“Llevan siete años sin mirar para la tele y ahora, a un año de las elecciones, se acuerdan de que existe”. Quien habla es un buen conocedor del ente público, donde siguen las quinielas sobre su futura dirección. El nombre que más suena desde las últimas semanas es el de la gijonesa Azahara Cañedo, profesora de comunicación en la Universidad de Castilla La Mancha, un perfil excesivamente académico para quienes creen que el nuevo director o directora debería se alguien “de la casa”, con experiencia laboral en el medio televisivo.
Los asturianistas recelan de un perfil “foriato”, sin conocimiento ni compromiso con la cultura asturiana, y en la redacción temen a “un nómada digital con ideas de bombero”, un perfil que no coincidiría con el de Cañedo, que además de asturiana es autora de una tesis doctoral sobre la RTPA, pero sí con el de otros nombres barajados, como el de Daniel Forcada, ex directivo de TeleMadrid, con una larga trayectoria en el sector audiovisual privado, y persona muy cercana al actual presidente de RTVE, José Pablo López Sánchez.
RTPA se encuentra “estancada” coinciden todas las fuentes consultadas. También lo dicen las audiencias, que han retrocedido ligeramente con respecto a la década pasada. “Los últimos años han sido un dejarse llevar. Los programas que funcionan son casi los mismos que hace diez años”.
Un ejemplo de este “dejarse llevar” ha sido la lentitud del ente público para poner en marcha algo tan básico, y durante tanto tiempo demandado, como un programa de debate. No ha sido hasta el año pasado en que se ha estrenado por fin “La otra arista”, un espacio de debate conducido por Nacho Montserrat y Patricia Martínez.
Siete años de provisionalidad
Francisco G. Orejas sucedió de manera provisional en 2019 a Antonio Virgili, el que fuera director de RTPA durante ocho años. Iba a ser un hombre de transición y terminó quedándose casi una década, hasta su jubilación. Esta situación es para muchos el mejor ejemplo de lo poco que ha interesado la radiotelevisión pública a los gobiernos asturianos. “Lo peor que se puede hacer a un año de las elecciones es convertir la sucesión en un tema político. Yo le recomendaría al gobierno que saque este tema del foco, evite un pollo en el parlamento y lo resuelva discretamente en el consejo de administración” señala alguien que considera que uno de los principales valores de la televisión pública es el consenso político sobre la calidad de sus informativos.
La evolución de las audiencias en este primer tramo de 2026 confirma una tendencia: la TPA es, ante todo, una televisión de noticias. Sus informativos de mediodía actúan como el gran pulmón de la cadena, alcanzando cuotas de hasta el 14%, muy por encima del 4,5% de media diaria con el que cerró 2024. Este fenómeno no es casual. En un ecosistema saturado de ofertas globales, el espectador asturiano sigue acudiendo a la televisión lineal para saber qué ocurre en su concejo. Conexión Asturias y El Picu son los otros espacios más vistos.


Más allá del debate sobre la nueva dirección, y sobre la necesidad de “ideas frescas”, todo el mundo coincide en que el principal problema de la RTPA es económico. “Es casi milagroso lograr estar audiencias con los recursos que tenemos”. Con un presupuesto de poco más de 30 millones de euros, la RTPA cuenta con una de las asignaciones más bajas de España. Su prespuesto de hecho no variado apenas desde 2011, cuando sufrió un fuerte ajuste como consecuencia de la crisis económica. Un ajuste del que, como otros servicios públicos, no se ha recuperado.
Más allá del debate sobre la nueva dirección, todo el mundo coincide en que el principal problema de la RTPA es económico
Frente a los trasatlánticos del sector como TV3 (con un presupuesto que en 2026 superará los 390 millones de euros) o Canal Sur (180 millones), la TPA opera con una fracción mínima. Sin embargo, su coste por habitante —unos 31,5 euros anuales— la sitúa entre las más eficientes del grupo FORTA, compitiendo en cuota de pantalla con entes mucho más musculados financieramente, como Telemadrid.
Fuera de las grandes cadenas Aragón TV se ha consolidado como la televisión autonómica capaz de mirar de tú a tú a TV3, CanalSur o ETB. Aragón tiene poco más de un millón de habitantes y su cadena pública logra estar todos los meses entre las tres televisiones autonómicas más vistas. Su presupuesto, unos 55 millones, casi dobla el de la RTPA, y eso explica mucho. “Una televisión autonómica necesita presupuesto para retransmitir en directo todos los momentos importantes de la región, y eso cuesta dinero” explica alguien que pone a Aragón TV y a la TVG como referentes para la televisión asturiana.

La producción de series, documentales e incluso largometrajes es otra de las carencias de TPA, sobre todo si la comparamos con Aragón TV, clave en la financiación del nuevo cine aragonés, que está teniendo grandes éxitos como “Las Niñas” o “La Estrella Azul”, ambas ganadoras de Premios Goya. “Con este presupuesto apenas se pueden producir contenidos propios, y lo que se hace es abusar de la redifusión”.
Por último, la RTPA afronta otros dos importantes conflictos laborales. Por un lado la cuestión de las categorías profesionales dentro del personal del ente público. La subida de categoría de muchos de sus profesionales, que ahora mismo trabajan por debajo de ella, está pendiente de implementación y supondrá más presupuesto destinado a salarios. Por otro están las demandas laborales de los corresponsales de informativos, que trabajan para RTPA a través una subcontrata, Videoreport. Critican el modelo de externalización de los informativos, la brecha salarial con quienes son empleados de RTPA, y demandan su integración en la plantilla. Cuestiones ambas que nos llevan al mismo punto, 31 millones de euros se han quedado muy escasos para una televisión pública que aspire a ofrecer un servicio público de calidad y con empleo de calidad.



























