Un desnudo innecesario, o no

Me faltan motivos y fundamentos gravitatorios importantes para que el conflicto cristalice con veracidad y no se quede en un zurcido de vagas intenciones.

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

La secuencia

Adaptación de la película de Francesc Cuéllar Jusqu´ici, tout va

Dramaturgia y dirección: Borja López Collado

Reparto: María Almudéver y Borja López Collado

Off Niemeyer, 17 de enero, Avilés

No encuentro anclaje para abordar la crítica. Además, tampoco he visto la película de Cuéllar que pudiera servirme de referencia. Por más vueltas que le doy no acabo de entender los elementos que sostienen la refriegas y fruición de esta pareja que discute sobre una secuencia cinematográfica donde aparece un desnudo de mujer, y la necesidad de realizarlo o no. Me faltan motivos y fundamentos gravitatorios importantes para que el conflicto cristalice con veracidad y no se quede en un zurcido de vagas intenciones indeterminadas, cambiantes. Puede que el problema sea mío, me ocurre a menudo. Si los personajes dicen no entenderse porque los separan quince años y se reconocen de generaciones distintas, yo ya soy de otro mundo. Tampoco los entiendo. A veces la vida no es más que eso, capas de generaciones superpuestas con sensibilidades diferentes que originan desencuentros.

María y Borja, actriz y director respectivamente –sus mismos nombres invitan a la autoficción–, se hallan inmersos en un rodaje con las complicaciones y premuras propias de la escaleta de trabajo. La negativa de María a realizar un desnudo que viene recogido en el guión, ocasionará una disputa que cuestiona la relación y todo el entramado artístico existente, roles profesionales incluidos: discernimiento del éxito, el ego, la dignidad, la ambición y la mediocridad, aunque será la honestidad la cualidad que se utiliza como arma arrojadiza y motivo de reproches en una trama un tanto rocambolesca y excesiva. Del desnudo –el quid de la cuestión– nada o muy poco sabemos. A lo que parece María se muestra arrepentida de haber “pactado” un desnudo que la hace sentirse incómoda con la iluminación y unas cicatrices. A medida que la discusión sube el tono, aumenta el juego sucio y pasarán del guion al contrato de trabajo, con la vulneración de los derechos laborales de por medio. María Almudéver interpreta muy bien a esa actriz con carácter, segura de sí misma y un arraigado sentido de la honestidad, que se siente decepcionada y traicionada por los lazos emocionales que la unen al director. Su aparente seguridad contrapesa la extrema vulnerabilidad que aflora a lo largo de la obra. Borja López Collado, con un personaje mucho más complejo por inverosímil, vive en una huida constante, es el homo faber que no deja de hacer cosas, apremiado por tiempos y plazos y atormentado por un fantasma paterno y una relación casi edípica con su madre, que será el objeto principal de su película. Al final su entereza y convicciones se quiebran irremediablemente, hundido en el reconocimiento de sus defectos para cerrar la pieza al modo catártico.

No cabe duda de que tras este exceso de encabalgamiento y transversalidad temática hay un intento loable por mostrar la microfísica del poder desde una sensibilidad y perspectiva de género. Un esfuerzo por conseguir que los espacios fronterizos de orden y jerarquías sean compartidos y consensuados de la mejor manera. Algo que el público reconoció y respaldó con sus aplausos, por más que yo considere anecdótico e insuficiente el cuestionamiento de un desnudo en una secuencia cinematográfica –un desnudo “normal”, se entiende–, así como sus consecuencias o la “honestidad” como contraposición al capitalismo en una pieza donde apenas se habla de economía. Algo que, sorpresivamente, aparece sólo al final cuando se nos informa del conflicto laboral de una madre que trabaja en Mercadona.

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