“La conversación antirracista en España llega tarde y va despacio”

El periodista y activista Moha Gerehou participa en el Karité Fest de Oviedo con una reflexión sobre racismo, redes sociales y representación audiovisual en España.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Moha Gerehou (Huesca, 1992) llegó este viernes a Oviedo con una propuesta poco habitual. Invitado al Karité Fest, el festival antirracista impulsado por la Dirección General de Agenda 2030 y el Conseyu de la Mocedá d’Uviéu, el periodista y activista presentó una especie de archivo comentado del racismo audiovisual español: vídeos virales, fragmentos televisivos y escenas reconocibles de los últimos años atravesadas por prejuicios, estereotipos y discursos de odio. “Una charla antirracista desde un lugar más entretenido”, resumía él mismo antes de participar en el festival.

Ex presidente de SOS Racismo Madrid y autor de Qué hace un negro como tú en un sitio como este, Gerehou lleva años reflexionando sobre cómo se construye la mirada social hacia las personas racializadas en España, tanto desde los medios de comunicación como desde internet o la cultura popular. En conversación con NORTES, analiza el papel de las redes sociales, la normalización de determinados discursos y las dificultades que todavía existen en España para abordar el racismo cotidiano.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Su charla propone una lectura crítica de los contenidos audiovisuales en España. ¿Qué influye más hoy en cómo miramos al otro: un informativo, una serie o TikTok?

Bueno, si tengo que hacer una escala, te diría que ahora mismo las redes sociales juegan un papel fundamental, y no solo por sí mismas, sino porque muchos medios de comunicación al final dependen mucho de las redes sociales para llevar tráfico a sus páginas web y a sus perfiles. Eso acaba provocando que todo el mundo se enfoque en ellas. Yo ahora mismo diría que uno de los mayores retos a la hora de atajar el discurso racista que tenemos en la sociedad, sin lugar a dudas, es lo que hay en las redes sociales y la falta de control sobre todo lo que se publica.

¿Cree que los algoritmos simplemente reflejan prejuicios sociales o los amplifican activamente?

Han aparecido en los últimos años diferentes estudios sobre cómo distintas plataformas de redes sociales, y yo creo que el mayor ejemplo es X desde que lo compró Elon Musk, han ido promoviendo y favoreciendo una serie de discursos alineados con la ideología de Elon Musk. Entonces el tablero de juego ya está marcado de alguna manera. Y luego las redes sociales favorecen la interacción, da igual cómo sea esa interacción, si es a través de comentarios racistas o no. Ocurre mucho que tiene siempre más recorrido un post que diga “hay que expulsar a ocho millones de inmigrantes” que otro que diga “vamos a trabajar por la regularización”. ¿Por qué? Porque el primero genera indignación, genera clics y las redes lo favorecen. El algoritmo va impulsando ese tipo de discursos que apelan a la emoción o al odio. Muchas veces acabas comentando para criticarlo, pero ese comentario lo que hace es alimentar el algoritmo y conseguir que más gente vea ese contenido.

“En los últimos años el discurso racista se ha ido normalizando y legitimando cada vez más, también desde medios de comunicación y partidos políticos.”

A veces parece que en España cuesta más hablar del racismo cotidiano que del racismo más extremo o evidente. ¿Lo ve así?

Sí. En España la conversación antirracista llega tarde y va despacio. Todavía no es una conversación que esté al nivel de otros países europeos como Francia, Reino Unido o incluso Países Bajos, donde las comunidades procedentes de antiguas colonias llevan más generaciones asentadas. Aquí todavía estamos preguntándonos si existe racismo en España y esa ya no debería ser la cuestión. La pregunta tendría que ser qué vamos a hacer para acabar con ello. Y eso se refleja en muchos aspectos de la vida cotidiana. Aunque cada vez se habla más, todavía cuesta que el antirracismo sea una conversación cotidiana.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Racismo cotidiano y normalización del discurso

Hay gente que jamás haría un comentario racista en público, pero consume constantemente contenidos llenos de clichés. ¿Hasta qué punto el racismo hoy funciona más por acumulación cultural que por discursos explícitos?

Yo creo que ambas cosas están ligadas. En los últimos años el discurso racista se ha ido normalizando y legitimando cada vez más, también desde medios de comunicación y partidos políticos. Mucha gente ha perdido el miedo. Igual hace quince años había personas que pensaban determinadas cosas pero se las reservaban por una cuestión de decoro. Ese decoro se ha roto porque ahora escuchas continuamente mensajes diciendo que hay que deportar a todos los inmigrantes o que todos viven de ayudas. Si eso se dice en el Congreso o en televisión en horario de máxima audiencia, hay quien piensa: “¿Por qué voy a tener miedo yo de decir esto?”. Y eso hace que estemos en un momento en el que el racismo se ha radicalizado y campa a sus anchas en muchos espacios.

¿Diría que hay diferencias en cómo se vive todo esto en grandes ciudades y en territorios más pequeños?

Yo creo que cada territorio tiene sus particularidades. Hay una base común, claro, pero no es lo mismo Andalucía o Cataluña que Asturias o Extremadura, donde el porcentaje de población migrante es menor. Eso hace que la conversación sea distinta y que el impacto también lo sea. A veces en un pueblo pequeño puedes conocer a todo el mundo y dejar de ver a alguien como “el inmigrante” para verlo como Mohamed, tu vecino. Todo eso influye. Cada lugar tiene su particularidad respecto al racismo, aunque haya dinámicas comunes en toda España.

¿Y cree que las generaciones más jóvenes son realmente más abiertas o simplemente viven más expuestas a discursos muy polarizados?

España es cada vez más diversa racialmente y eso se nota muchísimo entre la gente joven. Basta con asomarse a un colegio público para verlo. Las nuevas generaciones están mucho más acostumbradas a convivir con personas de distintos orígenes y tienen la diversidad más normalizada. Pero al mismo tiempo están muy expuestas a discursos racistas en redes sociales. Precisamente porque todo el mundo tiene cerca a personas migrantes o racializadas, esos discursos pueden calar más fácilmente. Por eso creo que es importante normalizar las relaciones cotidianas que ya existen: quien te atiende en una tienda, quien comparte clase contigo o quien vive en tu edificio. Si enfocamos más la conversación desde ahí, desde un antirracismo cotidiano, se desmontan muchos discursos.

Foto: David Aguilar Sáchez.

Medios de comunicación y representación

Usted, como periodista, ¿qué errores cree que seguimos cometiendo desde los medios cuando hablamos de diversidad o migración?

Yo creo que en los medios hay cierta soberbia respecto a tener que aprender sobre esto. Con el feminismo sí ha habido una evolución evidente. Hace años se hablaba de “crímenes pasionales” y ahora existe una conciencia mucho mayor sobre cómo informar de la violencia machista. Con el tema racial o migratorio esa reflexión todavía está menos avanzada. Y luego hay otro problema importante. Las redacciones siguen siendo completamente blancas. ¿Cómo vas a contar bien una realidad que no vives y sobre la que ni siquiera tienes cerca a gente que te hable desde esa experiencia? Cuando las redacciones se parezcan más a la sociedad sobre la que informan, creo que tendremos un mejor periodismo.

El Karité Fest se define como un espacio de “conflicto democrático”. ¿La cultura todavía tiene capacidad real para cambiar mentalidades o muchas veces termina hablándole solo a gente ya convencida?

Yo siento que sí, que la cultura sigue teniendo una capacidad transformadora y de mostrar nuevos mundos que no tiene otra cosa. La diversidad racial está cada vez más presente en representaciones teatrales, musicales o en las fiestas populares. Hemos normalizado que muchos artistas de éxito en España sean artistas latinos o africanos, aunque a veces no le demos el sentido político que tiene eso. Ahora bien, en cuanto a la cultura más politizada, vivimos en un contexto en el que todo parece pasar por la política y hay gente que busca en la cultura un espacio de evasión. Cuando se habla desde temas muy politizados, como la migración, hay personas que se echan para atrás. Pero creo que seguimos encontrando fórmulas y me parece importante que un festival como Karité exista también en Asturias, porque aunque haya menos porcentaje de población migrante que en otros territorios, eso no significa que no sea una realidad presente y cada vez más visible.

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