La planificación eléctrica no es un ejercicio neutro ni meramente técnico: condiciona el territorio durante décadas, define qué modelo energético y productivo queremos y determina quién asume los impactos y quién obtiene los beneficios. Desde Ecoloxistes n’Aición d’Asturies venimos alertando de que la metodología empleada en el actual Anillo Eléctrico asturiano conduce a un claro sobredimensionamiento de infraestructuras, con consecuencias ambientales y territoriales innecesarias, especialmente graves en zonas de alta sensibilidad ecológica y paisajística.
La experiencia debería servirnos de lección. El precedente de Lada–Velilla dejó una herencia de torres, líneas y corredores eléctricos que nunca cumplieron los objetivos para los que se justificaron. Pagamos por construirla, y ahora por desmontarla. Un absoluto sinsentido. Hoy corremos el riesgo de repetir exactamente el mismo error: planificar en función de escenarios de demanda inflados, sin analizar con rigor las alternativas menos impactantes y trasladando los costes ambientales al territorio.
Uno de los ejemplos más preocupantes es la línea eléctrica costera Abres–Jarrio. Nuestra oposición a este trazado es frontal. El litoral occidental asturiano concentra algunos de los mayores valores ambientales, paisajísticos y sociales del país, y resulta inaceptable que se pretenda atravesarlo con una nueva infraestructura de alta tensión cuando existen alternativas fuera del corredor costero que ni siquiera han sido analizadas con seriedad. El Estudio Ambiental Estratégico elude evaluar estas opciones y tampoco valora de forma rigurosa los impactos acumulativos en una franja ya sometida a una fuerte presión territorial.

Igualmente injustificado resulta el ramal oriental del anillo central Reboria–Asturiana. Desde un punto de vista técnico y ambiental, no es necesario abrir un nuevo corredor eléctrico en el centro de Asturias. Los refuerzos ya existentes y los previstos en la conexión Grado–Cardoso son suficientes para garantizar la seguridad y estabilidad del suministro. Insistir en nuevas líneas responde más a una inercia planificadora que a una necesidad real.
Además, conviene poner en cuestión las previsiones de demanda que sirven de coartada a estas infraestructuras. Algunas de las grandes demandas industriales anunciadas, como el futuro horno eléctrico de Avilés, no suponen un incremento neto del consumo eléctrico. Se trata, en la práctica, de recuperar consumos históricos hoy desaparecidos, como los de la antigua planta de aluminio primario de Alcoa. Planificar como si se tratara de nueva demanda es falsear el diagnóstico de partida.
Frente a esta lógica expansiva, defendemos una planificación basada en la optimización y repotenciación de las infraestructuras existentes, que reduzca la ocupación de suelo y minimice los impactos. También cuestionamos propuestas energéticamente absurdas, como producir hidrógeno para luego quemarlo en centrales de gas y generar electricidad: un sinsentido económico, energético y climático que solo sirve para justificar más infraestructuras.
Tal y como está planteado, el Anillo Eléctrico es incompatible con una transición justa. Traslada los impactos ambientales al territorio sin garantizar beneficios proporcionales para la sociedad asturiana y contradice los principios de eficiencia energética y protección del medio ambiente que deberían guiar cualquier política pública.
Por todo ello, desde Ecoloxistes n’Aición d’Asturies hemos solicitado al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico una revisión en profundidad del Estudio Ambiental Estratégico, la exclusión de las infraestructuras innecesarias y una planificación eléctrica verdaderamente racional, compatible con la protección del territorio y con el interés general.
































