“La ficción, patrón de sentido de la política” es el título de la conversación que mantendrá este sábado a las 19h en la Feria del Libro de Carreño el periodista Gonzalo Díaz Rubín con Pedro Vallín, también periodista y autor de varios ensayos, el último de ellos “Verdades penúltimas”, junto al filósofo Javier Goma.
Nacido en 1971 en Colunga, Asturies, Vallín combina pensamiento filosófico y cultura pop en un tipo de periodismo político que tiene su correlato en una febril actividad en redes sociales, siempre al borde del precipicio. Divertido, provocador y con un punto faltón, defiende con vehemencia sus puntos de vista y no le gusta repetir tópicos ni lugares comunes, aunque eso le pueda costar de vez en cuando algún disgusto.
¿Dato mata relato?
En absoluto. Un dato en crudo no te permite comprender el mundo. Es el relato el que proporciona los patrones de sentido de la realidad y permite construir una narrativa de los acontecimientos que le suceden a una sociedad. Rafael Sánchez Ferlosio tiene un discurso en el que dice que frente a la gratuidad y contingencia del mundo todos preferimos la música de la congruencia. Darle una explicación a cosas que a veces no tienen sentido. Es cierto, pero también es consustancial a los seres humanos la construcción de esas narrativas. Como dice Slavoj Žižek la realidad es la aleación inseparable del hecho y el símbolo. Por eso la ficción es una herramienta tan útil para explicarnos la realidad.
¿La realidad imita a la ficción?
Sí, es un viejo debate. La ficción es descriptiva pero al mismo tiempo prescriptiva de la sociedad. Es decir, dicta la realidad y a la vez es dictada por la realidad. Los políticos son conscientes de estas narrativas y se guionizan a sí mismos pensando en cómo van a ser recordados en los libros de historia. Unos de forma más inconsciente y otros de manera más consciente, incluso descarada. Pienso por ejemplo en Pablo Iglesias construyendo la figura del héroe de la retirada cuando sale del Gobierno y luego deja la política institucional. O en Pedro Sánchez anunciando que cogía su coche para recorrer España y recuperar la secretaría del PSOE. El periodismo político es por excelencia el periodismo del relato.
Pedro Sánchez me parece el primer presidente con un personaje abiertamente cínico. Se puede admirar su resistencia, su intuición, pero ni si quiera los suyos creo que le tengan por una persona con grandes valores o principios.
Es el resistente subestimado por todos, al que arrojan desde una ventana de Ferraz y que vuelve para vengarse como el conde de Montecristo. Nadie piensa que esté ante un intelectual o un estadista, pero nadie sabe tampoco muy bien por qué acierta tanto. Hay muchos tipos de inteligencia, y está claro que Sánchez tiene una inteligencia intuitiva como nadie. Los hechos acaban dándole la razón. Después del desastre de las municipales y autonómicas de 2023 tiene detrás a un enterrador tomándole las medidas para el ataúd, convoca unas elecciones en verano que todo el mundo daba por perdidas y contra todo pronóstico sale vivo. Dicen que tiene baraka, pero las mentes adultas saben que eso no existe. Tiene atributos.
¿Qué balance haces de lo que llevamos de presidencia Sánchez?
Está siendo el mejor presidente de nuestra democracia en la tesitura más difícil. No le acompañaron los elementos como a Felipe González, que tuvo todo el viento a favor y los fondos europeos para modernizar España. El PSOE de Pedro Sánchez es el resultado del empuje del 15M y de sus productos políticos, Podemos, la nueva IU de Alberto Garzón, el municipalismo, las mareas… Todas esa política salida del 15M no alcanzó la hegemonía, pero llegó al puente de mando y condicionó a la socialdemocracia a apearse de la burra de del neoliberalismo y de la Tercera Vía de Tony Blair o de Felipe González. Sánchez forzó a Felipe a que fuera al último Congreso del PSOE, pero no a reconciliarse, sino a pasar por debajo del futbolín y besarle el anillo papal.
“Todos los personajes políticos de los años 2014-2019 viven obsesionados con sus ajustes de cuentas”
La visión de los protagonistas del 15M y el post 15M es sin embargo mucho más amarga
Ha sido un ciclo extraordinariamente virtuoso, y basta comparar a España con los países de nuestro entorno para valorar todo lo que se ha conseguido aquí. Desde la reversión de 35 años de políticas laborales a favor de la patronal hasta la aceleración de todo lo que un nazi llamaría la agenda woke. Aunque cosas importantes como la Ley de Vivienda de Ione Belarra se quedaran a medias, todos los pasos, más grandes o más cortos, han ido en la dirección correcta. Otra cosa es el coste personal para los que participaron en el ciclo. La política es una trituradora de carne, y con ellos lo ha sido todavía más. Todos los personajes políticos de los años 2014-2019 deberían irse a su casa porque viven obsesionados con sus ajustes de cuentas y han perdido la vista de lo que iba esto, que era mejorar la vida de sus paisanos y paisanas. No hago excepciones en esto.
En “C3PO en la corte del rey Felipe” dedicabas un capítulo bastante profético a Iñigo Errejón en el que vaticinabas su eclipse
Era muy duro. La crónica de cosas muy raras que pasaron entonces. La frialdad extrema de Iñigo Errejón me produjo vértigo desde que lo conocí pero no me quiero apuntar a esa idea tan judeocristiana de que es nuestra peor hora, la más miserable, la que nos define para siempre, porque es en esa en la que aflora nuestra verdadera naturaleza. Tampoco lo contrario, la idea de la redención, de que una vida impresentable se puede salvar por lo que pasa en el último momento, como Oskar Schindler, que fue un oportunista, un trepa y un explotador de esclavos judíos, pero que ha quedado para la historia como otra cosa porque los liberó en el último momento. Creo que esa obsesión por buscar ese momento de la verdad es uno de los tropos narrativos de los que en la vida real deberíamos emanciparnos.
¿Existe la cultura de la cancelación?
La cultura de la cancelación no existe, es como han bautizado algunos señores privilegiados que el sentido común de época ya no les tolere determinados comportamientos machirulos o racistas. La corrección política con la que tanto se meten es la forma de legislar sin usar el código penal que tienen todas las sociedades. No todo lo que da asco, es impresentable o inmoral debe ser delito, y no todo lo que no sale en el código penal está bien y es correcto.
¿No considera que su caso haya sido una cancelación?
A mí no me han cancelado, me han despedido de La Vanguardia después de que los nazis del misterio me organizaran una venganza haciéndose las vírgenes ultrajadas por un chiste agrio que hice respondiendo a un idiota con una cuenta anónima de X. Eso es todo. Ni me han cancelado ni me he tenido que ir vivir a un monte. De hecho ni siquiera he bajado en seguidores. Creo que hablar de linchamientos digitales es una frivolidad con respecto a lo que es un linchamiento de verdad, que es agarrar a alguien y molerlo a palos hasta matarlo. Cuando uno trabaja en la política o el periodismo trabaja con su reputación, que es lo que hace que a uno le crean o no, y por eso tiene que hacerse cargo cuando a la gente no le gusta lo que uno hace o dice. La gente no está obligada a que le gustes siempre y tiene todo el derecho del mundo a opinar o a darse de baja.



























