Hay expresiones políticas cuya aparente sencillez esconde una enorme carga histórica. “Prioridad nacional” es una de ellas. Este artículo no sostiene que la “Prioridad Nacional” conduzca inevitablemente a una “Solución Final”. Sostiene algo distinto: que el nazismo nos enseñó cómo los procesos de exclusión comienzan mucho antes del exterminio y que conviene estudiar esas primeras etapas con el máximo rigor histórico para analizar estos otros momentos que nos ha tocado vivir.
Presentada como una propuesta de sentido común, la “Prioridad Nacional” consiste en establecer que determinados recursos públicos -la vivienda, las ayudas sociales, algunas prestaciones o determinados servicios- deben reservarse preferentemente para quienes pertenecen a la nación. Sus defensores la presentan como una cuestión de justicia distributiva: primero “los nuestros”. La historia obliga, sin embargo, a formular una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando un Estado comienza a distinguir entre personas que merecen una protección plena y otras cuya protección puede limitarse en función de su origen o de su pertenencia a un determinado grupo?
La comparación con el nacionalsocialismo exige prudencia. No vivimos en la Alemania de entreguerras ni la Europa actual es la República de Weimar. Equiparar sin matices la extrema derecha contemporánea con el nazismo sería un error histórico; pero sería igualmente un error ignorar que algunos mecanismos discursivos presentes en los primeros años del nacionalsocialismo reaparecen, con formas diferentes, en algunos discursos actuales. El nazismo no comenzó construyendo campos de exterminio: comenzó construyendo categorías.
Antes de Auschwitz o Treblinka existió una larga fase de redefinición de la comunidad política. El Programa del Partido Nacionalsocialista de 1920 establecía que únicamente los miembros del Volk1 podían ser ciudadanos del Reich; quienes no pertenecieran a esa comunidad quedarían reducidos a la condición de “huéspedes”, sometidos a una legislación específica para extranjeros. El mismo programa defendía que el Estado debía garantizar prioritariamente el sustento de sus ciudadanos y que, si no era posible atender a toda la población, los no ciudadanos debían abandonar el país. Nada de eso era todavía la Solución Final. Era, sin embargo, el comienzo de un proceso de diferenciación política, jurídica y moral entre quienes eran considerados plenamente parte del pueblo y quienes dejaban de serlo.
Hitler desarrolló esa misma concepción en Mein Kampf. El Estado dejaba de entenderse como una comunidad de ciudadanos iguales para convertirse en el instrumento destinado a preservar una determinada comunidad nacional (en el caso del nazismo, racial). La igualdad jurídica comenzaba a subordinarse a la pertenencia.

Joseph Goebbels perfeccionó después esa estrategia con un recurso propagandístico extraordinariamente eficaz: presentar la exclusión como una forma de protección. El mensaje no era “odiamos a los judíos”. El mensaje era mucho más eficaz políticamente y mucho más seductor para las mayorías: “debemos proteger a nuestro pueblo”. La discriminación dejaba así de aparecer como una agresión para convertirse, aparentemente, en una medida de defensa. Esta es una de las grandes enseñanzas del siglo XX. Los discursos de exclusión rara vez comienzan apelando a la violencia, comienzan apelando a la protección.
En esa evolución del discurso, primero aparece un “nosotros” amenazado. Después se identifica un “ellos” responsable de problemas complejos. Progresivamente la categoría del “ellos” suele deshumanizarse y suelen compararse con animales o especies subhumanas (Untermenschen en la Alemania nazi). Más tarde se plantea que determinados derechos deben reservarse preferentemente para el grupo nacional. Finalmente, esa desigualdad comienza a traducirse en normas jurídicas y prácticas institucionales.
La historia demuestra que los procesos de degradación democrática no empiezan con la violencia extrema. Empiezan cuando una parte de la población deja de ser considerada plenamente igual. Resulta significativo que muchas formulaciones actuales sobre la inmigración utilicen una estructura argumental semejante: la presión sobre la vivienda, el empleo, los servicios públicos o las prestaciones sociales se atribuye principalmente a la presencia de personas inmigrantes, convertidas en competidoras directas de la población nacional. En el Congreso escuchamos discursos sesgados sobre casos de violencia que solamente culpabilizan a un grupo determinado de población o la utilización del término MENAS (menores no acompañados) como una categoría deshumanizadora, excluyente. No se trata de afirmar que inmigrantes y judíos ocupen la misma posición histórica, ni que las propuestas actuales conduzcan necesariamente al desenlace del nazismo. Se trata de reconocer un mecanismo político conocido y que se está repitiendo: se están simplificando problemas complejos mediante la identificación de un grupo sobre el que descargar una parte esencial de la responsabilidad colectiva.
La pendiente del nazismo
Lo verdaderamente revelador no es comparar la “Prioridad Nacional” con la “Solución Final”. Lo verdaderamente importante es comprender el recorrido histórico que permitió pasar de una a otra. Ese recorrido no comenzó con el exterminio, comenzó modificando el lenguaje e introduciendo un relato que fue permeando en la sociedad.
Veamos muy brevemente cómo fue la evolución de aquella prioridad nacional desde el término “los alemanes primero” a la Solución Final
| Evolución del discurso y de las políticas | ||
| 1920 | Programa de 25 puntos del NSDAP2 | Solo los miembros del Volk pueden ser ciudadanos. El Estado debe atender primero a los alemanes. Los extranjeros son “huéspedes”. Debe detenerse la inmigración. |
| 1925-1926 | Publicación de Mein Kampf de Adolf Hitler | Se desarrolla la idea de que el Estado existe para preservar la comunidad nacional y racial. El enemigo interno aparece como responsable de la decadencia alemana. |
| 1928-1932 | Campañas electorales | Goebbels convierte la protección del pueblo, la identidad nacional y la recuperación de Alemania en el eje central de la propaganda nazi. |
| 1933 | Llegada de Hitler al poder | La exclusión comienza a institucionalizarse: depuración de funcionarios, boicot a negocios judíos y primeras limitaciones de derechos. |
| 1935 | Leyes de Núremberg | La exclusión deja de ser únicamente política y se convierte en Derecho. Los judíos pierden la ciudadanía del Reich. Se establece un marco legislativo que ampara la exclusión (Frick como ministro del Interior dio el apoyo político y el jurista Stuckart fue el tejedor de la urdimbre normativa). |
| 1938 | Kristallnacht | La violencia deja de ser excepcional y comienza a normalizarse socialmente. |
| 1939-1941 | Guetos y deportaciones | La exclusión jurídica evoluciona hacia la segregación territorial y las deportaciones sistemáticas. Las deportaciones suponían “evacuaciones” que fue el eufemismo utilizado para nombrar eliminaciones en masa. |
| 1942 | Conferencia de Wannsee | Se coordina administrativamente la llamada “Solución Final” y el despliegue de los “campos de exterminio” y el comienzo de la Shoah (Holocausto). |
Ese itinerario puede resumirse de una manera extraordinariamente sencilla:
Prioridad → Pertenencia → Identidad → Exclusión → Discriminación jurídica → Violencia → Exterminio.
La utilización de la “deshumanización” es continua a lo largo del proceso (muchas veces la violencia ,en determinadas manifestaciones e intensidades, también). De una forma gradual, pero introduciendo en el relato categorías excluyentes (raza, país de origen, religión). Naturalmente, la historia no avanza siempre siguiendo esa secuencia, ni toda política de “Prioridad nacional” conduce necesariamente a ella. Pero la experiencia europea de la primera mitad del siglo XX demuestra que el exterminio nunca apareció de forma repentina. Fue el último escalón de un proceso mucho más largo.
Veamos algunos paralelismos históricos entre aquella situación y la situación actual.
| Primer nazismo | Discursos actuales sobre la Prioridad Nacional | |
| Ciudadanía | Programa del NSDAP (1920), punto 4: solo los miembros del Volk pueden ser ciudadanos. | Prioridad de los nacionales en determinadas políticas públicas. |
| Extranjería | Programa del NSDAP, punto 5: los no ciudadanos viven como “huéspedes”. | Diferenciación jurídica entre nacionales y extranjeros en determinadas propuestas migratorias. |
| Prioridad distributiva | Programa del NSDAP, punto 7: el Estado debe atender primero a sus ciudadanos. | Prioridad nacional en vivienda, ayudas y prestaciones. |
| Restricción migratoria | Programa del NSDAP, punto 8: impedir nueva inmigración y expulsar determinados extranjeros. | Restricción de la inmigración irregular y políticas de expulsión en determinados supuestos. Creación de centros de deportación en terceros países fuera de la Unión Europea. |
| Restauración nacional | Hitler (1 de febrero de 1933): reconstruir la unidad espiritual del pueblo alemán. | Recuperar la unidad nacional, la soberanía y la identidad nacional. “La lucha contra el califato”. |
| Exclusión como protección | Goebbels presenta la discriminación como defensa del pueblo alemán. | La prioridad nacional se justifica como protección del Estado del bienestar y de los españoles. |
| Deshumanización | La deshumanización fue un proceso gradual y sistemático. Desde los años veinte, la propaganda nazi representó de forma creciente a los judíos como “parásitos”, “alimañas”, “ratas” o “portadores de enfermedades”. La propaganda a través de diferentes medios de comunicación3 utilizando expresiones como Volksschädlinge (“parásitos del pueblo” o “elementos nocivos para el pueblo”), contribuía a despojar a los judíos de su condición de iguales, preparando psicológicamente a la sociedad para aceptar primero su exclusión jurídica y, posteriormente, su persecución sistemática. | En el año 2019, la organización para la infancia Save the Children avisaba de la utilización estigmatizadora del término MENAS (menores no acompañados). La organización advertía que la utilización de dicho término sirve para cosificar y deshumanizar a quienes describe, ocultando que se trata de niños y niñas en situación de extrema vulnerabilidad. En el documento se proponía que no se criminalizara a los y las adolescentes migrantes sin referentes familiares en España y que se dejara de estigmatizar utilizando el término MENA. Partidos de ultraderecha actualmente tienen merchandising en sus páginas web con el lema: MENAS en España ¡A su país! Trump en plena campaña electoral recurrió a la imagen de inmigrantes que se alimentaban de sus mascotas. |
La experiencia del nazismo demuestra que los procesos de exclusión política suelen comenzar redefiniendo quién pertenece plenamente a la comunidad y quién deja de formar parte de ella. La “prioridad nacional”, cuando convierte la pertenencia en criterio para graduar derechos, merece ser analizada críticamente a la luz de esa experiencia histórica, precisamente para evitar que las dinámicas de exclusión sigan escalando.

Las democracias rara vez se derrumban de un día para otro. Se erosionan lentamente. El 20 de enero de 1942, quince altos funcionarios del régimen nazi se reunieron en una villa situada junto al lago Wannsee, en Berlín. La coordinación del encuentro la realizó Reinhard Heydrich, general de las SS y jefe de la oficina central de seguridad del Reich. La reunión apenas duró noventa minutos. No debatieron si debía exterminarse a millones de personas. Esa decisión, la “Solución Final”, ya estaba tomada. Debatieron únicamente cómo organizar administrativamente el proceso. Lo verdaderamente inquietante es que cuando aquellos hombres se sentaron alrededor de aquella mesa habían transcurrido veintidós años desde que el Partido Nazi aprobara su programa político de 1920. Entre una fecha y otra no hubo un salto. Hubo una pendiente. La decisión del exterminio de millones de personas fue tomada de forma gradual desde 1920 hasta 1942.
La respuesta democrática no consiste en exagerar las comparaciones históricas mediante analogías simplistas, pero tampoco conviene desactivarla llamando exageración a toda advertencia. La respuesta democrática es aprender de ella y levantar a tiempo los diques que impiden que la exclusión vuelva a convertirse en política de Estado. Consiste en fortalecer los diques que precisamente impidieron que Europa volviera a recorrer ese camino después de 1945. Y esos diques tienen nombre: frentes amplios democráticos contra las ideologías autoritarias; evitar políticas buenistas que no confrontan realmente las causas de las causas de fenómenos complejos; igualdad ante la ley; universalidad de los derechos fundamentales; políticas públicas universales; mejorar las condiciones de vida de las clases trabajadoras; independencia judicial; libertad de prensa; educación en derechos humanos y en igualdad; instituciones capaces de proteger a las minorías; políticas públicas construidas sobre evidencias y no sobre la búsqueda de víctimas expiatorias; elevar el rigor y la elegancia parlamentaria; trabajar contra los discursos de odio; educación, educación y educación. Y esto último más y siempre: educación, educación, educación y educación.
1 Volk: comunidad nacional definida por la pertenencia étnica (para el nazismo, racial) no por la ciudadanía o la igualdad jurídica.
2 NSDAP (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei): Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, fundado en 1920 y liderado por Adolf Hitler; fue el partido que instauró la dictadura nazi en Alemania entre 1933 y 1945 y desarrolló una ideología ultranacionalista, racista, antisemita y totalitaria. Puntos 4 y 5 de su programa de 1920
https://avalon.law.yale.edu/imt/nsdappro.asp
3 Un ejemplo paradigmático fue la película propagandística Der Ewige Jude (El judío eterno, 1940), dirigida por Fritz Hippler bajo la supervisión del Ministerio de Propaganda de Joseph Goebbels, que alternaba imágenes de ratas saliendo de las alcantarillas con imágenes de población judía para sugerir que ambas constituían una misma amenaza biológica.



























