Oviedo es una ciudad de abolengo y en sus calles siempre fue más importante parecer que ser. La destitución de Javi Calleja no nos cogió por sorpresa en Pedro Miñor. El único debate entre los seguidores del equipo carbayón, estaba en acertar si era un conductor de TUA o un cuadro de la FSA, aunque parecía el entrenador del Oviedo.
Para todos los que crecimos con el fútbol de los 80, el entrenador era como el Estado para Cornelius Castoradis, una institución imaginaria o en el mejor de los casos un mal necesario. Era otro fútbol, propiedad de los jugadores. Pablo Aimar, uno de los últimos jugones, sostiene que la raíz de esta mutación está en las calles de Argentina, no juega nadie, nadie.
Ahora todo se vuelve más previsible y los técnicos llegan a colonizarlo todo. Luis Enrique, un loco entrañable y seguro el mejor entrenador del mundo en la actualidad, lo ve todo claro desde su pedestal. Si fuera por él, los jugadores saldrían con un dispositivo electrónico capaz de emitir descargas eléctricas a su gusto para recordarles el plan de partido. No es de extrañar que sueñe con entrenar algún día al equipo del régimen.

Todo el mundo sabe que el reciente premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades Byung-Chul Han, desarrolló su tesis sobre la sociedad cansada viendo un Sporting – Cartagena de segunda división. El paisaje que describe el filósofo surcoreano es muy parecido al que se contempla desde la tribuna Lángara. Todos explotándonos a nosotros mismos creyendo que así nos autorrealizamos. Nos matamos a base de optimizarnos, nos olvidamos de jugar, quizás por eso, no acabas de conocer a una persona hasta que no juegas al futbol con ella. No hay creatividad sin juego y no hay un equipo en play-off que no sea de autor. En la liga Hypermotion ya no regatea nadie, nadie. Salvo Hassan.
Dios es serbio y se llama Dejan Bodiroga, cantaba la afición en su último mundial de baloncesto. De lo que se deduce que los serbios no creen en Dios, lo conocen. La llegada de Paunovic supuso primero una llama y luego un incendio. Aunque seguimos sin jugar a nada, por momentos parecíamos algo más que unos cuantos tipos que intentan pasársela entre ellos y empezamos a ser un equipo, que dejó de perder tácticamente todos los encuentros. Parecía que por fin llegaba el elegido, capaz de guiarnos al objetivo sublime.
En Oviedo desde que cerró La Real andábamos huérfanos de un templo, hasta el partido de hoy
Desde el primer día, todos nos dimos cuenta de que al serbio le susurraban al oído, ese autogol del Málaga no suele pasar en el Tartiere. Que el portero rival te meta un gol en el último minuto, y te deje sin ascenso directo, también lo vimos como una señal. En Huesca siguieron las intervenciones divinas. Hay quien vio el soplo del espíritu santo en esas que se fueron al palo en Almería o en la mano de Aaron en Miranda. Al último partido llegamos con fe, esperanza y miedo. La venta de iconos ortodoxos se multiplicó en la capital y todo el mundo ponía velas, incluidos la gente de izquierdas, que, aunque el nihilismo nos atrapa y cualquier posibilidad de transcendencia nos pone muy nerviosos, se las ponemos a Pepe Mújica.
En Oviedo desde que cerró La Real andábamos huérfanos de un templo, hasta el partido de hoy. Todo hubiera sido más fácil y más justo si se hubieran abierto las puertas. Todos pudimos escuchar que minutos después del inicio de partido los tornos seguían pitando, aunque el aforo estaba completo. La entrada fue de treinta mil, pero ni Jiménez de Oso puede asegurar cuantas almas había alrededor de ese trozo de prao. Estabamos todos, vivos o muertos. En horas nadie recordará que empezamos perdiendo y cada uno contará a su manera el penalti de Cazorla, y así tiene que ser. Lo cierto nos lo llevamos en el cuerpo los presentes. Con el gol de Portillo la estructura de la realidad se modificó durante un aliento y era imposible distinguir la realidad y el sueño.
Para Jacabo Grinberg neurofisiólogo mexicano, los objetos, son distorsiones complejas en la Lattice (red matriz). Las actividades neuronales son micro distorsiones de esta estructura básica del espacio que interactúan entre si formando una macro distorsión compleja llamada campo neuronal, la percepción surgirá pues, de la interacción del campo neuronal y la Lattice. Zicek es más buscar en largo que de salir jugando desde atrás y no define al objeto como algo real (causa de deseo) sino como algo perdido inalcanzable que actúa como motor del deseo y que organiza la subjetividad del individuo. El objeto sublime, sería entonces, un objeto cargado de un exceso de sentido, una condensación simbólica, una ilusión necesaria. Estos objetos sublimes actúan como núcleos de identificación y fantasía. La nación, el partido, el pueblo, el líder carismático, el ascenso del Real Oviedo.

Por eso acabamos de subir y cada vez son más las voces que quieren volver a bajar para demostrarnos una vez más que podemos volver a pisar el lodo. Volveremos a tercera, no hay nada que temer. Al parecer el Patrón ya tiene encargado a un grupo de mariachis, otro himno, titulado, ojalá encuentres a alguien que te quiera como yo quiero al Real Oviedo. En primera o en tercera yo te quiero Oviedo, será el estribillo. Toda una afirmación de amor incondicional.
Mientras tanto por las calles esta ciudad, con las hogueras derritiendo todo lo que queda de viejo en nosotros, andamos todos un poco como los Fabulosos Cadillacs en su “Padre Nuestro”, con el alma escapada y la conciencia mareada, esperando ver amanecer y que alguien nos recuerde que seguimos vivos. A lo mejor el lunes alguien baja a jugar y los cristales se rompen.



























