Vox y Queipo

¿Cúanto puede movilizar al votante progresista el temor a un Gobierno asturiano condicionado por la ultraderecha?

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

La economía asturiana va bien, el desempleo baja, pero las expectactivas de las izquierdas asturianas son más frágiles que nunca. El clima político nacional e internacional, el desgaste del PSOE, la división del espacio político a su izquierda, y la unificación de PP y Foro, podrían propiciar dentro de dos años el primer gobierno de las derechas asturianas desde el efímero gabinete Cascos: 2011-2012. La sensación es que de imponerse las derechas, esta vez no sería de manera coyuntural, sino para una larga temporada, como en Andalucía… o Xixón. El sentido común de la sociedad asturiano podría cambiar de manera irreversible.

En 2023 faltó muy poco para que el sorpasso fuera posible. Tan solo la torpeza de Diego Canga a la hora de hacer una oferta atractiva a Foro. Hoy esos problemas parecen despejarse con una nueva dirección del PP que ha entenido que los buenos acuerdos no se consiguen con humillaciones ni obligando a nadie a pasar por debajo del futbolín. Todo el mundo da por hecho que, pese a las tensiones en el gobierno gijonés, PP y Foro concurrirán en 2027 en una misma papeleta, al menos en las elecciones autonómicas.

Álvaro Queipo y Adrián Pumares. Foto: Foro Asturias
Balance de legislatura de Vox. Foto: Vox.

Un hipotético gobierno de Álvaro Queipo necesitaría también los votos de Vox, y aquí empiezan los problemas para el candidato del PP y su objetivo de convertirse en un Juanma Moreno Bonilla a la asturiana. Queipo busca desmovilizar al electorado de izquierdas con una imagen que no asuste: regeneración, un cambio tranquilo… Vox necesita en cambio reafirmar su identidad frente a la tentación del voto útil al PP. La pasada semana el partido ultra hacía balance de legislatura con ataques al 0 a 3 gratuito y el “estado de bienestar para los subvencionados y no para los que se esfuerzan”, promesas de dejar en la calles a los sindicatos de clase, bulos sobre el asturiano y el colectivo LGTBI, o la caracterización del Gobierno Barbón como “un apéndice del nacional cuya prioridad es la ideología woke, un virus que mata los sectores productivos y que defienden tanto PP como PSOE en Europa, a través de la Agenda 2030”. Todo ello a pesar de que la economía asturiana vive su momento más dulce en décadas, el Gobierno ha aprobado una Ley de Proyectos Estratégicos bendecida por FADE y la Cámara de Comercio, complace al sector ganadero en la cuestión del lobo, reabre una mina de carbón en Cangas del Narcea aplicando la “doctrina Belarmina Díaz”, y celebra los nuevos proyectos ligados a la industria armamentística.

La estrategia de Queipo, a lo Moreno Bonilla o Carmen Moriyón, neoliberalismo con rostro amable, no soliviantar a la izquierda en temas sensibles o emocionales, choca con la necesidad y pasión por la guerra cultural de Vox, donde Javier Jové, declarado admirador de Trump y Milei, está a los mandos ideológicos de la nave. Quizá sea uno de los políticos de la Junta General que más creen en sus principios. No es un vividor, es un cruzado.

¿Cúanto puede movilizar al votante progresista el temor a un Gobierno asturiano condicionado, desde dentro o desde fuera, por Vox? Está por ver. Es ahí donde está a día de hoy el eslabón más débil del Álvaro Queipo, y la principal oportunidad de las izquierdas para salvar el Gobierno. En el PP asturiano son conscientes. En los medios de comunicación que trabajan por una mayoría de derechas en 2027, también.

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