Este sábado 14 de marzo a las 20:30, en el patio del Centro Cultura Antiguo Instituto Jovellanos, el dramaturgo Juan Mayorga dará vida al narrador de “La gran cacería”, una de sus obras breves más singulares. Se trata del monólogo de un insomne a bordo de un barco que navega por el Mediterráneo, y es una idea que nació en el Teatro del Barrio de Madrid. Un texto que ha ido cambiando con el tiempo-“estoy en permanente combate con mis textos”, asegura el autor-y que en su versión original contaba con la participación de tres actores. En esta representación que acogerá el Festival POEX (Poesía en Xixón), el propio Mayorga pondrá cuerpo y voz a los pesares y zozobras de un hombre que se pregunta por las causas de su insomnio. Tras la representación, el autor conversará con el público asistente en una charla moderada por Pedro Ignacio Ortega Sanz, director de la ESAD (Escuela Superior de Arte Dramático).
“La gran cacería”, como otras muchas de sus obras, es una celebración de Europa y de su cultura, sin soslayar su lado más oscuro, ¿teme que ese patrimonio y esa memoria europea corra el riesgo de convertirse en una antigualla incapaz de explicarnos el mundo y orientarnos en él?
Es una obra que no ha dejado de evolucionar desde que se publicó en “Teatro para minutos”. Siempre estoy en combate con mis textos, pero tanto más con este, con el que tengo una relación tan íntima y que voy recorriendo con mi memoria y, por tanto, poniendo permanentemente en discusión. Es cierto que se trata de una obra sobre Europa, para empezar porque en ella el narrador sigue los pasos de un gran europeo como es Goethe, sin duda uno de los grandes representantes de la conciencia europea. También es una obra que trata de Europa porque da cuenta de un viaje por ese mar Mediterráneo que ha sido capaz de lo mejor y de lo peor, que es un puente de experiencias, de historias, de grandes hazañas, y al mismo tiempo de enormes injusticias. Y la tercera razón por la que yo diría que es una obra sobre Europa es porque en su centro está la memoria de un mosaico que es, diría Walter Benjamin, un documento de cultura y al mismo tiempo un documento de barbarie. Ese mosaico da cuenta de la captura en Asia y África de fieras que se exhibirían luego los anfiteatros del Imperio romano. Es decir, es por un lado una creación artística extraordinaria, y al mismo tiempo es un documento del colonialismo. Creo que Europa es un proyecto en cuyo centro está la permanente crítica hacia lo que hay y también hacia sí misma. El proyecto europeo, creo, lo lanzan los atenienses, y entre ellos aquel gran Sócrates, que salía a la calle a preguntar: ¿qué es para ti para la justicia?, ¿qué es para ti la belleza?, ¿qué es para ti el bien? La fundación de Europa, me parece, está en esa construcción de un espacio público en el que el cruce de discursos puede hacernos más críticos y más capaces de resistir. Cuando renunciamos a eso, nos entregamos a la docilidad y al autoritarismo, y finalmente a la barbarie.
¿Qué puede esperar Europa de su futuro si se resigna a olvidar sus mitos y sus símbolos?
Yo creo que Europa ha de recordar sus mitos, sus signos y su pasado, y al mismo tiempo ha de ser crítica con todo ello y también atender a lo fallido, a lo que esos mitos, historias y signos, han enmascarado. Para mí el núcleo de Europa está en su capacidad de crítica, que es algo a lo que no ha de renunciar, y la memoria ha de ser también crítica.

Dice que esos mitos y esos símbolos se han utilizado para enmascarar historias menos complacientes. En esta obra, más que admirarse ante el poder de Roma para capturar animals exóticos en continentes remotos y llevarlos a los anfiteatros de la ciudad, le interesa preguntarse quién será ese hombre que aparece en el mosaico recibiendo un latigazo
Te agradezco que hayas visto eso, y me alegro haberlo en alguna medida comunicado. Esta obra nace de un insomnio que yo mismo viví regresando de Sicilia, en un barco en el que había visto animales y mascotas enjauladas, y recordé que esa mañana había visto en la catedral de Monreale los bellísimos mosaicos que cuentan la historia del Arca de Noé. Eso me llevó a preguntarme dónde había visto en este viaje otro barco en el que entraban y salían animales, y recordé que en la villa romana de Castale había un barco así. Ese barco, desde lejos, parecía el Arca de Noé, y sin embargo contaba otra historia: la historia de la captura en África de fieras que luego se exhibían en los anfiteatros del Imperio. Pero algo me llevó a pensar que la imagen más importante de ese mosaico era una en la que se veía a un hombre azotando con un látigo a otro. De algún modo, esa violencia sobre los animales tenía una continuidad en la violencia que un ser humano ejercía sobre otro ser humano al que animalizaba. Y ahí está la traición a Europa. Creo que es fundamental para la conciencia europea la consideración de que todo ser humano merece libertad, dignidad y belleza. Esa extraordinaria obra de arte, que es al mismo tiempo un extraordinario documento histórico, mostraba una situación atroz que, me parece, puede llevarnos a reflexionar sobre nuestro presente. Lo que yo busco en mi teatro es evitar que el presente mire el pasado como un objeto inerte. Por el contrario, he intentado construir una cita peligrosa entre el presente y el pasado. El narrador de esta obra se pregunta por qué no puede dormir, y de algún modo le hace esa pregunta a los espectadores: ¿cuál es la causa de vuestro insomnio? La causa del insomnio de este personaje es la zozobra que le produce la violencia, una violencia de la que no se siente inocente.
Ese personaje se hace una pregunta que yo le devuelvo a usted: ¿puede alguien dormir tranquilo?
Soy partidario de la felicidad, de la alegría, del baile y del gozo. Pero al mismo tiempo creo que vivimos tiempos terribles en los que seres humanos están siendo víctimas de injusticias atroces. Estoy convencido de que cada ser humano es responsable de todos los demás, aunque otra cosa es que uno esté o no a la altura de esa creencia. Pienso que, ahora mismo, cualquier ser humano tiene que asistir escandalizado a la extensión de la violencia que estamos viendo, y hacer lo que pueda para trabajar por la paz. En particular, creo que todos estamos convocados a evitar que los niños sean víctimas de la violencia, y eso está ocurriendo de forma atroz en distintos lugares del mundo. No podemos aceptarlo, no podemos resignarnos a que eso ocurra.
Y ante esa violencia atroz, ¿qué pueden aportar el teatro y la poesía?
Creo que el teatro, modestamente, puede hacernos más ricos en conciencia. Y puede hacernos más ricos en conciencia porque nos puede poner ante preguntas importantes, y puede hacernos más envidiosos de libertad. El teatro puede ayudarnos a resistir. Se dice que el teatro no puede cambiar el mundo, pero yo creo que hay que hacer teatro como si pudiera. Todos temenos la responsabilidad de hacer que el mundo sea más bello, más justo y más compasivo.



























