Auge y frenazo de Ángel Escribano, el CEO de moda

El presidente de Indra renuncia a la fusión con su empresa familiar, una operación que no gustaba en el Gobierno de España.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Ángel Escribano es el CEO de moda. El hombre del que todo el mundo habla, para bien o para mal, en la prensa económica. El origen de su historia se sitúa en Coslada, municipio del otro tiempo cinturón rojo e industrial de Madrid, donde a finales de los años ochenta los hermanos Escribano, Ángel y Javier, comenzaron a fabricar piezas para CASA y otros fabricantes del sector militar y aeronáutico desde un modesto taller familiar.

El negocio había sido fundado en 1989 por su padre, Ángel, tras perder su puesto de empleo en la empresa en la que hasta entonces trabajaba como tornero. El capital inicial para poner en marcha la empresa procedió de su indemnización laboral y de la venta de la mercería de su esposa Constancia, a la que había afectado la llegada de las grandes superficies comerciales.

Durante años su actividad se movió en los márgenes de la gran industria, como proveedores de piezas. Sin embargo, los hijos de Ángel y Constancia, ambos titulados en Formación Profesional, demostraron ser personas con olfato para los negocios y el suficiente arrojo como para lanzarse a la piscina cuando intuyen que hay agua suficiente. Lo que había nacido como un modesto taller fue progresivamente contratando ingenieros para desarrollar productos propios, diversificando así el negocio y añadiéndole más valor.

El salto adelante

El gran despegue de la empresa de los Escribano, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), coincide con un cambio de ciclo marcado por la invasión de Ucrania en 2022. España, como el resto de Europa, comienza a aumentar su inversión en defensa, y en ese marco aspira a contar con su propia gran empresa nacional de armamento. El equivalente a lo que Rheinmetall es en Alemania o Leonardo en Italia.

La histórica industria militar española, Santa Bárbara, fue privatizada en los años 90 por el Gobierno de José María Aznar, dejando un gran vacío que ha llegado hasta nuestros días. En ese contexto, los Escribano encuentran un espacio de expansión difícilmente replicable en otros sectores. El Gobierno de España busca proveedores nacionales fuertes y está dispuesto a sostenerlos con grandes contratos públicos.

Ángel y Javier Escribano con el busto de sus padres.

Tras varias décadas trabajando para la industria militar, el salto definitivo de los Escribano al estrellato se produjo en 2023, cuando los dos hermanos entraron en el capital de Indra, la principal empresa tecnológica vinculada a la defensa en España. En poco tiempo, su participación creció hasta convertirse en los accionistas de referencia, solo por detrás del Estado a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales.

Su desembarco coincidió con un momento en que el sector prometía crecimiento sostenido y un papel central en la política industrial europea. El nombramiento de Ángel Escribano como presidente en 2025 de Indra consolidó esa transformación. Desde la presidencia de la compañía Escribano se lanza a una competición a tumba abierta con la norteamericana General Dynamics, propietaria de Santa Bárbara, por el liderazgo de la industria militar española. La pugna es feroz, y en este momento se encuentra judicializada, ya que la multinacional norteamericana ha denunciado varios contratos públicos de Indra y Escribano con el Ministerio de Defensa por un supuesto trato de favor.

Conflictos de intereses

Desde la presidencia de la compañía el CEO Escribano pone sobre la mesa la posibilidad de comprar su empresa familiar, presidida por su hermano, una operación que, sobre el papel, encajaría en la estrategia de creación de un gran grupo nacional en defensa en el que Indra aportaría la tecnología y EM&E la capacidad de fabricación. Sin embargo, la acumulación de tanto poder en los hermanos no gusta al Gobierno de Pedro Sánchez, que a través de la SEPI traslada a Indra la necesidad de resolver ese posible conflicto de interés antes de avanzar en la operación. La oferta que lanza el Gobierno es fusión sí, pero con otro presidente. Escribano debe escoger liderar una u otra empresa. Las dos al mismo tiempo resulta imposible.

El mensaje introduce una tensión que no es nueva, pero sí más visible que en ocasiones anteriores. El Estado, que impulsó la concentración empresarial en el sector, se ve ahora obligado a fijar límites para evitar que esa concentración derive en una confusión de intereses difícil de justificar.

Tras un ascenso meteórico en los últimos tres años, Ángel Escribano ha anunciado este jueves su renuncia a fusionar ambas empresas, una ambiciosa maniobra que habría reforzado su control en la principal empresa armamentística española, pero a costa de la pérdida de influencia del Estado en ella. Ante la presión del Gobierno de España y la caída en bolsa de Indra, Escribano ha renunciado a la operación, que contaba con el apoyo del fondo estadounidense Third Point LLC, para así salvar lo que considera más importante: su presidencia en la tecnológica. Se ha pasado de listo, comentan sus críticos. Puede ser tan solo un frenazo en su fulgurante carrera, o el inicio de un cambio de tendencia. El tiempo lo dirá.

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