Dio de comer a Franco en el Hotel María Cristina de San Sebastián. Trabajó en hoteles de lujo de París. Asesoró a los hermanos Castro en los primeros años de la revolución cubana. Y terminó muriendo en una emboscada del Ejército colombiano en 1972, cuando estaba a punto de cumplir 33 años.
La vida de Pedro Baigorri parece más propia de una novela que de una biografía real. Sin embargo, durante décadas permaneció prácticamente olvidada.
Organizada por Soldepaz Pachakuti, la proyección de Buscando a Pedro Baigorri llevó este martes al Centro de Servicios Universitarios de Avilés la historia de un personaje que atravesó algunos de los grandes acontecimientos políticos del siglo XX y que, sin embargo, permaneció durante décadas prácticamente borrado de la memoria pública. El documental, dirigido por Unai Aranzadi, reconstruye la trayectoria de un hombre que lo abandonó todo para perseguir unas convicciones que acabarían llevándolo al otro lado del Atlántico y, finalmente, a la muerte.

“Era un absoluto desconocido”. Así resume Aranzadi el punto de partida de una investigación que le ha ocupado durante casi dos décadas. La primera vez que escuchó hablar de Baigorri fue en enero de 2005, durante una estancia en un campamento de la guerrilla colombiana del ELN. Una noche, alrededor del fuego, un comandante le habló de un vasco que había sido cocinero del Che, que había trabajado junto a revolucionarios de medio mundo y que había muerto combatiendo en Colombia. “Sonaba muy legendario, muy épico, muy novelesco”, recuerda.
Al salir de aquel campamento intentó averiguar quién había sido aquel hombre. No encontró prácticamente nada. Ni libros, ni documentales, ni investigaciones extensas. Durante años, Baigorri fue para él poco más que una sombra, un nombre que aparecía de forma fragmentaria en testimonios dispersos y documentos olvidados.
La investigación dio un giro años después, cuando en otro encuentro con miembros del ELN en La Habana apareció una referencia a un tal Pedro Iragorri. El apellido estaba mal escrito, pero aquel error acabó convirtiéndose en una pista decisiva. Tirando del hilo, Aranzadi logró localizar a los hermanos de Baigorri en Navarra y reconstruir una historia que parecía condenada al olvido.
“No era un aventurero. Era alguien que tenía fuertes convicciones.”
Un hombre que siempre siguió adelante
Si algo impresionó al documentalista durante todos estos años no fue la dimensión aventurera del personaje, sino su determinación. “Lo que más me impresionó fue su determinación”, explica. “Era un gran solitario”.
La observación no es casual. En un momento de la conversación, Aranzadi establece un paralelismo inesperado entre el personaje que investiga y su propia trayectoria. “Yo llevo toda la vida, llevo 30 años yendo a guerras y siempre en solitario, y hay cosas que me identifico con él, puedo entender esa soledad”.
Baigorri había abandonado Navarra siendo muy joven. Gracias a su talento como cocinero recorrió Europa y trabajó en algunos de los establecimientos más prestigiosos de la época. Podría haber desarrollado una carrera profesional brillante. Sin embargo, fue dejando atrás una vida cada vez más cómoda para implicarse en proyectos políticos cada vez más inciertos.

“Podría haber tenido restaurantes, podría haber sido un chef internacional de primer nivel”, afirma Aranzadi. “Pero fue quemando etapas una tras otra y poniendo todos sus ahorros, su tiempo y su energía en la lucha revolucionaria”. Por eso rechaza la idea de que fuera simplemente un aventurero. “No era un aventurero. Era alguien que tenía fuertes convicciones”.
De los hoteles de lujo a la revolución
Durante los años cincuenta y sesenta, Baigorri pasó de las cocinas de hoteles de prestigio a los círculos revolucionarios internacionales. Tras su estancia en París acabó instalándose en Cuba, donde colaboró con el nuevo gobierno revolucionario en cuestiones relacionadas con la hostelería y el turismo.
Allí conoció a los hermanos Castro, pero también a algunos de los personajes que marcarían el resto de su vida. Entre ellos estaba Tulio Bayer, médico y revolucionario colombiano. Junto a él participó en los intentos de impulsar un foco guerrillero en Colombia. La primera experiencia fracasó. Baigorri regresó temporalmente a las cocinas. Después volvió a intentarlo. Ya no abandonaría ese camino.
En octubre de 1972 murió en una emboscada del Ejército colombiano en la Sierra Nevada de Santa Marta. Tenía 32 años y estaba a pocos días de cumplir los 33.

La segunda desaparición
La muerte no puso fin a la historia. Los restos de Baigorri nunca fueron recuperados y su familia lleva más de medio siglo intentando averiguar dónde está enterrado. La búsqueda se convirtió también en una parte fundamental de la investigación de Aranzadi y, finalmente, en uno de los ejes del documental.
Durante años colaboró con la familia y promovió iniciativas para intentar localizar sus restos. Incluso se realizaron pruebas genéticas a sus hermanos junto al forense Paco Etxeberria, con la esperanza de facilitar futuras identificaciones. “Las condiciones están dadas para que se pueda encontrar, pero parece que va a ser muy difícil”, admite.
Porque, en cierto modo, Baigorri desapareció dos veces. La primera en una montaña colombiana. La segunda en la memoria colectiva.
“Le habría dado mucho pudor”
Al final de la conversación surge una pregunta que Aranzadi reconoce no haberse planteado nunca: qué habría pensado Pedro Baigorri de una película dedicada a su vida más de medio siglo después de su muerte. La respuesta llega tras unos segundos de reflexión. “Le habría dado mucho pudor”.
Lo describe como una persona reservada, poco dada a presumir de sus experiencias y alejada de cualquier afán de protagonismo. Pero después añade algo más. “En el fondo también le habría dado cierta satisfacción”.
No tanto por convertirse en protagonista de una película como porque alguien siguiera preguntándose quién fue realmente. Porque medio siglo después de desaparecer en Colombia, la historia de aquel cocinero navarro continúa resistiéndose al olvido.



























