El L.E.V 2025 bajó el telón este domingo tras un intenso fin de semana de conciertos, proyecciones, performances e instalaciones audiovisuales, que volvió a reunir a centenares de personas para disfrutar de un cartel que unas veces puede gustar más, y otras menos, pero que siempre contiene perlas reconfortantes.
Un programa ecléctico, con un poco de todo, desde electrónica analítica para disfrutar sentados en el teatro, hasta propuestas más fiesteras para darlo todo en la nave de LABoral o en el Tendayu del Muséu del Pueblu d´Asturies, en lo que es toda una electro-romería que cada año se consolida como uno de los mejores momentos del festival, y que tiene su ya tradicional continuación no oficial en el merendero de Casa Arturo, previa a la ascensión, no solo física, hasta el Teatro de la Laboral.
Sin aglomeraciones, con un enorme buen rollo entre los asistentes, y una media de edad que ronda los cuarentaymuchos, algo menos en la parte más folixera y noctámbula, el L.E.V sobrevive en la programación cultural asturiana como una de sus citas más originales y auténticas, alejada de la concepción de los festivales como eventos comerciales y sin alma, fotocopiados entre sí para mayor gloria de la industria musical y turística.
Su existencia es un lujo para Asturies y para los amantes del arte y las músicas de vanguardia. Conectar con las nuevas generaciones es ahora el gran reto de este gran festival que ahora se expande también al Pozu Santa Bárbara de Mieres y al Matadero de Madrid.
Fotos: Gema Segura














































