Celia Viada recupera a la mujer a la que Gabo dedicó “Cien años de soledad”

La cineasta asturiana presenta "Volver a casa tan tarde", un documental que rescata la figura de la escritora del exilio María Luisa Elío.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Hay nombres que sobreviven en los márgenes de la historia cultural, como si hubieran sido escritos a lápiz. María Luisa Elío (Pamplona 1926-Ciudad de México, 2009) es uno de ellos. Protagonista de Volver a casa tan tarde, el nuevo documental de la cineasta Celia Viada Caso, la película se exhibirá este mes dentro del programa de la Cinemateca Ambulante de Laboral Cinemateca: el jueves 9 en Llanes, el martes 14 en Siero y el miércoles 15 en Llugones.

Durante décadas, el nombre de Elío apenas circuló fuera de círculos especializados. Sin embargo, su vida aparece en un lugar inesperado: la dedicatoria de una de las novelas más leídas del siglo XX. Gabriel García Márquez escribió al inicio de Cien años de soledad: “A Jomí García Ascot y María Luisa Elío”. Detrás de esa línea hay una historia de exilio, cine y memoria que el nuevo largometraje de Viada intenta reconstruir.

La película parte de un momento concreto. En 1970, tras más de tres décadas viviendo en México, a donde se había exiliado como consecuencia de la Guerra Civil, María Luisa Elío regresó a España. Volvía a un país que había imaginado durante años, pero que ya no existía exactamente como lo recordaba.

“La película gira en torno a ese regreso, pero también a un regreso imaginario”, explica Celia Viada Caso. “Es algo muy habitual de las personas que se tienen que ir al exilio: vivir constantemente con esa idea de volver a casa, aunque muchas veces ese regreso sea imposible”.

Un regreso que nunca termina

Ese regreso imposible —a una casa que ya no existe del todo— es el eje emocional de Volver a casa tan tarde. El documental reconstruye la vida de la actriz, escritora y guionista navarra a partir de diez fragmentos, pequeñas historias que se acercan a una biografía marcada por el desarraigo. La estructura no es casual: responde tanto a la forma de escribir de la propia Elío como al modo en que la directora se acercó a su archivo.

María Luisa Elío. Fotograma del largometraje Volver a casa tan tarde.

“Cualquier vida está llena de cosas, de otras vidas dentro de una misma vida”, explica Viada. “Yo empecé a estructurar la película por temáticas y al final la propia película refleja mi proceso de investigación”.

La cineasta llegó a María Luisa Elío casi por azar. Investigando sobre escritoras que habían logrado publicar durante el franquismo, descubrió que muchas de ellas lo habían hecho desde el exilio. Entre esos nombres apareció el de Elío. Y entonces surgió una conexión inesperada: aquel nombre ya estaba en su biblioteca, en la dedicatoria de Cien años de soledad.

“La directora pudo acceder además al archivo personal de Elío gracias a su familia. Un archivo vasto y desordenado que, paradójicamente, parecía esperar una mirada futura.”

Pero la vida de Elío no se limita a ese vínculo literario. Figura de la vida cultural mexicana de mediados del siglo XX, participó junto a su marido, el cineasta Jomí García Ascot, en la creación de En el balcón vacío (1961), una de las películas más singulares sobre el exilio republicano. “Es una película única”, dice Viada. “Ya solo lo que es esa película me parece un objeto increíble”.

La presencia de ese film es central en Volver a casa tan tarde. En él, Elío escribió y protagonizó una historia profundamente autobiográfica, la de una niña que recuerda la irrupción de la guerra y la pérdida del hogar. Para Viada, esa película contiene la herida que atraviesa toda su vida.

La directora pudo acceder además al archivo personal de Elío gracias a su familia. Un archivo vasto y desordenado que, paradójicamente, parecía esperar una mirada futura. “Ella dejó muchísimo archivo sin ordenar, muy caótico”, cuenta Viada. “Pero lo dejó. Y creo que en ese gesto hay una voluntad de que alguien en algún momento mire en él”.

Fotograma de Volver a casa tan tarde, largometraje de Celia Viada Caso.

Mirar en los archivos del pasado

Ese gesto define también el trabajo de la cineasta. Nacida en Madrid en 1991 y formada entre Londres y Barcelona, Viada ha vivido los últimos años en Asturias, la tierra de sus orígenes familiares. La creadora se mueve en un territorio híbrido entre el cine documental, el ensayo y el trabajo con materiales de archivo. Sus películas suelen explorar la memoria, la construcción de las imágenes y la recuperación de historias que han quedado fuera del relato oficial. “Siempre que rescatamos archivos olvidados y los volvemos a mirar desde el presente”, señala, “nos aportan muchas cosas del pasado, pero también del presente”.

Su primer largometraje, La calle del agua, sobre otra mujer olvida, la fotógrafa republicana asturiana Benjamina Miyar, obtuvo el premio FIPRESCI en el Festival Internacional de Cine de Xixón. Cinco años después, Volver a casa tan tarde regresó al mismo festival para llevarse el premio RTPA al mejor largometraje asturiano.

“Cuando finalmente volvió, en 1970, el lugar al que regresaba ya no era el mismo”

Ahora la película inicia otra vida en las salas itinerantes de la Cinemateca Ambulante, el programa de Laboral Cinemateca que lleva cine europeo y español a distintos concejos asturianos. En Llanes, donde se proyectará este jueves con entrada libre hasta completar aforo, el film llega después de un recorrido por festivales que incluye su estreno en Punto de Vista y varios reconocimientos en el circuito del cine independiente.

Pero más allá de su recorrido, Volver a casa tan tarde funciona sobre todo como un gesto de rescate. No tanto para reconstruir una biografía cerrada como para devolver presencia a una voz que quedó desplazada por la historia, porque María Luisa Elío pasó buena parte de su vida imaginando un regreso. Un regreso a una casa, a una ciudad, a un país que había quedado congelado en la memoria de una niña que salió de España en 1936.

Cuando finalmente volvió, en 1970, el lugar al que regresaba ya no era el mismo. Décadas después, otra cineasta abre esas cajas, esas imágenes, esas palabras dispersas en el archivo. Y durante setenta minutos la historia de aquella mujer vuelve a ocupar una habitación que parecía perdida, la de la memoria compartida. Tal vez esa sea, al final, la forma más cercana de volver a casa.

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