Hannah Arendt (Linden-Limmer, Alemania, 1907- Nueva York, 1975) una de las pensadoras políticas más influyentes del siglo XX, será la primera filósofa en ser tema de la próxima EBAU, la antigua selectividad. La cosa dice mucho del machismo imperante en la historia de la filosofía que se estudia en el bachillerato, pero también de la trascendencia y actualidad de una de las figuras intelectuales más interesantes del pasado siglo.
Nacida en el distrito de Hannover, Alemania, en una familia laica de origen judío, Arendt estudió filosofía en la Universidad de Heidelberg. Si bien su tesis doctoral fue sobre el concepto de amor en San Agustín, el ascenso del nazismo, la Segunda Guerra Mundial, y su exilio a Francia primero, y EEUU después, le hicieron girar a la filosofía política.

El auge del nazismo le llevó a principio de los años 30 a ser detenida y encarcelada por la Gestapo, y a interesarse por sus raíces culturales judías y militar en el movimiento sionista, desengañándose más tarde y llegando a mostrarse incluso muy escéptica con la pretensión de un estado exclusivamente judío, y no una federación árabe-judía, en la Palestina británica.
Su estudio del totalitarismo y su célebre concepto de la “banalidad del mal” conservan una inquietante relevancia
Su estudio del totalitarismo y su célebre concepto de la “banalidad del mal” conservan una inquietante relevancia en un mundo que enfrenta nuevos autoritarismos y una peligrosa trivialización del genocidio.
En Los orígenes del totalitarismo (1951), Arendt analiza el imperialismo europeo y el ascenso de los regímenes totalitarios del siglo XX, especialmente el nazismo y el estalinismo. Para Arendt, el totalitarismo no es simplemente una forma extrema de dictadura, sino un fenómeno radicalmente nuevo que busca controlar todos los aspectos de la vida humana, desde el pensamiento hasta la acción. Esta aspiración a la dominación total se fundamenta en la destrucción de la pluralidad, la atomización de los individuos y la manipulación sistemática de la verdad.

Por otro lado, su concepto de la banalidad del mal, desarrollado a partir del juicio del jerarca nazi Adolf Eichmann en Jerusalén en 1961, del que fue corresponsal para The New Yorker, ofrece una advertencia ética inquietante. Arendt observó que Eichmann, uno de los principales responsables logísticos del Holocausto, secuestrado por el Mossad en Argentina y trasladado a Israel para ser juzgado, no era un monstruo sádico ni un fanático ideológico, sino un burócrata mediocre que se limitaba a cumplir órdenes sin reflexionar críticamente sobre sus actos. De ahí surge la idea de que el mal puede ejecutarse no por odio, sino por pensamiento acrítico, obediencia ciega y falta de juicio moral.
El libro también exploró otro capítulo inquietante, el del colaboracionismo de muchos líderes judíos en el Holocausto, y sentó mal en Israel, país al que a pesar de sus críticas Arendt siguió defendiendo.
Noelia Bueno, profesora de la Universidad de Oviedo/Uviéu y especialista en su obra, será la encargada este martes de conducir la nueva sesión de La Sacavera de NORTES y la Sociedad Asturiana de Filosofía. Será a las 18h en El Manglar de Oviedo/Uviéu.



























