Los libros del año, según cuatro librerías asturianas

Novelas, ensayos y poemas elegidos desde librerías independientes para orientarse entre la sobreproducción editorial y leer con criterio.

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Redacción Nortes
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Te contamos lo ocurrido centradas en la periferia.

¿Qué libros importan cuando el ruido es constante? Cuando las novedades se amontonan y el tiempo para leer se vuelve escaso, la pregunta deja de ser qué se publica y pasa a ser qué merece la pena. Para responderla, nada mejor que escuchar a quienes conviven a diario con lectores y lecturas. Cuatro librerías asturianas —en Gijón, Oviedo y Mieres— han señalado los títulos que más han marcado su año: por ventas, por convicción o por pura necesidad cultural.

El resultado no es un ranking ni una lista cerrada, sino un mapa. Novelas que hablan de duelo y clase social, ensayos que defienden lo público, poesía que dialoga con la tradición, libros infantiles que se atreven con los temas difíciles y grandes relatos que recuerdan por qué seguimos leyendo.

La intimidad como territorio político

Desde la Librería La Revoltosa, en Gijón, la selección del año gira en torno a una idea clara: lo personal nunca es inocente. Muchas de las novelas recomendadas exploran el duelo, la precariedad emocional o la memoria familiar como espacios donde se revelan tensiones sociales más amplias.

Ahí encaja Solo tierra, solo lluvia, solo barro, de Montse Albets, un debut que convierte el regreso al entorno rural en una experiencia casi física: la tierra y el barro funcionan como lenguaje del dolor, pero también como posibilidad de recomposición. En la misma cuerda íntima y afilada aparece Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, una historia sobre los espejismos de una relación desigual y la amistad como refugio cuando todo lo demás se estrecha.

La mirada social se vuelve frontal en Casas limpias, de María Agúndez, que entra en hogares ajenos para hablar de empleo doméstico, clase y esas violencias pequeñas —y constantes— que muchas veces se camuflan de normalidad. Y la dimensión política se amplía con Libre, de Lea Ypi, memoria de crecimiento en la Albania del derrumbe del régimen, y con Flores de papel, de Ebbaba Hameida, que recorre la historia saharaui desde la voz de tres generaciones de mujeres.

Completan la lista Mauro, de Mikel Guerendiain, nacida de una gran evasión carcelaria real; La muerte ajena, de Claudia Piñeiro, un thriller con ramificaciones políticas; y Nada es verdad, de Veronica Raimo, que usa el humor y la crueldad familiar como radiografía generacional.

Orio,Díez y Verónica Piñera en La Revoltosa. Foto: Alisa Guerrero

Cuando vender mucho no está reñido con pensar

En Oviedo, la librería Matadero Uno confirma que el lector no compra solo para evadirse: compra para entenderse. Entre los títulos más vendidos destaca Toda persona, de Sergio Calleja, un ensayo claro y combativo sobre el deterioro de los servicios públicos y la deriva privatizadora, escrito desde dentro de la sanidad.

Vermú de Navidad en Matadero Uno. Foto: Pablo Lorenzana.

La narrativa que mejor ha funcionado este año se mueve entre la intriga y la mirada social. La sacavera, de Jorge Ordaz, propone una crónica negra ambientada en el Oviedo de 1750, atravesada por corrupción, contrabando y secretos. El club de la niebla, de Leticia Sánchez Ruiz, se instala en un misterio de atmósfera literaria, pensado para lectores que disfrutan tanto del enigma como del tono. Y Ratones en la despensa, de Raquel Presumido, reúne relatos rurales donde lo insólito y lo oscuro se mezclan con humor y tradición oral.

El otro gran título del año es Las madrinas, de Aitana Castaño, con Alfonso Zapico vinculado al proyecto en las fichas editoriales y de librerías: un libro con arraigo local y vocación narrativa que ha encontrado lectores más allá del circuito habitual.

A estas ventas se suman recomendaciones que definen el gusto de Matadero Uno: Pábilun, de Xaime Martínez, en edición bilingüe; Mi refugio y mi tormenta, de Arundhati Roy; Un silencio visible, de Mariano Antolín Rato; y Los ilusionistas, de Marcos Giralt Torrente, una novela generacional que funciona como autopsia familiar y reflexión sobre lo heredado.

Leer también es tomar partido

La Llibrería-Café La Llocura, en Mieres, propone una selección donde la lectura es también una forma de intervención cultural. Aquí los libros no solo se recomiendan: se defienden.

Destaca Del viento, de Saray Blanco Hernández, inspirada en la figura de Forugh Farrojzad y ambientada en el Irán de mediados del siglo XX: una novela sobre deseo, palabra y resistencia en un entorno que vigila y castiga. Reaparece Toda persona, que se consolida así como uno de los ensayos del año en Asturias. Y entra con fuerza Un casinu ente la xungla, de Ícaro Obeso Muñiz, un texto sobre ordenación del territorio, bien común y conflicto con el modelo económico dominante.

Eva Rodríguez y Miguel Gallardo, fundadores de La Llocura, de Mieres. Foto: David Aguilar Sánchez

La apuesta por la infancia llega con ¿Estás aquí?, de María Ramos, un álbum que habla de la muerte sin eufemismos y con una delicadeza que abre conversación real. Y la poesía vuelve a estar en el centro con Pábilun, de Xaime Martínez, inclasificable y adictivo, a medio camino entre la tradición y el hallazgo contemporáneo.

La recomendación que mira más allá de la novedad estricta es Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel, novela imprescindible sobre amor y disidencia en plena dictadura chilena.

El riesgo narrativo y los libros que se quedan

La mirada de la librería La Buena Letra, también en Gijón, añade otra capa al mapa lector del año: la defensa del riesgo literario y del descubrimiento personal. Su librero no habla solo de libros importantes por consenso, sino de aquellos que dejan poso, incluso —o especialmente— cuando no son fáciles.

Entre las lecturas más destacadas señala La picadura de abeja, de Paul Murray, una novela que sobresale no tanto por su argumento como por su ambición formal: distintas maneras de contar una misma historia, cambios de enfoque y una apuesta narrativa que asume riesgos poco habituales en la novela contemporánea.

Rafa Guitérrez Tesón, librero de La Buena Letra.

Es, de nuevo, imposible no mencionar Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, que aparece aquí no solo como uno de los libros más valorados del año, sino como un raro punto de encuentro entre listas de calidad y listas de ventas: un libro que ha sabido conectar con lectores muy distintos sin rebajar complejidad.

Entre las lecturas más exigentes, destaca el cierre de la trilogía de Leïla Slimani, una autora que genera debate incluso entre lectores fieles, y el descubrimiento de Melancolía de la resistencia, de László Krasznahorkai, una experiencia literaria radical: una forma de escribir que desconcierta al principio y acaba revelándose extraordinaria, tanto por su estilo como por su potencia intelectual.

El gran hallazgo personal del año, aunque no sea una novedad estricta, es El arte de la alegría, de Goliarda Sapienza, recuperada en castellano por Lumen. La novela sigue la vida de Modesta, una mujer siciliana nacida a comienzos del siglo XX, cuyo nombre ya anticipa una historia de ambición, inteligencia y ruptura de normas. De su paso por un convento a los salones aristocráticos, Sapienza construye una especie de Gattopardo en clave feminista: un retrato feroz y luminoso sobre poder, deseo y autodeterminación.

Como en otras librerías, Las madrinas, de Aitana Castaño, vuelve a aparecer como uno de los títulos ineludibles del año, confirmando su capacidad para cruzar territorios, públicos y sensibilidades

Un mapa lector para cerrar el año

Desde enfoques distintos, las cuatro librerías coinciden en algo esencial: los libros que importan no son los que evaden, sino los que ayudan a entender. Duelo, memoria, sanidad pública, territorio, feminismo, infancia, disidencia y riesgo formal atraviesan esta selección que dibuja un retrato bastante fiel de las preocupaciones culturales del presente. Leerlos no garantiza respuestas, pero sí mejores preguntas. Y eso, hoy, ya es decir mucho.

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