La semana pasada, el SESPA, a través de los medios de comunicación y de su página web, ha hecho públicos los últimos resultados de las listas de espera, correspondientes al mes de febrero del presente año.
A la vista de los datos, el SESPA hace una valoración muy positiva y optimista de cómo evolucionan las listas de espera. Así, se dice que “pese a la huelga médica…, el número de pacientes que guardan más de 180 días muestra una clara tendencia al descenso”, “todos los hospitales han mejorado sus registros”…
Sin embargo, la realidad es otra, bien distinta. Y no solo por la huelga médica, que a pesar de su limitado seguimiento no cabe duda de que está haciendo daño a la sanidad pública. Con respecto a la huelga, no deja de ser llamativo que en el balance del conflicto que hace el SIMPA, se exhiba como un trofeo el número de cirugías o consultas canceladas. Es decir, los médicos convocantes identifican el éxito de la huelga con el perjuicio que están produciendo a los pacientes.
Las listas de espera que tenemos, absolutamente desproporcionadas, no son de ahora, sino que se vienen arrastrando desde hace muchos años por una organización sanitaria muy deficiente
En realidad, huelga aparte, las listas de espera que tenemos, absolutamente desproporcionadas, no son de ahora, sino que se vienen arrastrando desde hace muchos años por una organización sanitaria muy deficiente y, sobre todo, muy mal gestionada.
Para valorar los datos que nos ofrece el SESPA (febrero de 2026), podemos establecer una comparación con el mes de febrero de 2019, el año previo a la pandemia del Covid. En aquel entonces, las listas de espera ya eran excesivas, pero aun así pueden servirnos como referencia para hacer una radiografía de como a evolucionan las demoras en la sanidad asturiana.

En cirugía, por ejemplo, se congratula el SESPA de que “la lista de espera actual es la más baja de últimos 4 años, pese a la huelga médica”. Pero lo que no se dice, es que hay 4.163 pacientes más que en las listas de espera quirúrgica de la prepandemia. En febrero de 2019 había 18.838 y ahora 22.701 pacientes.
Y lo mismo ocurre con las demoras de las consultas hospitalarias, en donde hemos pasado de 59.464 pacientes (febrero de 2019) a los actuales 122.527. Esto es, hay más de 63.000 pacientes en espera, un incremento del 105%. Hay que tener en cuenta, además, que estas demoras de las “primeras consultas” son muy importantes y pueden ser vitales, porque hay muchos pacientes que todavía no tienen diagnóstico.
La excepción son las pruebas y las técnicas, en las que se ofrecen datos positivos que son bastante similares a los que teníamos antes de la pandemia. Cabe, sin embargo, tener dudas sobre la fiabilidad de estas cifras porque sabemos, por ejemplo, que se están dando citas con año de retraso para hacer un TAC, mientras que en las estadísticas del SESPA, consta que la demora media para un TAC es de 46 días. Milagros de la estadística o, más bien, razonables dudas sobre la credibilidad de la información proporcionada por el SESPA.
Sabemos que las listas de espera son determinantes en la desafección de la sanidad pública y la huida a la medicina privada. El SESPA debe abandonar su injustificado triunfalismo y ser responsable y autocrítico con el funcionamiento de la organización sanitaria, de la misma forma que los médicos deben de encauzar sus reivindicaciones laborales (algunas de ellas seguramente justificadas) con fórmulas menos lesivas para los pacientes. Entre todos, (pacientes incluidos) tenemos que abordar los problemas en el acceso a la atención sanitaria. De ello depende el futuro de la sanidad pública.



























