“La huelga de los actores fue un grito de justicia al final del franquismo”

Alberto Alonso y Vicente Cuesta fueron don de los miembros de la Comisión de los Once del paro de espectáculo de 1975.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Este 2025 marca el 50 aniversario de uno de los movimientos más significativos en la historia cultural y política de España: la huelga de actores de 1975. Con motivo de este medio siglo de lucha, el Ateneo Obrero de Xixón y la Escuela Superior de Arte Dramático de Asturias, en colaboración con la Fundación Municipal de Cultura de Xixón, organizó esta semana en el CMI de El Llano unas jornadas conmemorativas que contaron el miércoles 7 de mayo con una mesa redonda titulada “La huelga”. En ella se reunieron varios protagonistas de aquella movilización y de la memoria histórica del sector cultural, destacando la participación de Lola Salvador, escritora, guionista y directora de cine, y de los actores Alberto Alonso y Vicente Cuesta. Ellos dos fueron integrantes de la famosa Comisión de los Once que lideró el movimiento. La moderación estuvo a cargo de Mayra Fernández, vicepresidenta de EscenAsturias.

Reuniones clandestinas

En el convulso contexto de la España de principios de los años 70, aún bajo el régimen franquista, los actores españoles se veían obligados a soportar unas “condiciones laborales insostenibles”. La censura estatal, sumada a la falta de estabilidad en los contratos y a la nula cobertura social y sanitaria, había generado un caldo de cultivo para el descontento. Los teatros y los platós de televisión estaban gobernados por una legislación anticuada. Solo favorecía a los empresarios y les otorgaba una absoluta libertad para explotar a los trabajadores del espectáculo. Sin embargo, los años previos a 1975 fueron testigos de un lento pero firme despertar de conciencia en el gremio.

Alberto Alonso. Foto: David Aguilar Sánchez.

En la charla celebrada en El Llano, los protagonistas de la huelga volvieron a recordar aquellos primeros días de lucha. Alberto Alonso, con la claridad y contundencia de quien vivió en carne propia las dificultades del sector, relató cómo la huelga surgió como respuesta a una situación límite. “Los actores no teníamos derechos”, comenzó Alonso. “Nos obligaban a hacer dos funciones diarias sin descanso, los sueldos eran ridículos y no había representación sindical que defendiera nuestros intereses. El sindicato oficial, que estaba controlado por el régimen, solo representaba a las empresas. Lo que te ofrecían, si tenías suerte, era una pensión compartida con otro compañero o, a lo sumo, un hotel muy barato. Pero esa situación no era más que una falsa estabilidad. Muchas veces ni siquiera podías pagar un alojamiento digno, te mandaban a compartir camas en pensiones.”

Vicente Cuesta añadió: “La juventud de entonces, como la nuestra, no tenía nada que ver con el régimen”, dijo con firmeza. “Nosotros nacimos en la posguerra, pero con una visión del mundo que ya no correspondía al franquismo. A pesar de la represión, fuimos viendo otras realidades. Eso nos hizo cuestionar el sistema”. Subrayó también la distancia generacional entre los actores jóvenes y los más veteranos: “Los actores más mayores eran más conformistas o incluso se sentían más cómodos con la situación. Los actores mayores de izquierda, la mayoría de los cuales habían sido represaliados o se habían tenido que exiliar, no podían intervenir de manera abierta.”

“La huelga adquirió una dimensión mediática sin precedentes: el mundo de la cultura y el entretenimiento se pararon por completo”

La huelga que superó las expectativas

Con este contexto, la huelga comenzó a tomar forma. “La primeras conversaciones surgieron en tertulias informales, en bares, siempre con cuidado. Luego nos empezamos a reunir en despachos de abogados como el de Cristina Almeida”, recordó Alberto Alonso. “Y ahí comenzamos a organizarnos, a discutir cómo conseguir unas condiciones laborales mínimas. Ese fue el germen de lo que más tarde se convertiría en la Unión de Actores. Queríamos un sindicato que naciera de las asambleas de los propios trabajadores, con autonomía total para tomar nuestras decisiones.”

Alonso enfatiza que “fue un proceso difícil porque nos estábamos metiendo en un terreno completamente desconocido. Al principio, nuestra experiencia se limitaba a tener buenas intenciones, pero no sabíamos bien cómo funcionar en un terreno tan complicado. Nosotros, que apenas conocíamos la política, nos lanzamos a esa Asamblea, donde se discutían las condiciones laborales. Fue ahí donde nació la famosa Comisión de los Once, que sería el núcleo de la huelga.”

Las demandas de los huelguistas eran claras: contratos escritos, jornada laboral regulada, el pago de la Seguridad Social, descansos legales y una representación sindical genuina y democrática.

Alberto Alonso y Vicente Cuesta. Foto: David Aguilar Sánchez.

La convocatoria de la huelga, en principio limitada al mundo del teatro, pronto encontró un apoyo inesperado en el cine y la televisión. Grandes figuras como Adolfo Marsillach, Ana Belén o Fernando Fernán Gómez se sumaron al movimiento. La huelga adquirió una dimensión mediática sin precedentes. El mundo de la cultura y el entretenimiento se pararon por completo. No había cines, ni teatros, ni espectáculos. Era imposible ocultarlo. Su repercusión se convirtió en una amenaza directa al régimen franquista. Este trató por todos los medios de sofocar la protesta.

Comienzan las detenciones

El 8 de febrero de 1975, la situación alcanzó su punto álgido cuando la policía irrumpió en el Teatro Bellas Artes de Madrid durante una asamblea de actores que discutían sobre cómo seguir con la huelga. Allí, ocho miembros del movimiento fueron detenidos, incluidos actores conocidos como Tina Sainz, José Carlos Plaza, Antonio Malonda y Yolanda Monreal. Estos detenidos fueron acusados de pertenencia a ETA y al Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP), grupos que el régimen utilizó como excusa para criminalizar la protesta.

“A esas alturas todos se habían dado cuenta que la huelga había adquirido una magnitud que ni habían buscado ni esperaban.”

Vicente Cuesta lo contó así: “Al principio, se había decidido arrestar a cuatro o cinco, pero luego la cosa se complicó, la policía empezó a llevarse a más personas y ahí la situación se volvió más tensa.”

A lo largo de esa semana, más artistas fueron arrestados, entre ellos Rocío Dúrcal, Pedro Mari Sánchez y Flora María Álvaro. Fue en este momento cuando Lola Flores, quien ya había suspendido sus actuaciones bajo el pretexto de una afonía, intervino y negoció la liberación de Rocía Durcal.

“Incluso los artistas más o menos vinculados con el régimen o que simpatizaban o se sentían cómodos en él se vieron arrastrados por la solidaridad de aquellos días”, describió Vicente Cuesta.

A esas alturas todos se habían dado cuenta que la huelga había adquirido una magnitud que ni habían buscado ni esperaban. La prensa internacional se hacía eco de lo que estaba sucediendo y había presiones sobre el gobierno español. “Las detenciones fueron la forma en que la dictadura quiso acabar con aquello, quisieron cortar por lo sano, meter miedo.” Y reconoció que lo consiguieron.

Vicente Cuesta. Foto: David Aguilar Sánchez.

Desenlace y represalias

Se dieron cuenta que tenían compañeros detenidos y el régimen pedía dinero para liberarlos. Casi como un rescate con apariencia de legalidad. “Nos llegó ayuda económica desde el extranjero para que pudiéramos aguantar con la huelga y pagar lo que nos pedían”, recuerdaron ambos. “Y al final, en una de las reuniones con los responsables políticos, Adolfo Marsillach también estaba presente, se nos dejó claro que si cortábamos la huelga podríamos liberar a los detenidos. Y así fue. Así tuvo que ser.”

Finalmente, la huelga se desconvocó el 13 de febrero, después de intensas negociaciones que incluyeron la liberación de los detenidos, pero también la imposición de importantes sanciones económicas. La lucha por las condiciones laborales no se resolvió de inmediato, pero abrió la puerta a una mayor regulación del trabajo artístico en el futuro. La instauración de la democracia, tras la muerte de Franco, permitió que el sector cultural español avanzara en algunos aspectos hacia una normalización de los derechos laborales, con la firma de convenios colectivos y la creación de sindicatos independientes, como la Unión de Actores y Actrices.

“Mientras en Francia los sindicatos del espectáculo lograron una victoria histórica mediante la movilización, en España la legislación ha avanzado a un ritmo más lento”

No obstante, ambos actores no son tan optimistas con esta conclusión: “Tras aquello hubo represalias. Muchos estuvimos varios años sin poder trabajar”, afirmó Alberto Alonso que reconoce tuvo que crear su propia compañía para poder volver a los escenarios.

El Régimen de Intermitentes del Espectáculo en Francia

Alberto Alonso y Vicente Cuesta opinan que “aquel espíritu de unión se terminó cuando llegó la democracia. Para ellos es poco lo que se consigue a día de hoy.” “España está muy alejada de los derechos que disfrutan los artistas en Francia”, admiten.

El régimen de intermitentes del espectáculo en el país galo es una victoria histórica conseguida por los sindicatos del espectáculo. Este régimen permite que los actores, actrices, bailarines, músicos y demás profesionales del sector cultural puedan acceder a un seguro de desempleo si cumplen con ciertos requisitos de trabajo.

La clave de este sistema radica en que, al demostrar que se vive del arte y que se realizan suficientes horas o días trabajados al año, los trabajadores del sector cultural tienen derecho a un paro largo y sostenido. Ello les brinda una estabilidad económica entre un proyecto y otro. Es un sistema que se puede comparar a las “peonadas” del campo andaluz.

Alberto Alonso y Vicente Cuesta. David Aguilar Sánchez.

En España, la idea de crear un sistema similar al régimen de intermitentes del espectáculo también surgió durante la transición política. Pero nunca llegó a consolidarse. En parte, esto se debió a la resistencia de algunos sectores empresariales, que no querían asumir los costos asociados a un sistema como el francés. Además, la falta de una estructura sindical unificada y la fragmentación del movimiento sindical cultural dificultaron la presión necesaria para implementar un modelo similar. “Es irónico que con la llegada de la democracia se desactivaran mucha de aquella solidaridad que incluso llevó gente a la cárcel.”

Mientras en Francia los sindicatos del espectáculo lograron una victoria histórica mediante la movilización, en España la legislación ha avanzado a un ritmo más lento.

“Las condiciones actuales siguen siendo injustas para muchos actores y artistas”

¿Qué queda pendiente?

A 50 años de la huelga de actores de 1975, los problemas laborales en el sector cultural de España siguen siendo una preocupación constante. Aunque se han dado pasos importantes, como la creación de sindicatos y la mejora de algunas condiciones laborales, la estabilidad del trabajo artístico sigue siendo una cuestión pendiente. El legado de la huelga sigue siendo relevante, un recordatorio de la lucha por los derechos laborales que continúa hoy.

Una de las asambleas de la huelga de actores y actrices.

Vicente Cuesta hizo una reflexión: “La huelga de los actores fue un grito de justicia al final del franquismo. A veces, miro atrás y veo que aunque logramos algo, no sé bien qué, la lucha no terminó en 1975. Es algo que sigue porque las condiciones actuales siguen siendo injustas para muchos actores y artistas.”

Este testimonio subraya, según Alberto y Vicente, que la huelga de 1975 no solo dejó una huella histórica, sino también una lección continua sobre la importancia de seguir luchando por los derechos de los artistas en el presente y el futuro.

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