“Lo más importante para contar un cuento es saber callar”

El festival Tibleus rinde homenaje a Milio l´del Nido, pionero en el arte de contar historias, y en muchas cosas más.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

A los del Nido se les conocía así por la Lejía El Nido, una pequeña fábrica familiar ubicada en Ciudad Naranco, un barrio entonces semirural de la periferia ovetense, muy popular, de casas bajas con huerta, cercano al monte, la Cuesta, la cárcel, las vías del tren y los almacenes industriales, donde, como recuerda Milio, “se formaban grandes partidos de fútbol en las calles, que todavía estaban sin asfaltar”.

Los del Nido eran los abuelos, los padres, y ocho hermanos, dos de ellos tan conocidos con Chuso, histórico centrocampista del Real Oviedo de los años 70, y María Jesús Rodríguez, escultora, Medalla de Plata de Asturias en 2019. Todo esto lo contamos porque el Tibleus, el Festival de Cuentos y Narración Oral de Somiedo, homenajeará este año a Milio l´del Nido, con la entrega de un premio por parte de su director, David Acera, al contador de cuentos carbayón, pionero en Asturies en la recuperación de este arte, y en muchas cosas más.

Milio en el Paragües, donde trabajó de camarero en los 80. Foto: David Aguilar Sánchez

Cuenta Milio, nacido en 1944, que en los inviernos de su infancia las restricciones de luz eran frecuentes, y que para entretener a la familia “el güelu tenía la costumbre de contarnos historias”. “Era un paisano que había estado en Cuba, había visto mundo y sabía contarlo bien”. De esa experiencia aprendió un arte, en el que “lo más importante es saber callar”. “Un cuento no se puede contar acelerado, hay que saber hacerlo con calma” explica Milio, autor de varios libros, y para el que el cuento infantil es un invento moderno: “en las casas los cuentos siempre se contaron para todo el mundo, críos y vieyos“.

Pionero también en la recuperación de la música tradicional asturiana, Milio fue uno de los fundadores de Los Urogallos en 1974, y después de Andecha Folclor d´Uviéu, un grupo muy ligado a Ciudad Naranco, y por el que pasaron futuros maestros de la gaita asturiana como su hijo Flavio Rodríguez, y Xuacu Amieva, también vecino del barrio, pero con orígenes familiares en el Oriente asturiano. Fue precisamente en una de las salidas a Francia del grupo cuando Milio descubrió la costumbre francesa de contar cuentos en público para adultos. A la vuelta a la importó a Asturies, primero con su amigo Manolo de la Cabén, y más tarde en solitario.

Un anuncio de la Lejía El Nido.
Recorte de prensa de los años dorados del Balonmano Naranco.

La vida de Milio no se agota en los cuentos. Siempre activo e inquieto, fue en la Transición uno de los fundadores de la asociación vecinal de Ciudad Naranco, que luchó por lograr colegio e instituto para el barrio, así como el Parque de San Pedro, y años más tarde del mítico Balomnano Ciudad Naranco. También trabajó como camarero del pub El Paraguas en los años de Fernando Lorenzo al frente del refugio de la bohemia noctámbula local.

Jubilado tras trabajar en múltiples oficios, el último de ellos cocinero, Milio sigue estando disponible para casi cualquier liada, desde vestirse de Príncipe Aliatar a cocinar frixuelos por alguna buena causa. Cuando en 2011 un grupo de jóvenes ligados al 15M ocuparon la antigua Consejería de Sanidad para montar un centro social autogestionado, Milio fue el encargado de inaugurar La Madreña con una contada de cuentos alrrededor del fuego. Este domingo el Tibleus rinde homenaje a un “imprescindible” que es mucho más que un gran contador de historias.

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