Del OTAN NO al NO a la OTAN

La plataforma Asturias por la Paz, surgida a principios de los 80, ha vuelto a convertirse 40 años más tarde en punto de encuentro del pacifismo asturiano.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Este jueves 12 de marzo, se cumplen 40 años del referéndum de la OTAN, la que para muchos fue la última gran batalla de la Transición, un episodio marcado por el vigor y el ímpetu de un movimiento pacifista que logró arrancar al gobierno de Felipe González una consulta sobre la permanencia de España en la Alianza Atlántica, y que incluso estuvo a punto de doblarle el brazo a un PSOE, que con importantes divisiones internas, tuvo que emplear toda su artillería para convencer a la opinión pública de las bondades del Sí.

En Asturies la campaña por el NO tuvo algunos hitos como la formación de un enorme OTAN NO en la calle Uría de Oviedo/Uviéu. Cuatro décadas después citamos en el mismo lugar a dos personas que participaron en aquel momento y aquel movimiento, Carme Prado y Marino Burgos, con dos jóvenes, Isabel González y Rodrigo Díaz. Los cuatro participan ahora en Asturies pola Paz, nombre que retoma el de la histórica plataforma que en los 80 logró aglutinar a todas las “familias políticas”, como recuerda Prado, que se unió en 1983 al movimiento, y que en la actualidad forma parte también del Conceyu Abiertu pola Paz, una de las entidades que la integran.

Cartel de la convocatoria.
Imagen de la manifestación en Uría.

Los primeros pasos del movimiento anti OTAN se dieron en Asturies en torno a 1980, con los primeros debates sobre la adhesión de España a la Alianza, herencia que dejaría el último gobierno de UCD, liderado por Leopoldo Calvo Sotelo. Aunque en un principio la composición de estos comités era muy plural, incluso con la participación de algunos militantes socialistas, progresivamente se irían produciendo abandonos, y la inicial diversidad de estos organismos se iría resintiendo.

Marino recuerda que en las primeras reuniones del Comité Anti OTAN ovetense, celebradas en el Club Cultural de Oviedo, quedó algo espantado con el prosovietismo que se respiraba en un ambiente donde predominaban los viejos militantes admiradores de Brézhnev, y para los que no había duda de quién debía ganar la Guerra Fría. Contrario a ambos bloques militares, la formación de Asturias por la Paz en 1983 supondría para Marino un ambiente mucho más fresco y afín a sus ideas. Acaba de arrancar un nuevo movimiento pacifista en Asturies.

La imaginación al poder

Asturias por la Paz surgiría en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo, promovida por un grupo de profesores vinculados o cercanos al PCE, que llamaban a dar un nuevo impulso al movimiento pacifista asturiano, superando la marginalidad en la que habían ido cayendo los comités anti OTAN.

Tras una primera y exitosa asamblea en la universidad ovetense, diversas organizaciones irían incorporándose al movimiento, en el que dos partidos, el Movimiento Comunista de Asturies y la Liga Comunista Revolucionaria, van a jugar en los siguientes años un papel muy destacado.

El manifiesto fundacional de Asturias por la Paz, aprobado en octubre de 1983, supone una ruptura nítida con cualquier atisbo de prosovietismo, y ya deja claro que el movimiento no solo propugna la salida de España de la OTAN, sino también la disolución del Pacto de Varsovia y la desnuclearización de Europa. Al movimiento se acercan incluso algunos pequeños grupos de objetores de conciencia y activistas antimilitaristas, defensores de la llamada no violencia, que van a ir logrando modificar el discurso y los objetivos de la plataforma, inicialmente muy centrada en la defensa de la paz frente a la escalada belicista.

En 1985, tal y como ha estudiado el historiador Pablo Socorro, Asturias por la Paz ya no solo es un movimiento que defiende la neutralidad y la salida de la OTAN, sino también una organización que asume algunas reivindicaciones antimilitaristas como la objeción de conciencia frente al servicio militar o la crítica al gasto en Defensa.

Marino Burgos. Foto: David Aguilar Sánchez
Carme Prado. Foto: David Aguilar Sánchez

1985 y 1986, con Felipe González ya definitivamente alineado con los EEUU del republicano Ronald Reagan, serán años de crecimiento del movimiento en toda España, organizado desde 1983 en la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas.

Progresivamente Asturias por la Paz logra ir formando asambleas locales en Xixón, Avilés, Siero, Mieres o el Nalón. Prado, militante entonces de la LCR y del movimiento vecinal en el barrio ovetense de La Tenderina, destaca la receptividad que la agitación pacifista tenía entre la gente de la calle a la que “todo lo relacionado con la guerra y el Ejército les sonaba muy mal”. “Era muy difícil encontrarte gente que abiertamente te defendiera la OTAN” rememora Marino.

“Era muy difícil encontrarte gente que abiertamente te defendiera la OTAN”

La intentona golpista del 23F acababa de tener lugar, y los EEUU estaban muy desprestigiados por su apoyo a golpes de Estado y dictaduras en todo el mundo, empezando por la franquista, y siguiendo por los intentos de acabar con la revolución sandinista en Nicaragua. “Hacíamos cosas con las asociaciones de vecinos y no solo se acercaba gente muy politizada o concienciada, también otra más normal que quería informarse sobre qué era la OTAN”.

Entre las características del pacifismo de los 80 estaría una cierta renovación de los repertorios de acción colectiva dominantes hasta entonces en los movimientos sociales. Influido por sus homólogos europeos y españoles, Asturias por la Paz también pondría en práctica cadenas humanas, globos, cabezudos, muralismo y una estética en general más colorista y festiva de lo que había sido lo habitual en la izquierda asturiana. Marino Burgos recuerda también los trenes llenos de banderas y símbolos pacifistas que se fletaron desde Asturies para llevar gente a las grandes manifestaciones celebradas en Madrid en 1985 y en 1986.

Manifestación anti-OTAN en Oviedo/Uviéu. Foto: Luis Sevilla
Pancarta de Asturias por la Paz. Foto: Javier Ordás

Prado destaca la pluralidad del movimiento, y cómo a pesar de las discusiones internas se fue logrando avanzar sin romper la unidad, lo que según el historiador Pablo Socorro fue una cierta singularidad del movimiento asturiano frente al resto del país, donde lo normal fue la fragmentación del pacifismo en distintas plataformas.

Pese a esta actividad, el NO perdería tras una reñida campaña en la que Felipe González tuvo que tirar del control de la televisión pública y del miedo, tanto a una agresión de la URSS, como a un vacío de poder en el país. Consciente de la fuerza que el pacifismo estaba adquiriendo en la sociedad española, el presidente recurriría a un discurso apocalíptico sobre los peligros de una victoria del NO, dando a entender que la consulta era también un plebiscito sobre su continuidad o no en La Moncloa. Todo ello mientras por otro lado la campaña del Sí presentaba unas condiciones de permanencia muy dulcificadas, una especie de estar en la OTAN “solo para lo bueno”. La mayoría de estas condiciones nunca se cumplirían una vez logrado el objetivo de hacer más digerible el voto a la permanencia en la Alianza.

Felipe González con Ronald Reagan en la Casa Blanca (1983). Foto: Fundación Ronald Reagan.

Pese a las dificultades, en la recta final de la campaña todavía algunas encuestas daban posibilidades al NO. “Teníamos esperanza en que se podía ganar el referéndum” recuerda Prado, que rememora la tristeza y las caras largas de la noche electoral en la discoteca El Antiguo de Oviedo/Uviéu, escogida como cuartel general de Asturias por la Paz para seguir los resultados y celebrar lo que se esperaba iba a ser una victoria de la opción neutralista.

El único premio de consolación para el pacifismo asturiano sería la victoria en cuatro comunidades: País Vasco, Navarra, Catalunya y Canarias. Fuera de estas cuatro, Madrid, Asturies y Galicia serían las otras tres autonomías en las que el NO obtendría los mejores resultados.

La refundación de Asturias por la Paz

Isabel González y Rodrigo Díaz han conocido el referéndum de la OTAN por los libros de historia y las conversaciones con los mayores. Ahora ambos forman parte de la renacida plataforma Asturies pola Paz, que echó a andar en la primavera de 2025 con las primeras noticias del rearme y el aumento de los gastos en Defensa.

Díaz, que también es militante de Izquierda Unida, organización precisamente surgida tras el referéndum de marzo de 1986, señala que la elección del nombre de Asturies pola Paz no fue una casualidad, sino una apuesta por enlazar con la memoria de la plataforma que en los 80 logró aglutinar a un amplio espectro de organizaciones sociales y políticas. En su opinión, ahora se trata nuevamente de poner en marcha un movimiento unitario capaz de avanzar en la dirección de una sociedad con menos gasto militar y de un Estado que juegue a nivel internacional un papel activo en defensa de la paz y la diplomacia.

Foto: David Aguilar Sánchez

Fundada en abril de 2025, la plataforma ha realizado varias convocatorias contra el gasto militar, el genocidio en Gaza, el ataque a Irán y Venezuela, y el bloqueo a Cuba. En opinión de Díaz la opinión pública española está cambiando ante la escalada de conflictividad global. “La gente empieza a ver la necesidad de salir a la calle”. Mucho más que hace unos meses.

Para Isabel, vicepresidenta del Conseyu de la Mocedá, el reto del nuevo movimiento pacifista es conectar con una juventud que “a veces considera que todo esto le queda muy lejos”. En las últimas movilizaciones contra el genocidio palestino hubo una destacada participación juvenil. Ahora se trata de reconectar con esa parte de la sociedad.

Foto: David Aguilar Sánchez
Foto: David Aguilar Sánchez

El debate sobre la la industria militar

Más de 35 organizaciones sociales y políticas apoyan Asturies pola Paz, donde la unidad no está exenta de diferencias. Por ejemplo con respecto al desarrollo de la industria militar en Asturies, en pleno auge y expansión.

Para Rodrigo el principal vector de la plataforma debe ser la defensa de una política de paz y aislamiento internacional de los EEUU. Prado en cambio recuerda que “si se fabrican armas ye pa algo“. En su opinión Asturies perdió la oportunidad de reconvertir su industria militar a usos civiles, mientras que ahora, con el rearme, estamos viendo lo contrario, la militarización de industrias que anteriormente eran civiles, como el Tallerón de Duro Felguera, en Xixón.

Prado apunta como referencia al País Vasco, donde parte de los trabajadores de su potente industria militar están empezando a cuestionarse lo que están fabricando y a qué países se está exportando: “Los sindicatos asturianos no pueden quedarse atrás en ese debate”.

Más allá de estas diferencias, este jueves, coincidiendo con los 40 años del referéndum, el movimiento volverá gritar unido NO a la OTAN y a las guerras imperialistas. Será a las 19h en la plaza del Parchís de Xixón.

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