El RIDEA acogerá desde este lunes un ciclo de ponencias dedicadas a Ildefonso Sánchez del Río y Pisón (Haro, La Rioja, 1898 – Madrid, 1980), una de las figuras más relevantes de la ingeniería española del siglo XX, y cuya obra vuelve a estar estos días en el centro de la polémica urbana, con el debate abierto sobre el derribo o no de la marquesina de la Fábrica de Gas de Oviedo/Uviéu, una de sus muchas obras en Asturies.
“Fue un innovador desde todos los puntos de vista” destaca el arquitecto José Ramón Fernández Molina, coordinador del ciclo, para el que Sánchez del Río es una figura fascinante que, como Gustave Eiffel, tiene un pie en la ingeniería y otro en la arquitectura, pero también en el mundo empresarial y el de la invención de patentes. “Hizo de todo menos dar clases”.
Hijo de asturiano y riojana, educado en la Institución Libre de Enseñanza y formado como ingeniero de Caminos, Canales y Puertos en Madrid, Sánchez del Río pertenece a la denominada Generación del 27 en la ingeniería, un grupo de profesionales que integró el saber clásico de esta disciplina con las posibilidades expresivas y técnicas del hormigón armado.

En la escuela madrileña fue discípulo de José Eugenio Ribera, introductor del hormigón armado en España y autor entre otras obras del Matadero de Madrid. Tras completar sus estudios en 1922, Sánchez del Río inició su carrera en Asturies, trabajando inicialmente como ingeniero del puerto de San Esteban de Pravia y, posteriormente, como ingeniero municipal de Oviedo, cargo desde el que desempeñó un papel clave en la proyección de infraestructuras públicas y estructuras singulares que, en muchos casos, avanzaron tecnológicamente respecto a las realizaciones internacionales de su tiempo.
Ya en los años veinte y treinta, Sánchez del Río desarrolló una serie de obras en Asturies que muestran su interés por explorar las posibilidades del hormigón armado más allá de los usos convencionales. Entre estas destacan los depósitos de agua de Oviedo, Mieres, Trubia y Siero, la tribuna del estadio de fútbol Carlos Tartiere, el Mercado de Abastos de Siero, una de sus obras maestras, o el Paraguas construido para proteger a las vendedoras de la plaza de la leche de la capital asturiana, de 1929. Estas primeras experiencias estructurales anticipan un lenguaje propio en la construcción con hormigón que se desarrollará con plena madurez en décadas posteriores.






Tras su etapa como ingeniero municipal, Sánchez del Río trasladó su actividad a Madrid, donde compaginó la ingeniería independiente con la gestión empresarial y el cargo, durante algunos años de director general de Carreteras. Ya asentado en la capital española, todavía seguiría realizando algunos trabajos en Asturies, como la excepcional nave de cañones de la fábrica de armas de La Vega, en Oviedo.
Como empresario fue cofundador de Dragados y Construcciones, empresa que llegaría a ser uno de los grandes referentes de la construcción en España, y de Río-Cerámica, con la que promovió patentes y soluciones técnicas innovadoras basadas en materiales cerámicos aligerados y procesos constructivos avanzados para la época.
El Palacio de los Deportes de Oviedo, su obra maestra
Será no obstante la aplicación de sus ideas estructurales a gran escala, y de nuevo en Asturies, la que consagra a Sánchez del Río. El Palacio de los Deportes de Oviedo (1961-1975) se erige como su obra maestra: una cubierta de gran luz que sintetiza décadas de investigación en hormigón armado. Su sistema innovador de estructuras laminares con dovelas onduladas le otorgó reconocimiento internacional, siendo este edificio considerado uno de los hitos de la ingeniería estructural española de la segunda mitad del siglo XX. Para Fernández Molina se encuentra entre lo mejor de la arquitectura e ingeniería europeas de su época. El arquitecto destaca asimismo la calidad de su reciente rehabilitación, permitiendo aumentar el aforo del edificio sin alterar su estructura original.



Paralelamente, proyectos como el conjunto de paraguas invertidos para el antiguo Mercado de Ganado de Pola de Siero (1971-1973) demuestran hasta qué punto la experimentación estructural siguió guiando su pensamiento incluso en las últimas fases de su carrera.
Derribado el mercado en los años 90, uno de estos paraguas sobrevive en la actualidad como estación de autobuses de La Pola. Con 40 metros de diámetro y apenas unos centímetros de espesor, constituye un ejemplo excepcional, en palabras de Fernández Molina, de la “osadía creativa” de Sánchez del Río, así como de su capacidad para concebir estructuras de gran escala con un uso mínimo de apoyos.



El futuro de la marquesina de la Fábrica de Gas de Oviedo
El respeto que infunde la obra de Sánchez del Río en el mundo de la arquitectura, la ingeniería y la historia del arte no siempre ha sido compartido por los representantes políticos encargados de velar por el patrimonio. Al derribo del mercado de Siero y la situación de abandono en la que se encuentran algunas de sus obras, como la fábrica de ladrillos de Viella, se suma ahora la polémica sobre la conservación o no de la marquesina construida por Sánchez del Río en la Fábrica de Gas de Oviedo.

La propiedad actual de los terrenos, el fondo inversor Ginkgo Advisor, sostiene que la marquesina es irrecuperable, alegando su estado ruinoso y la presencia de amianto, y mantiene su intención de derribarla como parte del proyecto de nueva edificabilidad en el recinto. El fondo suizo cuenta con el apoyo del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli. “Quiero que esa fábrica de gas se desbloquee de una vez, que algunos dejen de lado sus caprichos, como una marquesina que no sirve para nadie y que está paralizando una operación maravillosa para Oviedo” afirmaba la semana pasada el regidor.
La estructura se encuentra sin embargo protegida por el actual Plan Especial de la Fábrica de Gas. Partidos de la oposición y el movimiento Fábrica de Gas e Ideas defienden su conservación y si esta no es posible, su reconstrucción integral. Para José Ramón Fernández Molina no hay duda de que la pieza lo merece: “Es el corazón de la fábrica”. La última palabra la tendrá la Consejería de Cultura, que por ahora guarda silencio.



























