Democracia o libertad. Democracia o riqueza. La gran partida.

La gran partida en España en las generales será la posición de España en la gran partida general.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

A Takaichi, primera ministra de Japón, se le abrieron los ojos y se le congeló el gesto cuando Trump bromeó con el ataque de Pearl Harbor. Imagínense hacerle chistes de judíos y cámaras de gas a Merz o Netanyahu. La ultraderecha nos necesita como Takaichi: perplejos, y paralizados. La zafiedad y el mal gusto llevados al límite escandalizan y entumecen. Y distraen. Necesitan esa macarrería porque las formas suelen condensar valores. La sociedad autoritaria pretendida por la ultraderecha, es decir, por sus amos, requiere maldad. El decoro molesta porque es una coagulación de principios y es más fácil desestructurar la sociedad si el odio al vecino es la norma. Es el tipo de cosas que no funcionan predicando, sino haciendo. La forma de extender el odio es ser odioso e infame. Trump bravuconea con repetir bombardeos a una isla iraní por diversión, gallea como un palurdo con la pasta que gana con la guerra y el crudo y se burla de los cubanos con grosería. Su oficio político pasa por ser un patán despreciable y dar asco. En España empieza a costar respirar.

Se juegan muchas cosas en este ciclo de elecciones autonómicas que le regaló Feijoo a Vox. Pero la gran partida se jugará en las generales, porque las generales de España serán un episodio de la gran partida que se está jugando. La foto de Trump con Takaichi es una de las fotos de la partida. EEUU rompió el orden internacional por lo que dijo Stephen Miller: porque todo lo que puedes hacer por la fuerza tienes derecho a hacerlo. Si alguien cree que el orden internacional no va con nosotros, que mire en el mapa dónde están Ceuta, Melilla y Canarias y que en Cataluña sume dos y dos. EEUU rompe el orden internacional e Israel quiere cambiar el mapa de Oriente Medio aplastando, así que, con el poder que tiene en EEUU y con la brutalidad de Trump que rima en consonante con la de Netanyahu, arrastra a EEUU a la guerra que todas las administraciones habían evitado. Cuesta ahora creer que el dibujante Chappatte se tuviera que ir del New York Times en 2019 por dibujar a Netanyahu como un perro guiando al ciego Trump. Es evidente que el exterminio de los gazatíes no colma los propósitos israelitas. Así que nos deja sin petróleo y sin gas, y con una mecha encendida en un polvorín. EEUU no tiene objetivos en este enredo y las monarquías del Golfo, aliadas suyas y dóciles con la avaricia insaciable de Trump y su familia de chupones, tienen ahora sobre sus cabezas bombas y drones y sus aeropuertos cerrados.

Trump y Netanyahu

El orden internacional era el que había marcado EEUU, con el dólar en el centro del llamado “privilegio exorbitante”. EEUU mueve mucho más dinero del que tiene, se endeuda como nadie puede hacerlo. Emite deuda que compran inversores americanos, pero sobre todo extranjeros. Como muchos quieren esos bonos, el precio que paga EEUU por la deuda es bajo. Los países que ganan más de lo que gastan sueltan sus ahorros en la deuda americana. EEUU siempre está funcionando con mucho más dinero del que tiene. Trump llegó llamando gorrones amenazando a sus socios y ahora los llama cobardes por no obedecer como él a Netanyahu. Kylia Scanion explica que, si vives de endeudarte con todo el mundo, dependes en parte de todo el mundo. Si EEUU deja de ser un país fiable, si tiene inflación, se hace demasiado aventurero, no respeta acuerdos ni normas y si juega a ser autosuficiente, los inversores buscan otro refugio y el resto del mundo se organiza sin EEUU. Por eso avanzan tratos de Canadá con China, de Europa con India y los BRICS buscan sustituir el dólar. Trump ya amenazó a quien pretenda usar la deuda como instrumento de presión, porque entiende esa dependencia. Son más de nueve mil trescientos millones de dólares de deuda los que están en manos extranjeras. China ya soltó mucha deuda americana. EEUU no puede funcionar si todos se deshacen de su deuda, porque se encarecerían muchos sus bonos y le sería muy caro endeudarse, a un país que vive de endeudarse. La inflación e insultar a aquellos de los que dependes están provocando fugas. Por eso es interesante la foto de Trump con Takaichi. Resulta que Japón es el primer poseedor mundial de deuda americana. Y a Trump le parece buena idea insultarla a la cara.

Desde que tarados como Milei o Ayuso con el santo bebedor hacen bandera de la libertad, a todos nos pide el cuerpo pedir explicaciones de qué es esa libertad de la que hablan

La gran partida es triple. Por un lado, está el realineamiento que debe hacer Europa en el mundo y los países europeos dentro de Europa. La autonomía de Europa consistirá en aflojar lazos con EEUU y estrecharlos con los BRICS. Un grupo pequeño de países de la UE tendrá vínculos más estrechos, hasta tener aires de país confederal. O se está en esa Europa más trabada o se va hacia un protectorado maquillado por un nacionalismo paleto.

En segundo lugar, la gran partida es política. Hay que agradecer al fanático Thiel su claridad. O democracia o libertad, dice, la democracia es enemiga de la libertad. Desde que tarados como Milei o Ayuso con el santo bebedor hacen bandera de la libertad, a todos nos pide el cuerpo pedir explicaciones de qué es esa libertad de la que hablan. Es mala táctica, porque el que hace semántica pierde, pero es un impulso normal. El español más libre de los últimos cien años fue Franco y con él hubo una minoría muy libre. Esa libertad supuso para los demás una dictadura. El estado, es decir, la civilización, es el grillete de la libertad, dicen ellos. De su libertad, no de la de la mayoría. La libertad de Thiel es la del “individuo excepcional” frente al estado. Es decir, la de Franco. Los tecnofeudales de Silicon Valley son niñatos simplones que ven el mundo como un videojuego, porque no llegan a más, y se sienten futuristas y visionarios cuando dicen ranciedades reaccionarias más vistas que el tebeo. Pero ciertamente las oligarquías arremeten contra la democracia y parte de la gran partida es esa: libertad para todos o libertad para el señor feudal (masculino, estos niñatos también sienten como una novedad visionaria la exclusión de todo tipo).

Y, en tercer lugar, la gran partida es económica y social. Es obvio que ese cántico a la libre competencia solo era para los pequeños negocios. Una empresa grande siempre da codazos y hace apaños mafiosos para que no haya competencia. Solo compite el pringado que no tiene más remedio. De nuevo, hay que agradecer a Thiel que lo diga con claridad. Una sociedad es más “eficiente” con monopolios, la competencia daña los beneficios (sic). Y por supuesto, y en eso está ahora la UE capitaneada por Alemania, se requiere desregulación. Un artículo de Karen Gilchrist en CNBC recoge en batería las declaraciones de los directores ejecutivos europeos de las principales empresas. El escrito repite hasta el cansancio la palabra “innovación” opuesta a “regulación”. La regulación es una maraña que entorpece la innovación. El artículo no dice que esa maldita regulación incluye, sí, disfunciones burocráticas, pero también, vaya por Dios, derechos de los trabajadores, los impuestos de la vida civilizada y restricciones a la depredación medioambiental. Es democracia o libertad y riqueza; la libertad de los oligarcas y la riqueza de los oligarcas.

La gran partida no es presente o futuro, sino presente o volver al pasado. La gran partida en España en las generales será la posición de España en la gran partida general. Y necesitamos a la izquierda, dondequiera que esté, que no entienda el problema de la división. Es un problema aritmético, claro, la dispersión del voto restará diputados. Pero no es eso. La división dispara el mecanismo de la autoafirmación, del esencialismo progre que se define siempre con respecto a otros progresistas demasiado blandos o demasiado rígidos o no lo bastante auténticos. Lo que no parecen entender es que eso es hablar de lo que a nadie le importa. Vox monta un discurso como si hablara de los problemas de la gente, la izquierda desunida ni siquiera lo finge ni lo intenta. No entienden algo básico. Cuando dicen la pupa, la traición o la maldad que les hizo tal o cual mal izquierdista, solo me apetece decirle “jódete, y ponte a trabajar, esto es política y estamos en la gran partida”.

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