El Auditorio Teodoro Cuesta de Mieres, con cerca de 300 butacas, se llenó este viernes 6 de marzo para el homenaje a Conchi Suárez, fallecida en 2025, histórica militante del MCA, Lliberación, del movimiento feminista y una de las fundadoras del Colectivo Feminista de Mieres Y les cames sin facer. Incluida en la programación municipal del 8M, la cita reunió a cientos de personas en una noche cargada de emoción, con música asturiana, danza, poesía, testimonios y un recorrido audiovisual por su vida.
El acto sirvió también para mirar atrás y recorrer medio siglo de historia del movimiento feminista mierense, nacido en la Transición y atravesado desde entonces por las luchas laborales, vecinales y culturales de la cuenca. “Conchi está desde el principio en el colectivo y a ella se le debe el nombre”, recuerda Charo, veterana de la organización, con más de 40 años de historia, y heredera del primer Colectivo Feminista de Mieres, fundado en 1977.

Dar la vuelta a un verso
El nombre surgió de una canción popular: “Al entrar en colomines lo primero que se ve, les muyeres nes ventanes y les cames sin facer”. La letra insistía en la reclusión femenina al ámbito doméstico, pero en una reunión del entonces colectivo feminista de Mieres, Conchi propuso apropiarse del verso y resignificarlo para así renombrar en 1990 al Colectivo Feminista de Mieres.
“Fue una genialidad”, recuerda Charo. “Queríamos darle la vuelta para reivindicar que las mujeres teníamos que salir a la calle, ocupar lo público”.
Ese gesto condensaba bien el espíritu de un grupo nacido entre asambleas vecinales y luchas obreras, en una cuenca del Caudal donde el feminismo creció ligado a la vida cotidiana y a la organización social.


De la urgencia cotidiana a la lucha laboral
Los primeros años del feminismo mierense estuvieron marcados por un activismo directo. Con motivo de la celebración del 8 de Marzo de 1977 las militantes colocaron carteles hechos a mano en la calle reclamando la legalización de los anticonceptivos y llamando a la movilización femenina. Participaron en campañas contra la ley del adulterio y denunciaron los malos tratos en una época en la que huir de la violencia podía suponer acabar en prisión por “abandono del hogar”. También recorrieron pueblos impartiendo charlas sobre sexualidad femenina. “Las mujeres mayores conectaban más, las jóvenes estaban más atravesadas por el amor romántico”, recuerda Charo.
El trabajo fue otro eje central. En la cuenca minera de los setenta, las mujeres casadas ni siquiera figuraban en las estadísticas del paro. El colectivo feminista impulsó campañas para que se inscribieran y presionó al Ayuntamiento para incorporar mujeres a servicios municipales.


Una de sus batallas más importantes fue la entrada de mujeres en Hunosa. Tras años de presión y reuniones con la dirección, lograron la apertura, pese a la oposición inicial de parte de los trabajadores, e incluso de ciertos sectores sindicales. Las primeras trabajadoras de hecho tuvieron que acceder protegidas por la Guardia Civil, ante la oposición de piquetes que se oponían a su entrada.
Otra lucha clave fue el acceso de mujeres a la prioridad laboral, reservada hasta entonces a hijos varones y yernos de mineros fallecidos. El colectivo acudió incluso con notario a las oficinas de la empresa para dejar constancia de la discriminación, lo que desencadenó un escándalo público y su posterior rectificación.
El legado de Conchi
El homenaje recordó a Conchi Suárez también fuera del colectivo. Militante comunista y activa en el movimiento vecinal, participó en mejoras concretas de su barrio como la construcción de una acera en la N-630, a la altura del pozo Barredo, donde había habido accidentes mortales.
Quienes la conocieron subrayan además su papel en la cultura popular asturiana: diseñaba pancartas y murales del colectivo, tocaba la pandereta, bailaba y cantaba junto a su hermana, la conocida folclorista mierense Fini Suárez, fallecida en 1999.
Pero su legado también se mide en lo cotidiano. Crió a tres hijos, también al hijo pequeño de su hermana, y dedicó décadas al cuidado de una hija con gran discapacidad. Su presencia constante en la vida pública ayudó a “educar a dos generaciones sobre la inclusión”, recuerda Charo.

Emoción y continuidad
Casi medio siglo después, el colectivo ronda las cuarenta integrantes y sigue incorporando nuevas generaciones. Raquel, de 42 años, es una de las últimas en sumarse. Llegó “un poco por casualidad”, tras volver a Mieres y acercarse al grupo a través de un trabajo fotográfico. “Me interesó muchísimo conocer la historia. Empezaron a contarme lo que habían hecho y me generó mucho interés”, explica.
Lo que encontró fue, sobre todo, una red de apoyo: “Fueron súpergenerosas con nosotras, nos siguen arropando”.
Para su generación, entrar en un colectivo con medio siglo de trayectoria supone “emoción y admiración total”. Raquel destaca el cariño entre las compañeras y su persistencia en la lucha: “Venían de épocas mucho más difíciles y ahí estaban al pie del cañón para que hoy tengamos un futuro mejor”.

Retos que siguen abiertos
Hoy el escenario es otro, pero las prioridades no han cambiado. Siguen denunciando la violencia machista, reivindicando la corresponsabilidad en los cuidados y defendiendo la igualdad real en el trabajo.
Para Raquel, los retos actuales siguen siendo muchos: “Parece que quieren que los derechos vuelvan hacia atrás. Todavía hay gente que cree que está bien que tengamos miedo al volver a casa solas”. Aun así, observa cambios en las generaciones más jóvenes, que cada vez participan más en manifestaciones y talleres: “Van con esas gafas del feminismo puestas”.
Medio siglo después de aquel grupo de mujeres que decidió darle la vuelta a un verso machista para ocupar la calle, Y les cames sin facer sigue siendo, en Mieres, algo más que un colectivo. Es una memoria viva de las luchas de la cuenca y una manera de entender el feminismo como práctica cotidiana. El homenaje a Conchi Suárez, más que un cierre, recordó el viernes esa continuidad. La de quienes estuvieron al principio y la de quienes han llegado después para seguir saliendo a la calle… aunque queden les cames sin facer.



























