El Valle de los Caídos, en Cuelgamuros, Madrid, y la Universidad Laboral de Xixón son los dos mayores edificios de la arquitectura franquista. Construidos con un enorme esfuerzo económico durante lo peor de la larga posguerra española, ambos fueron inaugurados por los mismos años: en 1955 el gran centro de formación profesional gijonés, y en 1959 el mausoleo donde debían descansar eternamente los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera.
El historiador Rubén Vega, profesor del área de historia contemporánea la Universidad de Oviedo/Uviéu, explica que ambos conjuntos monumentales no solo eran coétaneos sino también rivales: “La Laboral fue el empeño personal de Girón de Velasco. Franco nunca quiso visitarla, y eso que todos los años venía a Asturias”.
“La Laboral fue el empeño personal de Girón de Velasco. Franco nunca quiso visitarla, y eso que todos los años venía a Asturias”
Nacido en 1911, José Antonio Girón de Velasco, el llamado León de Fuengirola, fue un fascista temprano que tras la Guerra Civil ocupó la cartera de Trabajo. Falangista partidario de un Estado autoritario y paternalista, donde la lucha de clases fuera abolida, Velasco, explica Rubén Vega, trabajó por aplastar al movimiento obrero, pero también por “conquistar el corazón de los trabajadores”. Las universidades laborales, dirigidas a la formación de los hijos de la clase obrera, formaban parte de este proyecto que pretendía integrar a las clases populares en el Estado franquista. Sobrevivieron al cese de Girón en 1957, caído en desgracia tras perder el favor de Franco en la batalla contra la otra gran familia del régimen, los tecnócratas del Opus Dei.
Que la primera de las 21 universidades laborales edificadas en España se construyera en Asturies, uno de los territorios más castigados por la represión franquista, pretendía precisamente ser un gesto de apertura a los derrotados en la Guerra Civil. La dictadura, pensaba Girón de Velasco, no solo podía sostenerse con mano dura. También debía ofrecer beneficios a la clase obrera si esta renunciaba a sus ideas socialistas, comunistas o libertarias.

Un edificio descontextualizado
A pesar de estos orígenes políticos la Universidad Laboral es hoy un edificio casi totalmente descontextualizado. Tan solo unos discretos paneles colocados en la época de Begoña Serrano al frente de la dirección de Memoria Democrática cuentan algo de esta historia y explican el motivo de que en el edificio haya símbolos franquistas.
La información turística pasa de puntillas por el contexto político para centrarse en ensalzar los valores arquitectónicos del conjunto diseñado por Luis Moya, una obra que aspiraba a construir una suerte de ciudad autárquica, dotada de aulas, dormitorios, cocinas, jardines, instalaciones deportivas e incluso dos granjas de animales.

Rubén Vega explica que esta pretensión de negar el pasado franquista llevó incluso a tapar y ocultar un fresco sobre el escenario del teatro con la imagen de Girón de Velasco. Entre la ocultación y la conservación integral existe una vía intermedia, empleada en muchos lugares de memoria: la resignificación. Una opción que podría pasar por paneles que contextualicen los símbolos franquistas, la intervención directa sobre ellos o una sala específica que cuenta la historia y genésis del proyecto. Así por ejemplo se han recuperado antiguas cárceles, como la de Peniche o Aljube en Portugal, o centros de detención y tortura como la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires.
Mientras el Gobierno de España, con motivo de los 50 años de la dictadura, ha decidido por fin encargar un proyecto para resignificar el Valle de los Caídos y convertirlo en un lugar de memoria que explique el uso propagandístico del monumento por parte de la dictadura o la utilización de trabajo esclavo en su construcción, una iniciativa similiar ni está ni se le espera en el conjunto gijonés, para el que Principado y Ayuntamiento quieren la declaración de Patrimonio de la Humanidad, puesto que ya es Bien de Interés Cultural desde 2016.

Para Rubén Vega la Laboral es un conjunto con “mucha más erudición arquitectónica que el Valle de los Caídos”, que tiene interés artístico, pero también histórico y político, por lo que el visitante debería conocer todos los planos del edificio, y no solo quedarse en los aspectos exteriores o en la espectacularidad de sus 270.000 metros cuadrados.”Las visitas guiadas deberían contribuir a ello” comenta el historiador.
Cuando la resignificación y contextualización de los edificios relacionados con las dictaduras y la represión se ha convertido en una estrategia cada vez más empleada para contar el pasado, cabe preguntarse si en algún momento va a plantearse algo similar con la Laboral gijonesa, y sobre todo si se quiere hablar de política.



























