Calais, la frontera que mata: la Caravana Abriendo Fronteras alza la voz

Dos asturianos participan en este colectivo internacional que denuncia las violencias fronterizas.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Calais no es solo una ciudad. Es una herida abierta en Europa. Un lugar donde más de 1.800 personas migrantes sobreviven sin agua potable, sin cobijo, sin tregua. Un paisaje que esconde tiendas rasgadas y desalojos violentos. Pero desde hace una semana, Calais también ha sido el punto de encuentro de la Caravana Abriendo Fronteras 2025, una red transnacional de activistas que recorre las fisuras de la “Europa fortaleza” con una consigna clara: denunciar las políticas migratorias que ponen en riesgo la vida de las personas que se hacinan en las fronteras

“Esto no es nuevo”, explica el asturiano Ricardo García Fernández, veterano de nueve caravanas y uno de los participantes en esta edición. “Llevamos años visibilizando lo que llamamos necropolíticas migratorias. Lo que ves aquí es parte de una estrategia muy calculada: empujar a las personas migrantes hacia rutas cada vez más peligrosas, con la excusa de la seguridad y el control”.

Del 11 al 20 de julio, la Caravana Abriendo Fronteras 2025 ha recorrido distintos puntos del eje fronterizo entre el España y Francia, pasando por Irún, Girona, París y Calais. Hoy, mientras se encuentra en Toulouse en su última etapa, continúa sumando voces y experiencias en torno a las violencias fronterizas y las redes de apoyo que las enfrentan. A lo largo del trayecto, las personas participantes han compartido talleres, concentraciones, acciones simbólicas y espacios de intercambio que buscan visibilizar las condiciones de las personas migrantes en tránsito y cuestionar las políticas que las empujan a la irregularidad y al riesgo.

Acción contra las políticas antimigración.

Del Canal de la Mancha al Mediterráneo: una misma frontera

En Calais, las cifras dan cuenta de una situación prolongada y preocupante: desde mediados de los años 2000, entre 360 y casi 400 personas han perdido la vida intentando cruzar el Canal de la Mancha. En 2024, se registró un repunte significativo, con entre 69 y 77 muertes según distintas fuentes. A esta realidad se suman los desalojos frecuentes de campamentos precarios —más de 950 solo en 2020— y una fuerte presión policial sobre quienes permanecen en la zona, en un contexto marcado por la colaboración entre autoridades francesas y británicas.

“No se trata solo de muros, concertinas o drones”, insiste Ricardo. “Es también el relato. Decir que una persona es ‘ilegal’ ya la criminaliza. Cuando ves a alguien saltando una valla, y a la policía detrás, ya lo asocias con un delito. Así funciona esta maquinaria”.

Una de las acciones más tensas de la caravana en esta edición se vivió precisamente frente al ayuntamiento de Calais. Durante una concentración pacífica, una participante fue detenida por intentar escribir la palabra “liberté” en el suelo. “Nos sentamos en círculo para protegerla, pero la policía la vio y la arrestó”, cuenta Ricardo. “Años atrás, quizá habríamos reaccionado de otra forma. Pero hemos aprendido que cualquier gesto violento se vuelve contra los colectivos locales que aquí se quedan cuando nosotros volvemos a casa. Por eso la desobediencia tiene que ser siempre pacífica, incluso cuando lo que vemos nos revuelve por dentro”.

Redes que se tejen

La Caravana Abriendo Fronteras no es solo una protesta. Es también una escuela itinerante, un espacio de formación y cuidado colectivo. Este año, unas 130 personas participan desde diferentes partes de España, junto con activistas de Italia, Francia, África del Norte y América Latina.

“Además de nuestras denuncias, lo más valioso es el tejido de alianzas que generamos”, dice Ricardo. “Por ejemplo, este año nos acompañó un chico senegalés que dirige una organización en su país. Dió su testimonio en el autobús, compartimos contactos, estrategias. También han venido madres de personas desaparecidas en tránsito. Ellas tienen una fuerza que te rompe por dentro”.

En cada ciudad visitada, los colectivos locales preparan actos públicos, proyecciones, mesas redondas. En Girona, por ejemplo, se organizó un debate sobre fronteras internas con activistas de ambos lados de los Pirineos. En Irún, se denunció el proceso judicial contra siete personas acusadas de ayudar a migrantes, en un claro intento de criminalizar la solidaridad.

Fruela Medina y Ricardo García, miembros de la Caravana Abriendo Fronteras.

De Senegal a Huelva, de Gaza a Calais

“Muchas veces se nos olvida que las causas de estas migraciones están en la propia política europea”, subraya Ricardo. “Senegal, por ejemplo, vivía de la pesca. Pero Europa firmó acuerdos con gobiernos corruptos para explotar esa costa. ¿Qué hacen los pescadores cuando ya no hay peces? Emigran. Y cuando llegan aquí, les llamamos ilegales”.

Las caravanas pasadas han recorrido Melilla, Ceuta, los campos de Huelva y Almería, Riace en el sur de Italia, los Alpes y los Balcanes. En cada lugar, el patrón se repite: fronteras militarizadas, violencia institucional, pero también redes ciudadanas que resisten. “Estuvimos en Riace, donde conocimos a Domenico Lucano, el alcalde que convirtió su pueblo en un modelo de acogida y fue perseguido por ello. Lo mismo pasa en Palestina, en Libia, en Centroamérica. Todo está conectado”.

Visibilizar y exigir

Este año, la caravana también ha sido punto de encuentro para activistas que participaron en la Marcha a Rafah, en Egipto, en apoyo a Palestina. “Muchos llegaron agotados, algunos fueron maltratados por las autoridades egipcias. Pero eso no les impidió venir a Calais. Esa es la fuerza que tiene esta red: que no se detiene”, afirma Ricardo.

Frente al endurecimiento del Pacto Europeo de Migración y Asilo, la caravana exige vías legales y seguras, el cierre de los CIE, el fin de las deportaciones y la anulación del pacto, además de una regularización inmediata de todas las personas migrantes. Pero también propone algo más profundo: una revisión radical del papel de Europa en el mundo.

“Decimos que Europa es un continente de acogida, pero mientras tanto financiamos guerras, firmamos acuerdos con dictaduras, y externalizamos nuestras fronteras a países donde se violan sistemáticamente los derechos humanos”, denuncia Ricardo. “Queremos que esto cambie. Y para eso hay que sacar los colores a la UE y a cada gobierno que forma parte de esta barbarie”.

“En un continente que se define por la defensa de los derechos humanos, la Caravana Abriendo Fronteras pone el foco en la migración como un derecho y no como una amenaza.”

Abrir caminos y construir

Tras su paso por Calais, la Caravana Abriendo Fronteras se encuentra ahora en Toulouse, última parada de su recorrido. Allí participará en encuentros con proyectos de acogida autogestionada y en actividades dedicadas a la memoria del exilio republicano español. Una forma de conectar presente y pasado, y de recordar que las fronteras también se construyen en la historia, en los relatos y en las políticas de cada época.

En un continente que se define por la defensa de los derechos humanos, la Caravana Abriendo Fronteras pone el foco en la migración como un derecho y no como una amenaza. Frente a discursos que reducen a las personas migrantes a cifras o fenómenos, esta iniciativa insiste en reconocer sus trayectorias, experiencias y demandas. Y recuerda que las fronteras no se cruzan solo con documentación, sino también a través del apoyo y el trabajo conjunto de quienes promueven una acogida más digna.

“Lo que buscamos no es solo denunciar, sino construir alternativas”, concluye Ricardo. “Tejer redes, cuidar a quienes cuidan, y decirle al poder, sin miedo: hasta aquí”.

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