Lucía Miranda (Valladolid, 1982) tenía 12 años cuando compró en una feria del libro un cuento llamado “Caperucita en Manhattan”. El libro le fascinó y cuando recién licenciada marchó a Nueva York para enseñar español utilizó habitualmente el texto de Carmen Martín Gaite en sus clases. Para su sorpresa, en una de ellas, una alumna se identificó como Sara Allen, protagonista del relato. No iba de farol, la alumna en cuestión era la hija de Joan Allen, traductora norteamericana de Carmen Martín Gaite, y “sabía más que yo de la novela”.
Para Miranda “todo era un rastro de trocitos de pan” que le llevaban a la convicción de que en algún momento de su vida debía adaptar al teatro la historia de esta niña de diez años que vive en Brooklyn, Nueva York, y su mayor deseo es ir sola a Manhattan para llevar a su abuela un tarta de fresa. Finalmente llegó la oportunidad y ahora el montaje está de gira por España tras haber cosechado éxito de crítica y público en su estreno madrileño.
Miranda destaca que aunque el libro fue escrito tras la trágica muerte en 1985 de Marta, la hija de Martín Gaite, heroinómana y víctima de una enfermedad que en esa década segaría muchas vidas, el SIDA. Según la directora, aunque el recuerdo de su hija está “totalmente presente”, y se trata de “una novela de despedida”, Caperucita es a la vez un relato luminoso y divertido. La escritora revive de hecho como uno de los personajes de la obra, Miss Lunatic, en el montaje producido por el Teatro de la Abadía y el Teatre Nacional de Catalunya.


Lucía Miranda ha apostado por dar mucho protagonismo a las lavanderías en una adaptación a escena que se enfrenta al desafío de cómo hacer teatral la ciudad más cinematográfica del mundo. “Hoy hay muchas lavanderías en España, pero hace años no eran frecuentes y era algo que te llamaba la atención en EEUU. Me gusta usarlas porque son lugares que juntan a personajes muy diferentes. También porque los tambores de las lavadoras tienen algo de Alicia en el país de las maravillas, parecen puertas a universos fantásticos” comenta la directora y dramaturga.

Carmen Martín Gaite, que durante muchos años tuvo que convivir con la etiqueta de “esposa del escritor Rafael Sánchez Ferlosio”, comenzó a visitar Nueva York en 1979, donde fue invitada en varias ocasiones por universidades norteamericanas interesadas en su obra literaria. Se iniciaba así una historia de amor entre la novelista castellana y la ciudad norteamericana que se prolongaría a lo largo del tiempo. “Quise hacer esta obra porque como Gaite, “no me querría ir nunca de Nueva York” y es mi manera de continuar allí” apunta Miranda sobre la ciudad en la que pasó tres años de su vida, y que a pesar de fenómenos como la turistificación y la gentrificación, considera “sigue estando por encima de todo”.
La obra puede verse este viernes en el Centro Niemeyer de Avilés.



























