Domingo Caballero, sabio discreto

Amigos y compañeros rendirán homenaje este sábado al profesor y poeta, fallecido tras la pandemia.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Hasta casi la pandemia no era raro encontrarse por las calles del Oviedo Antiguo, sobre todo en el entorno de la Facultad de Psicología, a un hombre calvo, de cierta edad, y no muy alto, siempre con una mochila al hombro. No era una persona que llamase mucho la atención, y es que precisamente la discreción, “no darse importancia”, fue siempre una de las características que, según su amigo y discípulo Edu Galán, caracterizó a Domingo Caballero, a pesar de ser, según sus palabras, “un auténtico sabio”.

Fallecido en 2022, Galán, uno de los promotores del homenaje que se celebrará este sábado a las 12:30h en la librería ovetense Kafka, le define como “un intelectual clásico”, que destacaba en una Facultad de Psicología en la que la mayor parte de profesores “solo sabe de psicología”. Por el contrario, Caballero, apunta Galán, siempre fue un profesor de horizontes mucho más amplios, y con intereses muy variados, que iban desde la literatura a la naturaleza, una de sus pasiones, y que inculcó a su hijo David.

Caballero en su infancia.
Caballero en su juventud.
En la mili.

También Miguel Rodríguez Muñoz destaca el carácter culto y erudito, acompañado siempre de un gran sentido del humor, de Domingo Caballero, al que conoció en los años 60, cuando ambos eran estudiantes, activistas y compañeros de piso.

Nacido en León en 1941, Caballero estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Oviedo, donde descubrió el marxismo y a Gustavo Bueno, entonces la gran figura intelectual de la oposición democrática asturiana. “Como mucha gente de esa generación estuvo muy influido por Bueno, aunque luego se distanció de parte de sus ideas, como dejó por escrito en uno de sus artículos para La Nueva España” señala Edu Galán.

“En España antes de la muerte de Franco éramos 532 comunistas” era una de las frases que solía repetir cuando hablaba de tiempos pasados

En la universidad militó en el clandestino Frente de Liberación Popular. Rodríguez Muñoz, que coincidió con él en el “Felipe”, recuerda su participación en las protestas contra la guerra de Vietnam y en una “revista hablada”, un formato que servía para comunicar noticias e ideas de manera casi teatralizada entre los estudiantes universitarios. El “mal comportamiento” de ambos les llevaría a perder la prórroga por estudios universitarios y ser castigados con la mili antes de tiempo. La harían juntos en El Ferral, León.

Tras terminar los estudios Domingo se convierte en profesor de lengua y literatura en Palencia. Allí mantuvo su militancia antifranquista, en circunstancias no excesivamente favorables. “En España antes de la muerte de Franco éramos 532 comunistas” era una de las frases que solía repetir cuando hablaba de tiempos pasados, recuerda Galán, que destaca sus dotes como conversador: “era una de esas personas que siempre tenía una frase cojonuda, algo interesante que decir”.

Manifestación de estudiantes contra la guerra de Vietnam en Oviedo/Uviéu.

Sería el palentino Anastasio Ovejero, catedrático de Psicología Social, el que le traería de vuelta a la Universidad de Oviedo para ejercer la docencia, como lingüista en la Facultad de Psicología. Galán señala que era un profesor brillante, y a la vez “un perro verde” que, con contadas excepciones, como sus amigos Marino Pérez y José Errasti, tenía poco que ver con el ambiente y el clima del profesorado.

Como lingüista siempre siguió insistiendo en que el lenguaje no es neutro, sino un escenario prioritario del conflicto social: “La lengua es la palestra, el tablero de ajedrez donde se enfrentan sistemática y constantemente los signos porque hay lucha de grupos y de clases”.

Miguel Rodríguez Muñoz y Domingo Caballero.

Poeta casi clandestino durante la mayor parte de su vida, Edu Galán y el escritor Fernándo Menéndez le animaron a sacar a la luz sus poemas y publicarlos. “Era un campo en el que se sentía muy inseguro” explica Galá, que destaca la importancia que supuso para su maestro y amigo que el poeta Antonio Lucas le animara a dar el paso y publicar su poesía. De ahí surgieron libros como “La silla roja” o “Pasos contados”, que da título al homenaje de este sábado, y que contiene textos como este:

“Pasos contados
por donde discurrimos
poetas, jubilados, cajeras y bancarios.

En un momento dado,
morirse no sería,
morirse no es más que
te adelanten ya todos por la acera
y tú quedar inmóvil
con el gesto andarín
únicamente,
pasos sólo contados.
La gente que te pasa
es gente guapa y lista,
lo tienen merecido,
y yo me iré asombrado
de que seamos hombres y mujeres
mitad casi y mitad.
Redoblo la memoria
en posición supina
y estoy ya a lo que estoy,
pues queda poco:
Estuvo bien
el estreno triunfal de unos zapatos.
Y el prado
y la majada,
cuenco de leche,
y el reguero
de notas altas, gotas
sopranas virtuosas.
Y la escuelita pobre,
la beatitud boyuna,
el paraguas descolorido de la abuela,
la yegua virgen del incrédulo cura,
todo estuvo bien.
Y aquella catarata morena
que, cepillada, se precipitaba excesiva
por su espalda clandestina.
Jamás sospechó ella
de aquel espía infantil
a través de los turbios
y angelicales
y cómplices visillos.
Estuvo bien.
Por no hablar
de los vencejos,
incansables ángeles relojeros
puliendo súbitos de negro
mi ventana
mientras me fermentaba
la sorpresiva delicia
de leer de repente
colgadito del dedo.
Y los viajes multicolores
de los mapas,
cuando un centímetro es un quilómetro
y lo puedes andar.
He plantado rosas
y me han crecido.
Todo lo que, leído, he terminado,
y lo que subrayé
y ahora
no sé por qué
estuvo bien.
Y qué decir
del sufrimiento airoso
gloriosamente exhausto,
dejando atrás las últimas
hayas atormentadas,
hasta quedar desnudo,
pisando hierba rala,
colmado de evidencias
hacia todos los puntos
cardinales
¡qué bien estuvo!
Y el latigazo exacto de pelota,
el sudor satisfecho,
camaradas elásticos,
y un estar-ahí contra Heidegger
estuvo bien.
Si lo has tenido todo:
el mar un primer día
y el lento discurrir
del trenecito.
Y, en fin,
calle con calle,
codo con codo
repique de campanas justicieras,
revuelo de banderas
sin patria atosigante.
Y hasta el placer sin compañía,
tranquilo y sin pecado
concebido,
estuvo bien”.

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