La cultura frente a la censura

La Fundación Juan Muñiz Zapico inició su actividad en 1990 y desde el año 2014 lleva participando ininterrumpidamente en la Noche Blanca de Oviedo.

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Toño Huerta
Toño Huerta
Es geógrafo y director de la Fundación Juan Muñiz Zapico. Experto en patrimonio industrial, cuenta con varias publicaciones sobre esa materia.

Desde la Fundación Juan Muñiz Zapico asistimos con una mezcla de perplejidad, sonrisas resignadas y profunda firmeza democrática a los últimos exabruptos que pretenden censurar la cultura libre. La cultura es, por definición, libertad y, frente a ella, la intolerancia y el fascismo no hacen más que certificar su propia e irremediable ignorancia. Intentar coartar el pensamiento es un ejercicio tan viejo como estéril, propio de quienes confunden el debate de ideas con el monólogo del pensamiento único.

Nos resulta imposible no esbozar una sonrisa irónica ante tanto desvelo inquisitorial. Agradecemos profundamente la publicidad gratuita, aunque lamentamos que se gaste tanta energía pública en perseguir fantasmas ideológicos en lugar de construir sociedad. Históricamente, ciertos sectores se han sentido profundamente incómodos ante el libro, la palabra y el arte libre. Ya lo inmortalizó aquel funesto grito de “¡Muera la inteligencia!” en el Paraninfo de Salamanca, una pulsión destructiva que tuvo su reflejo más lamentable y tenebroso en las quemas de libros que los regímenes fascistas organizaron para intentar purgar el libre albedrío de los ciudadanos. Hoy, por fortuna, los libros ya no se queman en hogueras de plaza pública, sino que se intentan asfixiar desde las moquetas institucionales mediante el veto y el recorte presupuestario. El método se ha sofisticado, pero el aroma a rancio sigue siendo exactamente el mismo.

Frente a este ruido estéril, la realidad de nuestra trayectoria ofrece datos incontestables. La Fundación Juan Muñiz Zapico inició su actividad en 1990 y desde el año 2014 lleva participando ininterrumpidamente en la Noche Blanca de Oviedo. Son años de compromiso cultural con la sociedad, compartiendo espacios públicos con la ciudadanía sin haber registrado jamás el más mínimo problema de convivencia. Todo lo contrario. Año tras año, nuestras actividades han destacado por una gran afluencia de público, consolidándose como citas marcadas en el calendario de la ciudad. Siempre hemos diseñado propuestas abiertas, gratuitas y pensadas para todo el público, sin pedir carnés políticos ni certificados de pureza ideológica a quienes participan en nuestras actividades. La Noche Blanca es de Oviedo y de su ciudadanía, no de quienes temporalmente gestionan o fiscalizan los recursos públicos con criterios ideológicos y partidistas.

Queremos aprovechar este texto para manifestar de manera rotunda nuestro total apoyo a la organización de la Noche Blanca. Su labor para dinamizar la vida de Oviedo, trayendo vanguardia, debate y pluralidad a las calles, merece el aplauso de toda la sociedad asturiana, no el acoso de quienes ven una amenaza en cada rincón donde la gente piensa por sí misma.

La democracia, afortunadamente, consiste en convivir y debatir, no en silenciar a quienes son o piensan de manera diferente. Por ello, lejos de responder al odio con la misma moneda, queremos hacer una invitación formal, sincera y muy entusiasta. Animamos abiertamente al grupo municipal de Vox Oviedo a que abran sus mentes, a culturizarse mediante la lectura y la asistencia a actos plurales, a que se alejen de su violento sectarismo. Que dejen atrás los prejuicios de manual y conozcan de primera mano la pluralidad de la labor de tantas y tantos artistas y entidades que intentan avanzar como sociedad.

Una vez conozcan una realidad que se niegan a ver será más fácil que puedan entrar en el diálogo abierto y plenamente democrático, propio de esa sociedad madura y plural que —por mucho que algunos se empeñen en lo contrario— está muy por encima del odio, la crispación y el sectarismo. Al fin y al cabo, la cultura no muerde; al contrario, amplía los horizontes de quienes se atreven a consumirla sin miedo.

Parece que el verdadero peligro para la paz social asturiana no era la inflación, los desahucios ni el eterno peaje para salir de nuestra tierra, sino la audacia de explicar el pasado industrial y obrero de Oviedo o la irreverencia de “La Propietaria” ante su mirada satírica e irónica de un problema tan grave como el de la vivienda. En serio, la memoria y la cultura no duelen; háganselo mirar y disfruten de la Noche Blanca.

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