¡Qué bien le vino el apagón a Marlaska!

Es un político de derechas en un gobierno de izquierdas que fue nombrado por el PP miembro del Consejo General del Poder Judicial.

Recomendados

Xuan Cándano
Xuan Cándano
San Esteban de Bocamar (1959). Periodista. Redactor en RTVE-Asturias. Fundador y exdirector de Atlántica XXII. Es autor de "No hay país".

No sabemos aún si el apagón energético vino de Israel, si es que alguna vez nos enteramos. Pero el político, sin duda. Ver las imágenes de los niños hambrientos en Gaza o las bombas asesinas que arrasan vidas y viviendas de inocentes en el genocidio palestino, mientras el ministro Grande Marlaska sigue en su poltrona, después de ser pillado en su último gambazo, la compra de munición al Estado de Israel, es un corte violento de la conexión del gobierno con sus bases sociales. Apaga y vámonos, deben pensar muchos de sus votantes.

El miedo y el rechazo a la extrema derecha no lo aguantan todo. Cuando se acumula mucha tensión, basta una chispa para originar la explosión. Y Marlaska el pirómano encendió la cerilla.

Antón Losada lo expresó con acierto: el gobierno se pegó un tiro en el pie con las balas de Israel. Ha quedado cojo y cree que puede seguir andando. Es probable, pero tarde o temprano acabará desangrado.

El desafío a sus propios electores, no a los de derechas, mucho menos o nada sensibilizados ante el genocidio palestino o ante las decisiones de un ministro del Interior conservador, es mayúsculo. Una sonora bofetada al presidente Pedro Sánchez, que queda desautorizado ante la opinión pública. Y a todo su gobierno, incluyendo a Sumar y a Yolanda Díaz, retratada como palmera en un espectáculo lamentable que rentabilizarán las derechas y Podemos en el cainita enfrentamiento a la izquierda del PSOE. Un espacio éste que va camino de convertirse en un erial político y en la tumba del gobierno de Sánchez.

Hay variados y diversos precedentes en episodios protagonizados por Marlaska que debieron provocar su cese

Hay variados y diversos precedentes en episodios protagonizados por Marlaska que debieron provocar su cese, pero este último error, en el benevolente lenguaje del gobierno, supera todos los registros. Mercadear con el Estado de Israel con munición, tras anunciar Pedro Sánchez en sede parlamentaria que no lo haría, aprovechando las vacaciones de Semana Santa, ya es grave y debería resultar definitivo para el ministro chapucero, inmoral y mentiroso. Pero tener que soportar después cómo anuncia que el contrato se cancela para decir horas más tarde lo contrario por órdenes de Sánchez resulta insoportable para la cultura democrática, tan castigada por cargos públicos como el ministro del Interior.

Marlaska es un político de derechas en un gobierno de izquierdas que fue nombrado por el PP miembro del Consejo General del Poder Judicial. Pero como en el Ministerio de Interior, al igual que en el de Defensa, solo hubo ministros de derechas, aunque gobernase el PSOE, desde 1977, esa excentricidad se hizo hábito.

El personal entiende que para los pilares del Estado, la Policía, la Guardia Civil y el Ejército, lo natural es el orden y la autoridad que caracterizan el ideario conservador. Pero el Estado de Derecho no es el Estado de Derechas y Marlaska debería saber que el respeto a los derechos humanos, a las leyes y normas por las que se rigen las instituciones, o simplemente el decoro político y la dignidad personal, son de obligado cumplimiento democrático.

¿Qúe hace falta en España para que dimita o sea cesado un político? Solo lo vemos cuando es pillado con las manos en la masa. Marlaska ya debió ser cesado por sus políticas y su insensibilidad en el tema de la inmigración. Que siga ahora paseando su cartera desborda todos los límites y los vasos de la paciencia democrática. Pedro Sánchez (y Yolanda Díaz) une su suerte al exjuez, demostrando una debilidad interna en su propio gobierno que se suma a la externa por falta de apoyos parlamentarios.

Actualidad

spot_img