“La marquesina de la Fábrica de Gas puede restaurarse o reconstruirse”

El arquitecto Marcos Balbín apuesta por la conservación y reutilización del patrimonio industrial ovetense.

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Javier Larrea
Javier Larrea
Es licenciado en Historia.

Marcos Balbín, nacido en Madrid en 1970, pero criado y afincado en Asturias desde la infancia, compagina los trabajos los urbanísticos y territoriales con los de arquitectura, en ocasiones en solitario, en otras junto a su padre, el también arquitecto Juan Enrique de Balbín Behrmann. Titulado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña, ha sido asimismo directivo del Colegio de Arquitectos de Asturias y asesor de organismos públicos. Apasionado del patrimonio industrial y firme defensor de sus posibilidades de futuro, colabora con movimientos ciudadanos que defienden su conservación y reutilización.

¿Qué novedades hay en la Fábrica de Gas?

Las novedades entran dentro de lo previsible. Existe un Plan Especial con obligaciones, derechos y deberes, y lo que se está haciendo ahora es “tabla rasa”: tirar todo lo que pueden tirar legalmente para acometer la descontaminación. Una vez ejecutada, se vuelve a poner en duda —algo que ya ocurrió en su momento— la permanencia de los dos elementos que todavía quedaban: la pérgola de Sánchez del Río y el gasómetro. Este último, en principio, nadie lo había cuestionado. Pero si lo que se quiere es construir viviendas dentro, no se puede conservar tal cual: habría que demolerlo, cimentar y después reconstruir la estructura metálica. El gasómetro, de los años cincuenta, tiene sobre todo un valor ambiental y de skyline —cómo dialoga con la catedral— más que un valor arquitectónico intrínseco. El Plan Especial lo preveía para un uso dotacional compatible con su mantenimiento, pero no para viviendas. Han decidido que no es aprovechable; probablemente ya lo tenían asumido. En definitiva, los dos elementos que estorban para su operación inmobiliaria son los que ahora quieren quitar.

Esto viene ocurriendo con el patrimonio industrial en muchos lugares.

El patrimonio industrial es difícil de conservar porque, para hacerlo, hay que fiscalizar. Y fiscalizar puede generar problemas a los usos productivos que esos espacios todavía tienen. Por eso la práctica habitual es proteger estos recintos a futuro, cuando dejan de estar en uso. Si se les otorgase la máxima protección desde el principio, cualquier intervención quedaría expuesta a meses de trámites. Además, mientras están funcionando suelen tener actividades molestas que nublan el posible interés de la edificación; solo cuando cesan y se restauran se reconoce su interés y su potencial como grandes contenedores capaces de albergar usos que la ciudad necesita. En la Fábrica de Gas había edificios que podrían haber ofrecido servicios culturales y dotacionales excepcionales para el casco antiguo.

¿Por qué es importante conservar lugares como este? ¿Qué usos podrían tener?

Ya se propusieron alternativas. Una de las naves demolidas, con cubierta en diente de sierra y luz cenital, era un contenedor magnífico (para talleres artísticos, u otras actividades culturales). También la nave de La Popular tenía esa posibilidad. Y más allá de valores arquitectónicos, existía un valor por singularidad: era una de las primeras fábricas de gas en España, situada junto al casco histórico para dar servicio, y había permanecido casi intacta. Era una joya que podría haber diversificado cultural y turísticamente el centro. Oviedo es una ciudad decimonónica y estos elementos explican ese salto: la llegada del gas, la electricidad y nuevos materiales permiten otro desarrollo urbano. Igual que el ascensor permitió los rascacielos en Chicago, el gas permitió el crecimiento extramuros de Oviedo.

“Igual que el ascensor permitió los rascacielos en Chicago, el gas permitió el crecimiento extramuros de Oviedo”

Ese desarrollo tuvo lugar extramuros, diferente al intramuros tradicional.

Exacto. La ciudad antigua está en lo alto; al norte hay una llanera. En el XIX se instalan extramuros (abajo en la llanura) actividades menos deseadas: fábrica de armas, matadero, viviendas obreras. La Fábrica de Gas se ubica allí, pegada a la ciudad, porque debía dar servicio.

¿Cómo afectará al casco antiguo el proyecto de edificación previsto?

No es que esté cerca: está dentro del ámbito de protección de la Cámara Santa y de la muralla. Entre la calle Paraíso y la fábrica hay un paisaje histórico consolidado que ahora se pretende borrar para levantar bloques de vivienda de poco interés, totalmente ajenos a la arquitectura protegida existente. La volumetría de los edificios de la calle Paraiso está protegida, y sin embargo ya han insinuado que también podría caer. Ese es el conflicto. Además, quieren excavar (de la calle Paraíso a la calle Postigo) y construir en tres plantas de sótano un gran aparcamiento para reforzar los previsibles usos turísticos.

Marquesina de la Fábrica de Gas. Foto. Francis Larrea

¿El arquitecto del proyecto mantiene la misma postura?

Sí. Siempre ha sido claro con lo que quiere hacer y con lo que defiende. Sostiene que Ginkgo no ganará nada con la operación; es lo que tiene que decir.

¿Y la propiedad?

Compró el suelo con las expectativas del Plan Especial vigente: unos derechos y unas obligaciones. Su estrategia es mejorar esas condiciones: pasar de 11.000 m² edificables a 20.000 incorporando edificios colindantes, añadir tres plantas de sótano y una plaza escalonada con bajos comerciales. Engordan la operación para maximizar el beneficio. Pero perder, no van a perder.

Foto: Pablo Lorenzana

Alegan que la descontaminación cuesta mucho dinero.

No es argumento. El coste ya se sabía, y EDP (y Ginko se subroga esa obligación) tiene la obligación legal de asumirla. No se puede considerar un “coste de promoción”. Ni la administración ni la cesión de aprovechamientos pueden cubrir ese gasto. Es un coste derivado de 150 años de actividad.

¿Qué reclama ahora mismo la plataforma Fábrica de Gas e Ideas?

Primero, que se cumpla el Plan Especial. Lo mínimo es conservar los elementos protegidos. Nunca negamos los derechos edificatorios existentes, pero pedíamos reubicarlos en otro lugar para que el Ayuntamiento recuperase el espacio para usos públicos. El Ayuntamiento no vio la oportunidad. Tampoco el arquitecto.

¿Qué hoja de ruta propones en este momento?

El conflicto principal es que quieren desproteger lo que queda protegido, imprescindible para ejecutar su operación. No se debería premiar una actuación que incumple deberes y aumenta derechos por encima de lo previsto. Lo ideal sería conservar lo existente, darle un uso dotacional al servicio del casco histórico y generar una conexión cultural con la fábrica de armas. Incluso existía el proyecto de una pasarela que conectaba la fábrica con casco histórico por encima de la muralla. Luego está el conflicto económico: quién paga que no se pueda edificar sobre la nave de La Popular Ovetense.

La nave de La Popular y el gasómetro son los elementos icónicos.

El gasómetro se iba a mantener como dotacional. En La Popular sí se preveía un edificio residencial de cinco plantas dejando solo la fachada al Postigo. Cuando Patrimonio dijo que tenía valor patrimonial y no se podía edificar encima, surgió el conflicto económico soterrado: ¿quién paga esa pérdida de aprovechamiento? Nadie quiere asumirla. Ahí es donde Ginkgo ha visto la oportunidad de reubicar aprovechamientos, ampliarlos y que todos salgan “beneficiados” de una operación que a ellos les encaja muy bien. Patrimonio Cultural (Principado) quizá no lo vea mal porque así solventaría una posible responsabilidad económica.

Cultura protegió la marquesina. Con la nave del Postigo parece más tímida.

La nave del Postigo, en principio, se conservará. La marquesina necesita un informe independiente para determinar si realmente está tan mal. La ruina no puede medirse solo por coste económico: el valor patrimonial obliga a otros criterios. Puede mantenerse, restaurarse o reconstruirse, pero lo que no tiene sentido es premiar al promotor permitiéndole construir tres plantas de sótano en su lugar. Sería como permitir recalificar un bosque quemado.

¿La Fábrica de Gas y la de Armas deberían pensarse conjuntamente?

Sí. El Ayuntamiento debería abordar con una mirada unitaria la Fábrica de Gas, la Fábrica de Armas y el desplazamiento de “centralidad” que está dando la ciudad hacia abajo. La Fábrica de Armas es un espacio equiparable al casco histórico y transformará profundamente la ciudad. Pero tampoco va en buena dirección: no parecen pensar en un control unitario del recinto, sino en trocearlo y venderlo. La Fábrica de Gas, como espacio intermedio, debería jugar un papel estratégico en ese gran proyecto de transformación urbana.

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