La paradoja asturiana. La comunidad se consolida como destino turístico, atrae a cada vez más visitantes extranjeros, pero al mismo tiempo crece el número de asturianos que no pueden permitirse irse de vacaciones fuera de sus hogares una semana al año.
Si en 2024 eran un 30% de asturianos los que no podían marchar de vacaciones, hoy el porcentaje es ya del 33,5%. Son cifras de la encuesta sobre condiciones de vida publicada esta semana por el Instituto Nacional de Estadística, y que ponen de manifiesto el retroceso que amplias capas de la población asturiana están teniendo en sus hábitos de ocio y vida cotidiana. Otra paradoja. La renta de los hogares sube un 3,3%, pero la carestía de la vida, sobre todo el precio de la vivienda y los suministros básicos, se come la mejora de los salarios y del empleo, que hoy está en el Principado en cifras previas a la gran crisis económica de 2008.

La encuesta del INE refleja un empeoramiento en la carencia material de una parte de los hogares asturianos: los que no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días ha repuntado del 5,6 al 5,9 por ciento, y los que no pueden mantener la vivienda con una temperatura adecuada han aumentado del 15,2 al 16,2 por ciento.
También ha subido la proporción de hogares que no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos, del 28,3 al 30,8 por ciento, y de los que han tenido retrasos en los últimos doce meses en el pago de gastos relacionados con la vivienda, como hipotecas, alquileres o suministros, del 6,1 al 7,1 por ciento
Tras cuatro años de descensos continuados, la población en riesgo de pobreza o exclusión social subió el pasado 2025 en Asturias del 20,9 al 22,4 por ciento, aunque se mantiene 3,3 puntos por debajo de la media nacional.
El olvido del turismo social
En cuanto a las vacaciones, los asturianos tienden a igualarse con la media española, 32%, alejándose de las comunidades en las que más familias veranean. En País Vasco solo el 19% de la población no puede marchar de vacaciones al menos una semana al año. En Madrid es el 21% y en Navarra el 24%. Cifras en las antípodas de comunidades, por otro lado muy turísticas, como Andalucía, donde el 43% de la población no puede veranear fuera de sus hogares, Murcia, el 42% o Canarias, el 39%.

Mientras las políticas públicas del Principado se han orientado a la atracción de “turismo de calidad”, eufemismo para no hablar de turistas de alto poder adquisitivo, el llamado “turismo social”, del que Asturies fue un referente en la segunda mital del siglo XX con la ciudad de vacaciones de Perlora, se encuentra hoy completamente olvidado. En concreto, con respecto a Perlora, los planes del PSOE han sido de hecho la búsqueda de un comprador privado que convierta la antigua ciudad vacacional en un resort. La misma estrategia que el gobierno de Juanma Moreno Bonilla, del PP, persigue para la ciudad vacacional de Marbella, contemporánera de Perlora, y nacida con el mismo objetivo de ofrecer turismo asequible a las clases populares.
En sus recientes alegaciones a la reforma de Perlora, CCOO, Ecoloxistes n´Aición y Somos Asturies coincidían en pedir que el complejo no pierda en sus nuevos usos la dimensión social que tuvo desde sus inicios. A día de hoy la única iniciativa de turismo popular es la que contempla el Ayuntamiento de Carreño, con la transformación de uno de los edificios en albergue.
Hoy el grueso de los 49 millones de euros que maneja la Consejería de Turismo se destina a promoción y atracción de turistas, y las iniciativas para garantizar el acceso de todos los asturianos a unos días de ocio y descanso fuera de sus casas brillan por su ausencia.



























