Formado en Asturies y sobre todo en Francia, el bailarín, coreógrafo, pedagogo y gestor cultural Manuel Badás (Xixón, 1985) tiene a sus espaldas espectáculos como “Folias”, ganador de los Premios Oh! de 2011, “Sebastián”, elegido por El País como uno de los mejores montajes de danza de 2012, o más recientemente “Muchos Cisnes” y “Eurídice sin Orfeo”.
Su carrera se ha movido entre los márgenes de la cultura institucional y en la militancia en el underground. La pasada década fue uno de los animadores del local autogestionado Paraíso, en el Oviedo Antiguo, así como del “Muyeres Fest”, también en la capital asturiana. Siempre pendiente del diálogo con otras disciplinas artísticas, es fundador de la editorial independiente Disbauxa. Aunque en la actualidad vive entre Bruselas y Barcelona, sigue ligado a Asturies, donde ha formado parte este año del equipo del Festival de Cine LGTBI del Niemeyer como programador de sus actividades paralelas
¿Cuáles van a ser los espacios de encuentro de la generación Z LGTBIQ?
Creo que los espacios de encuentro empiezan siendo Instagram o las redes sociales, o algún otro formato virtual, y de ahí van pasando a espacios físicos, ya no tanto en los bares, como antes, cuando nos veíamos en los bares y montábamos las cosas en los bares, como en otro tipo de lugares, un cineclub, un taller de escritura, una asociación… Lo que he visto en los últimos años en Asturias es que están apareciendo colectivos que a lo mejor están centrados en otra cosa en concreto, pero donde lo queer o lo LGTBIQ es importante.
¿Cuál es la importancia de los festivales LGTBI para la escena cultural?
Hay una parte muy importante en este tipo de festivales, que es la de poder descentralizar la cultura, descentralizar el activismo y descentralizar el pensamiento. Que no todo tenga que ocurrir en Madrid o en Barcelona, que parece que es algo de antes, pero que en realidad muchas veces sigue ocurriendo. Hay que seguir trabajando con la cultura fuera de los grandes centros, para que podamos disfrutar de estas películas, estas artistas y todo esto sin tener que desplazarnos cientos de kilómetros. Y luego, por otro lado, todavía queda mucho camino por recorrer en el activismo LGTBIQ, sobre todo en la visibilización tanto del pensamiento como de la creación asociada a ello, hecha por artistas y colectivos, sin tener que hablar tanto de la identidad a lo mejor. A lo mejor toca empezar a trascender eso también.
¿Le ha puesto Asturias las cosas fáciles como creador?
Bueno, esta pregunta… (Risas). Mira, pues sí, hay cosas que me las ha puesto fáciles. Han pasado cosas muy bonitas, muy interesantes, y he aprendido mucho. Pero también me lo ha puesto difícil en otros aspectos, porque yo siempre digo que para mí Asturias tiene una particularidad que va muy unida a lo político y al clima político de Asturias. En la cultura asturiana nacen cosas muy bonitas y muy interesantes, pero que se acaban muriendo por culpa de malas decisiones políticas. Espero que no sea el caso este festival, pero en muchos otros proyectos y otro tipo de cosas ocurre esto.
“Mientras en otros lugares se mantuvieron las obras sociales y culturales de las antiguas cajas de ahorros, en Asturias hubo un exterminio total de una obra que además había sido muy puntera”
¿A qué tipo de decisiones se refiere?
Uno de los casos más bestias es Gijón. Cuando empecé a bailar en Gijón tenía mucha programación de danza contemporánea y mucho público. Todas estas programaciones desaparecieron y ahora, cuando las intentas reivindicar, te dicen que no hay público, pero público había. Pienso en el Teatro de La Laboral de la época de Mateo Feijoo y lo que vino después. Gijón es una ciudad que se ha transformado y que está ahora casi solamente orientada a la comida. Desde que cambió el gobierno en Gijón no ha hecho más que promocionar eventos culinarios, turismo y cosas por el estilo, y se han ido cargando muchas programaciones culturales. Solo se mantiene Danza Gijón afortunadamente. Hubo también una cosa dramática que fue la privatización de la Caja de Ahorros. Mientras en otros lugares se mantuvieron las obras sociales y culturales de las antiguas cajas de ahorros, en Asturias hubo un exterminio total de una obra social que además había sido muy puntera. La programación de escénicas traía todo lo que estaba en primera línea en ese momento en España, incluso programación de fuera de España, y contaba siempre con la creación local. Que grandes festivales como el de Danza de Oviedo no programen o apenas programen espectáculos asturianos es una cosa sorprendente.

Sin embargo, ahora mismo hay fenómenos muy interesantes como el de Rodrigo Cuevas, con una enorme proyección nacional e internacional, pero que tiene su sede aquí y que apuesta además por Asturies como campamento base para su trabajo.
Sí, eso está claro. Ningún artista pretende vivir solo del lugar donde vive, porque también es imposible. Uno quiere moverse y poder actuar, exponer o tocar en muchos sitios y tener todo ese intercambio. Lo que pasa es que cuando no es posible la supervivencia del día a día en el lugar donde estás viviendo, o cuando ese lugar no te hace un poco de expositor para poder ir hacia afuera, es complicado. Eso que dices está muy bien: si trabajas fuera y triunfas fuera, luego puedes venir aquí o seguir aquí y poder impulsar también desde tu lugar. Pero claro, no es tan fácil.
¿Cómo convencería a quienes hablan de “chiringuitos” y “paguitas” de la importancia que tiene que una comunidad apueste por sus creadores?
Pues trataría de convencerles de la importancia de la cultura como espacio de pensamiento y de reflexión, pero también de encuentro. A veces hay una confusión con la cultura, que se sitúa solo en el plano del ocio, que está muy bien, pero la cultura también nos debe servir para pensar y reflexionar sobre la vida contemporánea que estamos viviendo. La cultura como evasión está bien, y puede ser muy sana, pero también debe haber otras expresiones culturales que busquen otras cosas. Una pluralidad de voces.
¿Necesitamos un Centro Dramático Asturiano, como por ejemplo tiene Galicia?
Pues esto es algo que se lleva pidiendo muchos años. Tanto desde la parte de danza —poder tener un centro coreográfico asturiano como el de Galicia— como desde el teatro, con un centro dramático. Sería importante. Igual que hay orquesta del Principado u otro tipo de agrupaciones o proyectos públicos, ¿por qué no hay un centro de creación de danza, teatro y artes escénicas en general?
¿En qué consiste el proyecto de Disbauxa?
Es una editorial que fundamos Marta Vega y yo en Barcelona. Ahora en Sant Jordi cumpliremos tres años y llevamos ya más de una docena de títulos doce títulos. Nos centramos en la oralidad y el plurilingüismo, en todas las formas de hablar del Estado español, sean oficiales o no, siempre con perspectiva feminista y LGTBIQ. Dentro de esto hay colección de poesía, colección de narrativa y colección de escénicas, y llegará pronto la colección de ensayo. Sabemos que es un proyecto arriesgado, pero es nuestra apuesta.






























