La pregunta del título no es retórica. Le daremos respuesta parcial. No hagamos spoiler ahora. Dos avanzadillas de dos universidades privadas acamparán en Asturias en los próximos años. Son centros adscritos de dos universidades, no dos universidades enteras, que tendrían que cumplir otros requisitos. Dos avanzadillas. Las primeras reacciones fueron de catecismo ideológico, las derechas vibrando con la palabra privado y las izquierdas enfurruñándose agarradas a la palabra público. Abramos esas dos palabras a ver qué llevan dentro y dejemos que el contexto entre en ellas y le den sustancia.
Álvarez Cascos quiso una segunda universidad pública en Asturias. Quería la Universidad Politécnica Jovellanos, en Gijón, con estudios aplicados de oceanografía y pesquería, «especialmente de actualidad con la crisis pesquera mundial», decía. Estamos en julio de 2011. La idea era que la Universidad de Oviedo fuera Harvard y la nueva universidad fuera el MIT. Las formulaciones ambiciosas son jubilosas y estimulantes, si se ajusta bien el dial. La palabra que hay en asturiano cuando nos pasamos en ese dial es babayada. Lo de Harvard y el MIT fue tratado en la política llariega como una babayada y se le dio pocas vueltas. Asturias es un tiesto demasiado pequeño para plantar más universidades en él. Pero el delirio de Cascos se olvidó por babayu, no porque no fuera apetecible.
La Universidad Nebrija y la Alfonso X el Sabio quieren ahora plantar dos esquejes en ese mismo tiesto donde en 2011 pareció que no había suficiente sustancia para más universidades. Hay dos problemas evidentes de partida. El tiesto, Asturias, se hizo más pequeño y se va a encoger más. El número de estudiantes universitarios en Asturias fue cayendo según iba cayendo la demografía y se espera una caída mayor por el socavón demográfico que llegará enseguida a las edades en que se va a la universidad. Las nuevas universidades privadas no traerán estudiantes de fuera y los estudiantes de Asturias serán menos. Suena a babayada, más que la de Cascos. No solo hay menos población. La babayada de Cascos suponía un tipo de estudios aplicados que no hay. Lo que traen las dos privadas son títulos sanitarios que ya hay aquí, salvo el de Farmacia. Poca renta es un título más. De entrada, si la idea de Cascos era una babayada, esta parece babayadaPro.
Si los estudiantes de Medicina de la Alfonso X se suman a los de la UO y Asturias forma a más médicos en esos centros, habrá que explicar por qué el numerus clausus venía siendo tan severo
El PSOE, por debilidad y no por doctrina, se suma al baile de palabras que arrecian en la propaganda de las privadas. Dicen que las privadas «complementan» a la Universidad de Oviedo. La babayada de Cascos sí era un complemento, pero no se ve por qué una segunda titulación de medicina o de enfermería complementan a las de medicina y enfermería que ya hay. Y ahí entra el catecismo ideológico: competencia, qué puede haber mejor que eso. Lo cierto es que Medicina tiene un numerus clausus muy severo. El Colegio de Médicos siempre presionó para que se mantuviera así, por dos razones sensatas. Después del grado, viene el MIR y no debe haber una descompensación demasiado acusada entre titulados y plazas para especialidades, en una profesión tan rigurosamente reglada como la médica. Pero, sobre todo, no se pueden matricular más alumnos que los que se puedan formar y el cuello de botella son las prácticas que se hacen en hospitales y centros de salud, que tienen una capacidad limitada. Si los estudiantes de Medicina de la Alfonso X se suman a los de la UO y Asturias forma a más médicos en esos centros, habrá que explicar por qué el numerus clausus venía siendo tan severo. Y si no se forman más médicos que antes, será porque los que estudian en la Alfonso X se detraen de los que estudiaban en la UO y entonces habrá que explicar cuál es la ganancia para Asturias de que la UO se encoja y los esquejes de las universidades privadas se nutran de lo que ella pierde. Es de sentido común que, si no va a venir más gente a estudiar a Asturias, si Asturias es más pequeña y si las privadas ponen títulos que ya hay, las privadas debilitan a la UO. Eso gusta a las derechas, crispa a las izquierdas y pone al PSOE a hacer brindis al sol. Es evidente que es otra vez la cuestión de lo público y lo privado. A ella iremos después.


La Universidad de Oviedo no está en peligro, en principio, por la competencia de las privadas. Es mejor universidad, no que los esquejes que se plantarán aquí, sino que sus universidades nodrizas; por calidad de enseñanza, por grupos y altura de investigación, por la exigencia y cualificación de sus profesores y por sus condiciones laborales. El problema es de tamaño de la comunidad, como decimos. No caben más universidades sin deteriorar la que hay. Pero sí tiene motivos de preocupación la UO. Es una universidad pública y, mientras sea la única, es inatacable porque nadie va a hacer bandera de dejar a Asturias sin universidad. Pero ahora sí tienen un trampolín desde el que atacar y desnutrir a nuestra universidad. ¿Quiénes? Solo hay que mirar alrededor. Las derechas están muy radicalizadas y tienen la obsesión de rebajar los servicios públicos y dar las mayores ventajas a los negocios privados que los sustituyan. No son conjeturas. Está ocurriendo en otras comunidades, de manera virulenta en Madrid. Aquí Vox se refiere sin ambages a la UO como estercolero (por cierto, su bocón Javier Jové se suele despachar con los habituales alaridos fachas contra el Rector; no es que tuviera yo mal concepto de Ignacio Villaverde, pero ignoraba que fueran tantos sus méritos). Veamos qué dice el PP que aportan las universidades privadas: excelencia académica, innovación, vinculación al mundo profesional; libertad de cátedra y autonomía; un sistema universitario diverso y de calidad; generación de talento y empleo de calidad. Casi nada. Si esto es lo que aportan, esto debe ser lo que falta. La bienvenida impaciente a las privadas se expresa con esta lista de faltas inventadas sobre la universidad pública, como decimos, muy superior a universidades que se implantarán aquí. La UO asoma en esos misteriosos ranking internacionales, mientras nadie imagina a estas flamantes privadas ninguna presencia más allá de sus folletos de propaganda. Pero la UO debe estar preocupada. Las derechas radicalizadas le tienen ojeriza por ser pública y anuncian su agresividad si tocan el poder. El PSOE planta la semilla porque no sabe qué decir.
Los derechos de la población tienen tres horrores para las oligarquías representadas por las derechas radicalizadas. Los derechos son cesiones del poder de las oligarquías; los derechos se ejercen a través de servicios públicos que los gestionan, que cuestan un huevo y que obligan a sus odiados impuestos; e impiden un jugoso espacio de lucro (cuánto habría estado dispuesto a pagar yo para no quedarme ciego si un servicio público no me hubiera operado de cataratas). Están radicalizadas y van hacia los servicios públicos a degüello. El procedimiento siempre es el mismo. No te niego el derecho, porque suena mal, pero ataco al servicio público que lo hace posible y lo hago atacando a sus profesionales con una retahíla normalizada: vagos, mantenidos, subvencionados. El PSOE les acaba de poner la base militar desde la que atacar uno de nuestros derechos, y no por convicción, sino por no tener qué decir. El siguiente paso es decir que es bueno y que velaremos por que nadie se quede atrás. La Universidad de Oviedo gestiona, como todas las públicas, la enseñanza superior como un derecho, mientras las privadas la gestionan como un negocio. Tiene su razón el boquiflojo Javier Jové. La Universidad de Oviedo consume mucho dinero público y aun así parece temer la competencia. Consume mucho porque un derecho es muy caro, por ser universal. Un derecho sale más caro al erario público que Froilán y su abuelo juntos. Y una universidad con una estructura de investigación visible internacionalmente consume más que las versiones deshidratadas que son las universidades privadas en España.
Tienen agarraderas para la propaganda. ¿Quién teme a las universidades privadas en Asturias? ¿Quién teme a un hospital Quirón en Asturias? Fin del suspense. Al menos, yo.



























