La Asociación de Vecinos Gigia de Cimavilla ha convocado una concentración vecinal para el jueves 24 de julio a las 19:00 horas en la Casa del Chino, Xixón, desde donde partirá un Paseo Protesta que recorrerá algunos de los puntos más emblemáticos del barrio. Bajo el lema “Cimavilla, un barrio donde poder vivir”, los vecinos y vecinas pretenden visibilizar el creciente malestar por lo que consideran una política municipal que favorece los intereses del turismo y el ocio nocturno en detrimento de la vida cotidiana de quienes residen allí.
“La gota que ha colmado el vaso ha sido la instalación del llamado Paseo Gastro”, explica Sergio Álvarez, presidente de la asociación vecinal. Se refiere a las ocho casetas hosteleras colocadas por el Ayuntamiento en la calle Claudio Alvargonzález, una de las principales vías de salida de la península. “Han cortado totalmente el paso por esa calle durante prácticamente un mes, entre montaje, funcionamiento y desmontaje”, denuncia.
Reclamaciones históricas
No se trata de una queja puntual. Según explica la asociación, Cimavilla lleva años sufriendo las consecuencias de una sobrecarga de eventos y celebraciones que acaban desbordando su limitada estructura urbana. La última acción municipal, denuncian, ha sido directamente contradictoria con las peticiones vecinales.

“Hay dos problemas históricos: los cortes constantes de tráfico, que nos aíslan, y la presión del ocio nocturno y diurno, que impide el descanso”, resume Álvarez. “Y el Paseo Gastro reúne los dos.”
Además, los vecinos afirman que la medida se tomó sin ningún tipo de consulta previa. “Nos enteramos por la prensa. Ni información, ni reunión, ni debate. Y eso que nos pasamos años oyendo hablar de participación ciudadana”, lamenta el portavoz.
Un barrio tensionado
El “Paseo Protesta” no es una acción aislada. Se enmarca dentro de una serie de movilizaciones que comenzaron con la recogida de firmas iniciada el 2 de julio. En apenas dos semanas, se han reunido más de 1.000 apoyos puerta a puerta, en portales, comercios y bares del barrio. En Cimavilla hay censadas unas 2.000 personas. “Nos parece un número muy significativo, que muestra que el malestar es generalizado”, subraya Álvarez.
El cartel de la manifestación, con estética popular e ilustraciones costumbristas, llama a los vecinos a acudir vestidos con pañuelo de cuadros y camiseta negra, como gesto de identidad barrial. La protesta también será simbólica: recorrerá espacios concretos como la Cuesta del Cholo, Artillería, Plaza de la Soledad o el propio Claudio Alvargonzález, recogidos en un mapa de conflictos vecinales elaborado por la asociación, donde se detallan los problemas de ruido, vandalismo, acumulación de personas y bloqueo de tránsito peatonal y rodado.

“Lo que pedimos no es prohibir el ocio. Cimavilla es un barrio vivo, y eso nos gusta. Pero sin equilibrio, sin control, sin límites, el barrio se convierte en un parque temático. Y Cimavilla sin su gente no es Cimavilla”, defiende Álvarez.
Reconocimiento, pero sin solución
Los vecinos mantuvieron una reunión con responsables de Festejos y Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento tras solicitarla formalmente. En el encuentro, el Ayuntamiento reconoció la saturación de la vía, la necesidad de aumentar la presencia policial y los problemas de convivencia. Pero, según la asociación, también dejó claro que el Paseo Gastro seguiría adelante.
“Nos pareció una línea roja. Si reconoces que es una mala ubicación, no puedes seguir adelante como si nada. Pero parece que pesan más otros intereses”, sostiene Álvarez. La asociación señala que incluso parte del propio sector hostelero de Gijón está en contra de este tipo de actuaciones.
Más allá del verano
La crítica vecinal no se limita al evento de la Semana Grande. “Este es solo un síntoma de un modelo de ciudad que ve Cimavilla como un producto turístico y no como un lugar para vivir”, afirma Álvarez. Entre los problemas que denuncian están también la falta de acceso a vivienda, la turistificación, y la progresiva transformación del barrio en un lugar donde se puede trabajar… pero no vivir.
“No queremos ser la Ibiza del norte”, remata el presidente vecinal. “Aquí también queremos poder descansar, criar, trabajar y vivir. No pedimos privilegios, pedimos sentido común. Pedimos vivir.”





























