Charanga Ventolín: la alegría como forma de lucha y esperanza

Un repaso a la historia de la banda que lleva desde los 80 acompañando la movilización social en Asturias.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Este sábado 7 de junio, a las 19:30h, la Escalerona de Xixón volverá a llenarse de música y de gente. No es noticia nueva, pero esta vez tendrá un significado especial. NORTES celebra cinco años de vida con una espicha abierta en Les Cigarreres, una fiesta de apoyo al medio asturiano que contará con el acompañamiento musical de la Charanga Ventolín. Ellos abrirán la jornada con un pasacalles desde el Muro hasta el recinto festivo. No será una actuación más: es una declaración de intenciones.

De los vientos de la mitología al sonido de la rebeldía

“Cuando la fundamos queríamos una charanga distinta. Que diera alegría, pero que también se mojara”, recuerda Miguel San Miguel, uno de sus fundadores y alma de la Ventolín. Hace 43 años que un pequeño grupo de personas con inquietudes musicales y compromiso social decidió organizarse para hacer algo más que tocar por tocar. Buscaban alegrar calles, pero también acompañar luchas. Que el ritmo no estuviera reñido con la reivindicación.

charanga ventolín
Charanga Ventolín.
Una de las primeras formaciones.
La Ventolín en el Antroxu de Xixón.
Antroxu carbayón.
Formación clásica.

El nombre no fue casual. “Ventolín” hace referencia al genio de los vientos de la mitología asturiana. Nada que ver con el medicamento homónimo, aclara entre risas San Miguel. El nombre, como el grupo, es un soplo de aire fresco con raíces profundas. Simboliza ese impulso invisible pero vital que pone en movimiento las cosas. Y la música, en su caso, ha sido ese viento.

Música para vivir y luchar

Desde entonces, su presencia se ha vuelto habitual en manifestaciones, actos solidarios, marchas, recitales, carnavales y todo tipo de celebraciones populares. Desde la campaña contra la OTAN en 1986 hasta el 8M en Madrid, pasando por la Marcha de Hierro, las movilizaciones mineras, el 15M, el apoyo al pueblo palestino o el homenaje a “La Nueve” en París, la Ventolín no ha dejado de sonar donde había algo importante que decir, y que tocar.

En París recibieroN una medalla de la ciudad por su participación en los actos conmemorativos de la entrada de la compañía “La Nueve”

Han estado en Toulouse por el Primero de Mayo, en festivales de charangas en Serbia, en teatros como el Jovellanos de Gijón o el Filarmónica de Oviedo, llevando su música a recitales poéticos sobre la Segunda República. En París, recibieron una medalla de la ciudad por su participación en los actos conmemorativos de la entrada de la compañía formada casi íntegramente por españoles y destacada en la liberación de la ciudad. En Gijón, el Ayuntamiento les otorgó la Medalla de Plata de la ciudad y el Premio Rubio Ballesteros por su trayectoria cultural

A menudo, sus actuaciones surgen por llamada directa de los movimientos sociales. “Cuando hay una huelga, una protesta, una causa que lo merece, muchas veces nos dicen: ‘¿Podéis venir a tocar?’. Y si hay efectivos suficientes, allá vamos”, cuenta San Miguel. La música no como fin, sino como forma de estar presente.

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En Bermeo apoyando a la Flotilla de la Libertad.
Charanga Ventolín en la Semana Negra, Foto: Pedro Timón
Charanga Ventolín Foto: David Aguilar Sánchez

Un repertorio que se adapta al corazón de cada causa

Su música tiene alma de calle y memoria de pueblo. Suena Bella Ciao y el cuerpo se levanta. Suena La Internacional y los puños se aprietan. En sus recitales poético-musicales, la charanga recorre la historia con canciones de la República, la Guerra Civil o la resistencia europea. Carmela, El puente de los franceses, el Cant dels ocells, Si me quieres escribir, Las barricadas… Cada pieza encuentra su lugar según el contexto, la emoción y el mensaje.

“Cuando tocamos por Palestina, el repertorio cambia. Cuando celebramos el día de la República, también. Hay canciones para bailar y otras para pensar. Unas te llevan a la alegría y otras al nudo en la garganta. Pero todas tienen sentido”, explica San Miguel. Porque en Ventolín no hay impostura. El compromiso es real. Y la música, también.

“Ventolín no es una banda al uso: es un espacio de aprendizaje y de respeto, sin jerarquías.”

“Cada canción tiene su momento”, dice San Miguel. “Hay días para tocar fuerte y levantar el ánimo, y otros para acompañar el silencio de una causa herida. La música tiene que saber cuándo hablar alto y cuándo hablar hondo”. En momentos de duelo colectivo, han interpretado piezas como La nana de Falla, elegidas no solo por su belleza, sino por su capacidad de abrazar el dolor sin apagar la esperanza.

Escuela popular, sin dogmas ni estrellas

Han pasado ya unas 40 personas por la charanga desde sus inicios. Algunas fallecieron, otras se marcharon. Pero la esencia permanece. Ventolín no es una banda al uso: es un espacio de aprendizaje y de respeto, sin jerarquías. Hay quienes tocan mejor y quienes están empezando, pero nadie vale más que nadie. Y todos comparten una misma regla de oro: “aquí se viene a sumar, no a destacar”.

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La Ventolín en Gascona, Uviéu.
Un 1 de Mayo en Toulouse
En París homenajeando a los republicanos que lucharon por la liberación de Francia.

El origen lo puso Francisco Galindo, músico militar retirado que enseñó los primeros acordes al grupo fundacional. Hoy ese legado lo recoge San Miguel, que a sus 81 años sigue enseñando solfeo, dirigiendo ensayos semanales y animando a nuevos músicos a incorporarse. “Nos estamos haciendo mayores, hay que pensar en el relevo. Pero ahora hay gente joven que está entrando, que toca en la Bandina, en otras charangas, y que viene con muchas ganas. Eso nos da esperanza”.

Instrumentos que cruzan fronteras

La diversidad también es sonora. A lo largo de los años han tocado con Ventolín músicos alemanes, ingleses, estadounidenses, turcos. Hombres y mujeres, jubilados y estudiantes. Saxos altos, flautas traveseras, trompetas, tubas, bombos, guitarras, platos, castañuelas, incluso un acordeón llegado desde la resistencia belga. Lo importante no es la ficha, sino el compás.

“No vamos a cualquier sitio a cualquier precio: hay que hacerlo con dignidad.”

En sus filas no hay egos ni aspiraciones de fama. Lo que une es el deseo de ponerle ritmo a la justicia, de bailar por la igualdad. “Somos una charanga feminista, republicana y antirracista. No tocamos para quien vaya en contra de los derechos humanos. Y eso lo sabe todo el mundo. Nadie se lleva a engaño”.

“Cada martes ensayamos, y ahí es donde se toman muchas decisiones”, cuenta San Miguel. “Si nos invitan a un acto, lo hablamos en el ensayo. Vemos si hay efectivos suficientes, si tenemos cubiertas las secciones básicas: la rítmica, los saxos, la tuba, las trompetas… No vamos a cualquier sitio a cualquier precio: hay que hacerlo con dignidad”. Esa lógica colectiva no solo estructura el grupo, sino que lo sostiene.

Un legado que suena a futuro

La Charanga Ventolín tiene muchos himnos, pero uno de los más profundos es su forma de estar en el mundo. No buscan titulares, sino el legado emocional. En cada calle donde suenan, en cada esquina donde hacen bailar, dejan algo más que notas. Dejan una idea de comunidad. Una chispa de alegría transformadora. Una música que no es evasiva, sino convocante.

“Tenemos una norma muy clara: de la tristeza no sale ni la lucha, ni la reivindicación, ni la transformación. Eso tiene que salir de la alegría, del gozo de la gente. Cuando estás animado, estás estimulado. Y la música contribuye a ese estímulo”, explica San Miguel. Es la filosofía de una banda que sabe que sin alegría no hay revolución posible. Y que en cada pasacalles puede soplar el viento de un mundo nuevo.

Este sábado, a las 19:30h, la Escalerona volverá a ser punto de partida. La Ventolín estará allí, abriendo con sus instrumentos los caminos del aniversario de NORTES. No hay mejor banda sonora para celebrar cinco años de periodismo crítico, alegre y comprometido. Como su música.

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