Un equipo científico astur-leonés ha desarrollado un nuevo índice para medir la recuperación natural de los bosques en el noroeste peninsular, un proceso estrechamente ligado al abandono rural y a la transformación profunda del paisaje cantábrico.
El estudio, publicado en la revista Ecological Indicators, analiza casi tres décadas de cambios en la región iberoatlántica española, que abarca Galicia y la Cordillera Cantábrica, y confirma que el regreso del bosque es real, aunque irregular y frágil.

Medir algo más que superficie forestal
El indicador diseñado por los investigadores, denominado Passive Forest Recovery Index (PFRI), permite evaluar no solo cuánto terreno vuelve a ser bosque, sino también su complejidad ecológica, las fases intermedias y los retrocesos provocados por incendios, cambios de uso del suelo o perturbaciones naturales.
El trabajo está liderado por Daniel Pfitzer López, del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIBID), en colaboración con la Universidad de Oviedo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Gobierno del Principado de Asturias.
“La investigación muestra que la recuperación se concentra en Galicia y en el núcleo de la Cordillera Cantábrica.”
Un proceso desigual y no lineal
Entre 1990 y 2018, una parte significativa del territorio del noroeste experimentó procesos de recuperación forestal pasiva, aunque el estudio advierte de que casi una décima parte del área analizada sufrió regresiones, confirmando que la renaturalización no es un camino continuo hacia el bosque maduro.
La investigación muestra que la recuperación se concentra en Galicia y en el núcleo de la Cordillera Cantábrica, especialmente en áreas próximas a antiguos núcleos rurales, donde la actividad agraria se ha ido retirando de forma progresiva.
El éxodo rural dibuja el nuevo paisaje
Los valores más altos del índice se registran en zonas de baja y media altitud, cerca de pueblos despoblados, lo que evidencia el impacto directo del éxodo rural en la configuración del paisaje actual.
Factores como la altitud, la accesibilidad o la precipitación influyen en el proceso, pero los autores subrayan que es el abandono humano el que actúa como motor principal de esta transformación silenciosa.

Una alternativa a las plantaciones intensivas
El estudio destaca que la recuperación pasiva presenta ventajas frente a las repoblaciones artificiales, ya que conserva la diversidad genética local, mejora la resiliencia frente a incendios y reduce los costes de gestión.
En la Cordillera Cantábrica, estos bosques actúan además como sumideros de carbono y reducen de forma notable la intensidad del fuego en comparación con plantaciones de eucalipto o pino.
Ciencia para decidir políticas públicas
El nuevo índice integra datos del programa europeo CORINE Land Cover y se plantea como una herramienta útil para orientar políticas de conservación, ordenación del territorio y prevención de incendios en un contexto marcado por el cambio climático y la despoblación rural.
Los autores concluyen que la renaturalización pasiva es una solución basada en la naturaleza con gran potencial, pero advierten de que su éxito dependerá de decisiones políticas y de gestión a medio y largo plazo.



























