “la caja” era como ser youtuber hoy). Cuentan que una vez vino Brad Pitt y tras quedarse un buen rato mirando a Jose, le dijo: “pues no me pareces tan guapo”, y se fue. Las leyendas sobre La Caja Negra son infinitas; las abordaré en mi próximo libro: ¡Lo que follamos gracias a La Caja Negra! Y es que allí vivimos, y bebimos, mucho. El problema es que me acuerdo poco. De lo que sí me acuerdo, perfectamente, fue de cuando terminó la manifestación del 15M. Teníamos tal subidón (era como si todos estuviésemos enamorados), que nadie quería irse a casa. ¿Qué hacemos? ¿Dónde vamos? A La Caja Negra, dónde sino. Así eran las cosas en Oviedo entonces, cuando éramos jóvenes y guapos (ahora sólo somos guapos). La cosa era tan seria que hasta hubo gijoneses que se vinieron a vivir a Oviedo. Os lo juro; fue cuando coincidieron, en esta ciudad de todos los demonios, La Caja Negra y el CSOA La Madreña.








La Caja Negra se cansó de nosotros (nosotros nunca nos cansamos de ella) y fue cediendo el testigo a Lata de Zinc, que subió la apuesta, también con Jose al principio. Sin embargo, Jose nunca llegó a ser Jose Lata. Fue Jose Caja y ahora es Jose el de la Taberna Narciso. Pablo Caja sigue siendo Pablo Caja.
Dicen que el 27 de diciembre, en el Kuivi, va a resucitar La Caja Negra; pero yo no me lo creo, como tampoco me creo que hayan muerto Jorge, Robe o Cienfuegos. Son cuentos que cuenta Nortes.



























