A Queipo se le atraganta el “genocidio”, Vox está en su salsa

El exterminio de la población gazatí se cuela en un debate del estado de la región marcado por el peaje del Huerna.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El debate sobre el estado de la región no ha sido ajeno a la tragedia de Palestina. El parlamento asturiano aprobó este viernes con los votos del PSOE IU-Convocatoria por Asturies y Covadonga Tomé, de Somos Asturies, una moción de condena al “genocidio” contra la población palestina, así como de apoyo a las medidas de presión económica y boicot académico, cultural y deportivo a Israel.

Como hace poco señalaba en este mismo medio Enrique del Teso, la derecha está entregando una inesperada iniciativa a la izquierda con el espanto de Gaza. No solo iniciativa, también fuerza moral. Las protestas de la Vuelta Ciclista a España lo cambiaron todo. Elevaron los ánimos de la izquierda social, le insuflaron sed de victoria y empujaron a Pedro Sánchez a tomar las medidas de ruptura con Israel que desde hace más de un año le pedían Sumar, Podemos y las izquierdas nacionalistas. El presidente siempre trabaja mejor bajo presión, y en estos días lo está demostrando con el embargo de armas y el envío de un navío militar a proteger a la Flotilla de la Libertad. Nada habría sido posible sin la movilización de la gente. Todo ello mientras el PP se sigue haciendo un lío entre el discurso ultra de Aznar y Ayuso, y el horror que millones de sus votantes sienten todos los días ante las imágenes del primer genocidio de la historia de la humanidad retransmitido en directo.

En todo este embrollo que a los más veteranos les puede recordar a 2003 y el No a la Guerra que tumbó al aznarismo, Álvaro Queipo ha querido navegar entre las posiciones más templadas de sus maestros Moreno Bonilla y Alfonso Rueda, que le llevaban a mantener un perfil bajo, y el colmillo ayusiano que le invitaba a salir culpando a Barbón de animar las protestas de la Vuelta, al tiempo que pedía disculpas al equipo israelí por lo vivido en las etapas asturianas. Un quilombo que se prolongaba este viernes con su rechazo a calificar como “genocidio” lo que la propia ONU define ya como genocidio, un término milimétricamte definido desde 1948, pero que para el PP asturiano, partidario de hablar solo de “masacre”, es léxico sanchista diseñado en los laboratorios de Moncloa.

Mientras el PP asturiano sudaba la gota gorda, en la bancada de Vox Javier Jové disfrutaba con la situación

Mientras el PP asturiano sudaba la gota gorda, en la bancada de Vox Javier Jové disfrutaba con la situación. Está en su salsa. Lo suyo no son las medias tintas, sino el malismo, el alineamiento orgulloso e incondicional con Netanyahu y Trump. “Palestina no existe, es el trampantojo de legitimidad tras el que se esconde el terrorismo de Hamas” tuiteaba recientemente desde su cuenta en X. Y es que la ultraderecha también ha encontrado en el genocidio una fuerza moral inspiradora, si bien en su caso del lado de los genocidas. Nota mental. Tras el golpe de Estado de Pinochet, en 1973, el historiador británico Eric Hobsbawm advertía a la izquierda que no subestimara la capacidad de odio de la derecha, “la facilidad con que los hombres y mujeres bien vestidos adquieren el gusto por la sangre”. En Vox y aledaños se podría decir que muchos están sacando a relucir estos días un inquietante gusto por el sadismo a cuenta del genocidio en Gaza.

Al fondo el Huerna

El debate sobre el estado de la región, marcado por el futuro del peaje del Huerna, también sirvió a Barbón para mostrar algunas cartas de cara al final de la legislatura, como la progresiva gratuidad de la universidad en todos sus cursos o la Ley de Cultura. Asimismo pudo sacar pecho ante las derechas de la recuperación demográfica, la bajada de los impuestos a las clases medias y trabajadoras, quizá su medida estrella, la mejora de las listas de espera y las buenas cifras de empleo. Xabel Vegas, portavoz de IU-Convocatoria por Asturies, aprovechó la ocasión para escenificar el perfil propio de la coalición y sus diferencias con los puntos más liberales de la agenda del presidente: universidades privadas, hospital Quirón o Ley de Calidad Ambiental.

Por su parte, Covadonga Tomé en nombre de Somos Asturies pidió más inversión en servicios públicos y, mensaje a IU, acelerar la declaración de zonas de vivienda tensionada. También rechazó el aterrizaje de la universidad y la sanidad privadas, e instó al presidente a pasar de las palabras a los hechos en materia de solidaridad con Palestina. Algo que ahora mismo pasa por una medida muy concreta: dejar de comprar fármacos israelíes en la sanidad pública asturiana. La diputada también logró el apoyo para la creación de un plan de normalización del asturiano así como de una dirección en la RTPA de contenidos en asturiano y gallego-asturiano.

La derecha habló de sus temas habituales, “régimen socialista”, “infierno fiscal”, “abandono del campo”, así como de otros nuevos como el “intervencionismo” de IU en materia de vivienda. Vox sumó a su radicalismo neoliberal su radicalismo en todos los demás temas, y un nuevo asunto, los cristianos de Nigeria atacados por musulmanes fundamentalistas.

La Junta logró ponerse de acuerdo en algo, el rechazo al peaje del Huerna, un tema presente en todas las intervenciones. Ahora está por ver si la presión al ministro Óscar Puente se traslada por la vía de la movilización o de los pasillos. El asunto no es baladí. Quien sea capaz de encabezar el movimiento puede apuntarse unos cuantos puntos de cara al disputado 2027.

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