«El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene»

Históricamente los socialistas ovetenses han tenido dos grandes problemas: el PP y su propio partido.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

«El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene». Lo dijo el político Giulio Andreotti sobre sus muchos adversarios en la política italiana, quemados de manera sucesiva en sus fallidos asaltos a una República italiana que durante cuatro décadas custodió celosamente su partido, la Democracia Cristiana. «El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene» es una frase que también podría decir cualquier dirigente del PP ovetense sobre un PSOE carbayón que en esta segunda década del siglo XXI sigue estando tan lejos de la alcaldía de Oviedo como cerca de una FSA tradicionalmente poco interesada en gobernar en la capital asturiana. Paradojas de la política asturiana. Cuando en 2015 el “milagro” se produjo, el entonces presidente, Javier Fernández, hizo todo lo posible porque no volviera a repetirse aquella feliz coincidencia de los astros.

La oposición desmoraliza y tiende a generar hábitos autodestructivos. Lo estamos viendo estos días en el PSOE madrileño y en el PSOE ovetense, dos partidos que llevan 35 años perdiendo elecciones. La inesperada despedida de Carlos Llaneza es el último episodio de una crisis que arranca en 1991, cuando Antonio Masip no logró revalidar el pacto con CDS y perdió la alcaldía frente a un impetuoso Gabino de Lorenzo que había construido su personaje público entre cuadriláteros de boxeo y tablaos flamencos. Se inauguraba así una larga hegemonía conservadora facilitada no solo por la sociología de la ciudad y el inestimable apoyo de la prensa local, sino también por una AMSO en permanente incendio. Una agrupación en la que el dirigente del SOMA, José Ángel Fernández Villa, jugó siempre sus cartas al servicio de su aliado Gabino De Lorenzo. El momento más delirante del socialismo carbayón se resume en una frase: «¿Cómo voy a presentar candidatura, y si salgo alcalde?» La pronunció Alfredo Carreño cuando en 2011 Foro e IU le ofrecieron sus votos a cambio de nada. Simplemente para desalojar a Gabino De Lorenzo, que acababa de perder la mayoría absoluta.

Solo los magníficos resultados de las izquierdas ovetenses tras el huracán del 15M, seis concejales de Somos Oviedo/Uviéu y tres de Izquierda Unida, así como su generosidad y altura de miras en aquel psicodélico pleno municipal del 15 de junio de 2015, posibilitaron que un socialista volviera a la alcaldía 24 años después de la derrota de Masip. Ironías del destino: su histórico rival Wenceslao López, el hombre que ganó en votos, pero no en concejales, en 1979.

Tres alcaldes de Oviedo: Wenceslao López (PSOE), Agustín Iglesias Caunedo (PP) y Antonio Masip (PSOE). Foto: Iván G. Fernández

2019, con la alcaldía en manos de López, y el PSOE de Pedro Sánchez en su mejor momento, pudo ser la gran oportunidad del socialismo carbayón. Obtuvieron sus mejores resultados en años, pero el hundimiento de sus socios de izquierdas impidieron revalidar el gobierno progresista. Desde Ciudadanos Nacho Cuesta pudo echar un cable a sus antiguos compañeros del partido socialista, pero no quiso. Había números para ello, pero también otros planes.

Oviedo no es una plaza en absoluto fácil, pero digamos que el PSOE se ha empeñado siempre en ponerse las cosas todavía más difíciles a sí mismo

Oviedo no es una plaza en absoluto fácil, pero digamos que el PSOE se ha empeñado siempre en ponerse las cosas todavía más difíciles a sí mismo. Alguien debería preguntarse por qué el partido socialista ha logrado forjar largas mayorías en ciudades como León, Lugo, Palencia o Soria, y no en Oviedo, donde sigue siendo incapaz de construir un perfil y un proyecto con capacidad de ganar la capital asturiana.

Carlos Llaneza. Foto: Alisa Guerrero

Carlos Llaneza podría haber sido un candidato con recorrido para una apuesta a medio plazo, no pensando en 2027 sino en 2031, pero a sus indecisiones personales, parece habérsele sumado, una vez más, un partido político que no se lo ha querido poner fácil. Quienes cubrimos su solitaria campaña en 2023, junto a un puñado de fieles, fuimos testigos de los palos en la rueda que “los suyos” ponían al candidato y a su equipo. Suponemos que tener criterio propio en temas sensibles como la Ronda Norte, La Vega o la Fábrica de Gas, no habrán ayudado a que Llaneza fuera el chico más popular en las reuniones de La Ería, cuartel general de la FSA. Sin embargo, ¿era tan difícil su victoria en unas primarias frente a otros candidatos, ninguno de ellos además demasiado conocido? Fuentes bien informadas lo niegan, y afirman que había muchas posibilidades de ganar.

En las próximas primarias los socialistas ovetenses tendrán que elegir entre perfiles municipalistas, es decir, con un proyecto oviedista y autónomo, o aventureros más interesados en hacer de la política local un trampolín a cualquier otra parte. El baile solo acaba de empezar.

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