Que la brutal guerra que acaban de desencadenar Israel y EE.UU. haya empezado con el asesinato de más de cien niñas en un colegio de Minab al sur de Irán es un horror que encaja perfectamente en el perfil de sus ejecutores. Después de acabar con la vida de miles de niños en Gaza, a Israel debe de preocuparle muy poco volar todo un colegio. En cuanto al presidente de los EE.UU., lo que le importan las niñas también lo sabemos. Y mientras la mayor parte de los gobiernos de Europa siguen dando asco y apoyando a los criminales de guerra, España planta cara, parece, por fin.
La periodista Olga Rodríguez Francisco ha escrito hasta la saciedad sobre las razones de las dos bestezuelas para atacar Irán, que nada tienen que ver con la libertad y sí, todo, con el control de recursos naturales y de rutas comerciales. Netanyahu continúa su genocidio y su proyecto del “Gran Israel” y Trump, aunque con grandes dificultades para articular un discurso medio coherente, busca su botín de petróleo y su hegemonía mundial, amenazada justamente (justamente en el amplio sentido de la palabra) por China.
Aunque el derecho internacional haya volado por los aires hace mucho, aunque se pudo haber evitado el genocidio israelí en Palestina y no se evitó, aunque ya no haya manera de creerse la palabrería hueca sobre los derechos humanos y los valores europeos, a pesar de todos estos aunques y porque la vida empuja, porque sentimos la necesidad de tener una esperanza, porque quizá sea mucho decir que La vida es bella, ya verás como a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amor, pero que por decirlo que no quede, hoy somos un país un poco mejor que ayer porque le hemos dicho no a los señores de la guerra. Si es un no grande o pequeño, ya lo veremos, pero necesitábamos una noticia así.
Netanyahu es un criminal de guerra y un genocida y lo que es Trump no lo voy a escribir porque se me acabarían los diccionarios, el tiempo y el espacio. Esta semana el gobierno de Sánchez nos ha dado una alegría negándole a este sujeto despreciable el uso de las bases norteamericanas en nuestro territorio para su ataque ilegal contra Irán. Como no me apetece reírle las gracias a Sánchez sin ponerle ningún pero (puede que sea yo una antipática, puede que él me tenga bastante escaldada), diré que en realidad creo que el mérito es de Susan Sarandon. Es de sobra sabido que existe un mecanismo psicológico de refuerzo positivo que unido al poder performativo de las palabras hace que si nos dicen lo guapas y valientes que somos (podían decírnoslo más) esa guapura y esa valentía se reafirman. Susan Sarandon ha llamado guapo, valiente y más cosas a Pedro Sánchez y éste le ha plantado cara como nunca a la pareja diabólica del genocida y el violador.



























