Ayer, lunes 2 de junio, se inauguró en el Centro Niemeyer de Avilés la exposición Dear Martin! – Martín Chirino en los Estados Unidos, una muestra que recorre la huella transatlántica del escultor canario con más arraigo en el arte norteamericano del siglo XX.
Hasta el próximo 21 de septiembre, la Cúpula del Niemeyer se convierte en punto de encuentro entre dos orillas del arte: la de un creador profundamente vinculado a su origen insular, y la de un país —los Estados Unidos— que no solo acogió su obra, sino que la comprendió, la expuso y la coleccionó como pocas veces ha sucedido con un artista español contemporáneo.

Con motivo del centenario de su nacimiento (1925–2019), la exposición Dear Martin! revela por primera vez la intensidad de esa relación. Lo hace a través de un conjunto de 27 esculturas y alrededor de treinta dibujos, junto a documentos, fotografías, material audiovisual y hasta piezas musicales que evidencian la influencia —y el afecto— que Chirino dejó al otro lado del Atlántico.
“Hasta ahora se sabía que había viajado y expuesto en Estados Unidos, pero no existía una imagen completa. Esta exposición aporta por fin un relato detallado y documentado de ese vínculo”, explica Alfonso de la Torre, comisario de la muestra.
“Martín Chirino fue el artista español de posguerra más respetado y arraigado en el contexto norteamericano”
Una correspondencia transoceánica
El título de la exposición no es gratuito. Dear Martin! remite al tono epistolar de las cartas conservadas entre el artista y la galería Grace Borgenicht, que representó a Chirino en Nueva York desde 1960. Buena parte del proyecto nace del estudio de esos archivos, hoy custodiados en los Archives of American Art del Smithsonian Institution. A través de esta documentación, el comisario Alfonso de la Torre, en colaboración con la Fundación Martín Chirino y la familia del artista, ha podido reconstruir con precisión los vínculos entre Chirino y el ecosistema artístico estadounidense.
“Fue el artista español de posguerra con mayor número de exposiciones individuales en Estados Unidos. Y el más coleccionado también”, afirma el comisario.

De la Torre subraya que esta presencia superó incluso a la de figuras consagradas: “Superó, en ese sentido, a grandes mitos como Picasso, Miró o Tàpies. Tal vez incluso a Dalí. Martín Chirino fue el artista español de posguerra más respetado y arraigado en el contexto norteamericano”.
La investigación demuestra que el escultor canario fue, tras la posguerra, el artista español con mayor presencia expositiva en Estados Unidos: más de una decena de muestras individuales y muchas colectivas, algunas desde el mítico MoMA, que ya incluyó su obra en la histórica muestra New Spanish Painting and Sculpture, comisariada por Frank O’Hara en 1960.
“Chirino no solo conectó con los grandes museos o críticos del momento. También con la cultura popular, con músicos, con otras formas de sensibilidad artística.”
Una muestra con vocación inmersiva
Lejos de una simple retrospectiva, Dear Martin! se organiza por capítulos temáticos y cronológicos, siguiendo la manera en que el propio Chirino concebía su obra: en familias, en series que avanzan, se cruzan y se ramifican como el viaje de un caminante constante. Porque eso era Chirino: un wayfarer, un caminante sin nostalgia —como él mismo se definía— que veía el desplazamiento no como huida, sino como forma de comprensión.
“Nunca fui nostálgico. Siempre sentí esa llamada interior que me empujaba a moverme, a buscar”, recordaba el propio Chirino en una conversación con De la Torre, incluida en el proceso de investigación.

La muestra respeta también el modelo de exhibición que Chirino empleaba en Estados Unidos: esculturas y dibujos conviviendo, dialogando en el mismo espacio, como partes de un mismo cuerpo. A este núcleo plástico se suman materiales audiovisuales, entre ellos un documental del cineasta Hart Perry rodado en EE.UU., una pieza del NO-DO, correspondencia personal, publicaciones y música, incluyendo una evocación sonora del cantante y coleccionista Bobby Short.
“Chirino no solo conectó con los grandes museos o críticos del momento. También con la cultura popular, con músicos, con otras formas de sensibilidad artística”, señala De la Torre.
Entre las obras expuestas, destaca La espiga, del IVAM, que inauguró su primera muestra individual en la galería Borgenicht, o una escultura que atrajo la atención del propio Rockefeller durante una visita a Madrid en 1964. Cada pieza cuenta con una cartela explicativa que desvela su conexión concreta con el mundo norteamericano.
“Él pasaba sus veranos en Tapia de Casariego. Asturias era su refugio y su lugar de concentración. Esta muestra también le devuelve a ese paisaje íntimo”
Entre lo local y lo global
La elección del Centro Niemeyer como sede no es casual. Chirino veraneó en Asturias durante décadas, estableciendo un vínculo afectivo con la región. La exposición forma parte del programa oficial del centenario del artista, en paralelo a otras muestras como la del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM).
“Él pasaba sus veranos en Tapia de Casariego. Asturias era su refugio y su lugar de concentración. Esta muestra también le devuelve a ese paisaje íntimo”, recuerda el comisario.

Pero también es significativa desde una perspectiva cultural más amplia. Chirino anticipó con décadas de antelación un tipo de artista global, que sin renunciar a sus raíces —la forja, el viento, la espiral— supo mirar más allá del horizonte insular. Como apuntó el comisario, “su obra está tan arraigada en la tierra como abierta al mundo”.
Y Chirino regresa a la tierra que fue su refugio estival, no como viajero que vuelve, sino como creador cuya obra, forjada entre orillas, sigue caminando sola.

Información práctica
La exposición puede visitarse con horario ampliado durante el verano. Hasta el 22 de junio, abre de lunes a domingo, de 11 a 14 h y de 16 a 19 h. A partir del 23 de junio y hasta el 7 de septiembre, el horario vespertino se alarga hasta las 20 h. Del 10 al 21 de septiembre, abrirá de miércoles a domingo con el horario habitual. La entrada general cuesta 4 € (reducida: 3 €), con gratuidad en la última hora de apertura cada tarde, previa retirada en taquilla.
Los textos de sala están adaptados con accesibilidad en lengua de signos española mediante QR. Las entradas pueden adquirirse en taquilla o en la web del Centro Niemeyer.



























