La anguila europea está clasificada en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) desde el año 2008. A pesar de ello, en estos 17 años su estatus de protección no se ha visto alterado en España y sigue siendo una especie pescable en todos los territorios salvo en la Comunidad de Madrid, donde está declarada en peligro de extinción desde 1992, Andalucía y Baleares, comunidades que vedaron su captura en 2010 y 2022 respectivamente, a las que para la campaña 2025-2026 se unió Euskadi, decisión tomada “en base a los informes científicos más recientes”, según informó en octubre pasado el gobierno vasco.
El reciente anuncio realizado por la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, de proponer la inclusión de la especie en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial -propuesta que se debatirá en el Comité de Fauna y Flora el próximo día 17 de febrero-, ha sido criticado por parte de algunas voces desde el sector pesquero asturiano -a pesar de la escasez de capturas que es patente desde hace años en las rulas de L’Arena y Ribeseya– y desde el propio gobierno autonómico de Adrián Barbón que ha rechazado públicamente la medida de protección, aunque con el desacuerdo de su socio de gabinete Convocatoria por Asturies, cuyo portavoz, Xabel Vegas, se ha mostrado partidario de la protección de la especie.
Para conocer la realidad de la anguila en España hablamos con Miguel Clavero, investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en la Estación Biológica de Doñana, que ha dedicado buena parte de sus estudios a peces fluviales, particularmente anguilas y salmones. Algunos de sus trabajos -cuenta con más de cien artículos científicos publicados- han sido reseñados en revistas científicas de primer nivel, como Nature y Science.
La primera cuestión es cómo hemos llegado hasta aquí, porque las anguilas fueron unos peces muy abundantes en un pasado no muy lejano.
Sí, las anguilas fueron hasta hace poco extraordinariamente abundantes y estaban por todas partes. Que hoy sean tan escasas da idea de la capacidad que los seres humanos tenemos para desbaratar la naturaleza, llevando al colapso a organismos que podríamos haber considerado inmunes a nuestros desmanes. El caso de la anguila recuerda al de la paloma migratoria de Norteamérica, de la que se dice, igual con un punto de exageración, que fue el ave más abundante del mundo, pero que se extinguió tras un acusado declive de pocas décadas. Como en el caso de la paloma, en el declive de la anguila intervienen diversos factores, pero en los dos casos la mortalidad directa, por caza o pesca, es probablemente el factor más importante en el inicio de los declives y, sobre todo, a la hora de evitar que la anguila se recupere, o la paloma migratoria se pudiera haber recuperado.
La especie empieza a dar síntomas de desgaste hacia finales de la década de 1970. Tú has estudiado datos históricos de anguilas y de otras especies: ¿esa regresión no se apreciaba ya antes?
Los datos históricos españoles muestran que el área ocupada por la anguila se ha reducido drásticamente debido a la presencia de presas, que bloquean el acceso de las anguilas a muchos lugares. En el siglo XIX había anguila en prácticamente toda España, en lugares donde su presencia hoy parece inimaginable… Toledo, Teruel, Palencia… La especie ha perdido más de un 80% de su distribución histórica en la península ibérica.
“En el siglo XIX había anguila en prácticamente toda España, en lugares donde su presencia hoy parece inimaginablE”
Pero esa pérdida de distribución, que fue gradual, con mermas progresivamente mayores a medida que se iban construyendo nuevas presas, no se corresponde con el colapso brusco de la especie. Éste ocurre en torno a 1980, coincidiendo con una intensificación de su explotación comercial, asociada al colapso previo de la anguila japonesa. Hay series de datos de capturas de anguila muy largas, como la de Comacchio, en el Delta del Po, con casi 250 años de registros, que muestran que la escasez actual de anguila no tiene precedentes, ni en intensidad, nunca ha habido tan pocas, ni en duración, nunca ha habido periodos de escasez tan largos. La situación es realmente alarmante.
La distribución de la especie abarca desde el archipiélago canario y las costas atlánticas del norte de África, y todo el Mediterráneo, hasta Noruega. ¿Esa regresión se ha producido por igual en todo el rango de su distribución?
Parece que los patrones de regresión no son del todo homogéneos. No se sabe muy bien por qué, pero parece que el reclutamiento (la cantidad de angulas que llegan cada año a la costa) se ha reducido de forma especialmente intensa en el norte de Europa. En cualquier caso, la situación es extremadamente desfavorable en toda el área de distribución. Lo que te cuento es que en algunas zonas la cosa es aún peor que eso.

Sea como sea, es importante tener en cuenta que la anguila europea, toda la especie, es una única población, sin ninguna estructura genética asociada a la geografía. Todos los individuos, da igual dónde hayan crecido, se reproducen juntos, en un mismo lugar, y sus crías van a parar a cualquier lugar del área de distribución. Dos angulas hermanas pueden haber tenido un padre que creció en Egipto y una madre que lo hizo en Holanda, llegando una a Italia y otra a Noruega. Lo importante de que toda la especie sea una única población es que a la anguila no le puede ir bien en unos lugares y mal en otros, como pasa en la mayor parte de las especies. Las anguilas, ellas sí, van todas a una.
Algunas voces de pescadores en las cofradías asturianas, rechazando la veda, están diciendo estos días que el principal problema es la contaminación de las aguas. ¿Cuáles son los problemas a que se enfrentan las anguilas?
Lo de la contaminación del agua no se sostiene. La anguila ha sido una especia abundantísima en los momentos de mayor contaminación urbana, agrícola e industrial de nuestros ríos. Esto no significa que a las anguilas les gusten los ríos contaminados, pero si tuviésemos los datos necesarios para relacionar presencia de contaminantes y abundancia de anguila, seguramente veríamos que pese a la mejora de la calidad de los ríos la anguila se va haciendo más escasa. Es probable que determinados contaminantes, especialmente los que se acumulan en la grasa corporal, puedan ser perjudiciales para la anguila. Pero lo que es seguro es que la contaminación ni ha causado el colapso de la especie, ni la mejora de la calidad de las aguas está evitando su recuperación. Está claro que hay que paliar los problemas de conectividad fluvial para favorecer tanto a la anguila como a otras especies de peces migradores, todas ellas en muy mal estado de conservación, mira el caso de los salmones. Pero para que las medidas de recuperación de hábitat sean realmente eficientes es necesario que aumente la abundancia de anguila, y eso solo puede conseguirse minimizando la mortalidad antropogénica, la causada por la pesca.
¿Consideras que la veda total de ejemplares puede ser una acción que permita la recuperación de la especie? ¿Y de qué plazos hablamos en ese supuesto de recuperación?
Por desgracia, no podemos ofrecer seguridad de nada. A nivel global no hay una sola experiencia sobre recuperación de ninguna especie del género Anguilla, del que forma parte la anguila europea. Todo lo que tenemos entre manos son malas noticias. La esperanza es que un cese de la pesca permita a la anguila europea recuperar valores de abundancia que la hagan viable. El ciclo de vida de la anguila, con sus alucinantes migraciones, funciona porque participan en él una infinidad de individuos. No sabemos cuándo dejará de haber suficientes individuos para sostener ese ciclo, cuál será el punto de no retorno. Cabe incluso la posibilidad de que lo hubiésemos alcanzado ya. En cualquier caso, la recuperación, que esperamos con ansia, llevará tiempo, de nuevo por la complejidad y la duración del ciclo de vida de la especie. En las evaluaciones del estado de conservación de la anguila europea se suele usar un periodo de generación de 10-12 años… así que echa cuentas. Casi 35 para que pasen tres generaciones, mucho tiempo para que se note el efecto de las medidas de gestión que hay que tomar hoy. Hay que hacerlo con urgencia.
Alguna vez dijiste en conferencias a las que asistí que si la situación de la especie fuese óptima, la captura de angulas sería más sostenible que el consumo de ejemplares adultos reproductores. No comprendo bien esto cuando muchos crecimos con las campañas de evitar el consumo de alevines.
Seguramente lo que diría, o lo que querría decir, es que el lema “pezqueñines no, gracias”, probablemente la campaña de concienciación ambiental más exitosa de España, es incorrecto desde el punto de vista ecológico. La mayor parte de las especies de peces producen muchísimos juveniles, la mayor parte de los cuales no llegarán nunca a la etapa adulta y a reproducirse. Además, una vez alcanzada la madurez, en la mayoría de las especies el potencial reproductor crece exponencialmente al aumentar los individuos de tamaño. Eso hace que sea más sostenible consumir ejemplares juveniles que adultos, y que, si vamos a comer adultos, mejor que no sean los más grandes. Pero me preguntabas sobre las angulas. Lo que creo importante es desvincular el consumo de angulas con esa idea de que los pezqueñines no. No hay que comer angulas, y no es porque sean juveniles, sino porque son anguilas europeas. Y en estos momentos, en las últimas décadas, la anguila europea está en un estado tan crítico que no debería estar sujeta a ningún tipo de explotación comercial. Ahora bien, si nos metemos en la máquina del tiempo y nos vamos a 1975, a ese mundo repleto de anguilas, sí te diría que es mejor comerse mil angulas en cazuelitas con la familia que una anguila plateada iniciando su viaje de vuelta a Los Sargazos.
Además de tu labor investigadora, eres muy activo en la divulgación de la situación de la anguila. Te he visto en redes sociales interactuando con profesionales de la gastronomía, animando a conocer esta realidad ¿Crees que el mundo de la cocina está siendo sensible ante esta situación?
Algunas de las gentes de la cocina están cambiando hábitos al acceder a un conocimiento que antes no tenían, en este caso sobre la crítica situación de la anguila. Esta toma de conciencia, y el asumir sus implicaciones, son un ejemplo para la sociedad, demasiado acostumbrada, yo el primero, a cambiar pocas cosas a pesar de saber que vamos por muy malos caminos. Gente como Andoni Aduriz, Maria Nicolau o Ángel León se han manifestado de forma muy clara en favor de la protección de la anguila, lanzando además mensajes muy bien informados. Ojalá ese ejemplo cunda entre sus compañeras y compañeros, y se extienda a las administraciones.
¿Qué le dirías a alguien que pescó angulas durante toda su vida, o anguilas adultas como está tan arraigado en regiones como Galicia o la Comunitat Valenciana, y que ahora se encuentra con una medida que quizás no pueda entender?
Tendría que ser claro con esa gente. Hay que decirle que se acabó, que la especie no da para más y hay que parar.Pero la cosa no debería terminar ahí. Por un lado, creo que se podrían plantear horizontes de recuperación de la actividad, identificando objetivos de abundancia de anguilas amarillas o plateadas, o de reclutamiento, que aseguren la viabilidad de la especie y permitan retomar la pesca. Pero además, sería importante implicar a la gente que de siempre pescó anguila en el seguimiento de la especie. Las administraciones deberían contar con esas personas para mantener parte su actividad, pero enfocada al estudio de la dinámica de la especie, ojalá de su recuperación. Lo que antes se pescaba para vender, en un escenario de protección de la anguila se podría pescar para contar, devolviendo las capturas al agua. Me parece importante que la gente del sector se sienta parte de la recuperación, y que la gestión de la especie se beneficie de todo lo que esa gente sabe, que es mucho. Por último, también me parece necesario valorar el oficio, la cultura asociada a la anguila. Fiestas de la anguila como la de San Juan de La Arena deberían ser homenajes a las personas que trataron toda su vida con el animal, en vez de un festín gastronómico de una especie que se extingue. Lo que pasó con la actividad ballenera muestra lo que no habría que hacer. A mediados de los 80 España mató el último rorcual, se despedazó, se vendió, se limpió la nave, todo el mundo se fue a su casa y nunca más se supo. Nadie puso en valor el trabajo de esa gente, contando dónde y cómo cazaban las ballenas, cómo las procesaban, qué instrumentos eran necesarios para el despiece, cómo se usaban la carne y la grasa. No es necesario matar ballenas para interesarse por todo eso y dejar contar la historia a quienes participaron en ella. Espero que las gentes de la anguila no enfrenten ese abandono el día en el que, por fin, deje de pescarse la especie.
El gobierno asturiano ya ha anunciado que votará en contra de la propuesta del Ministerio de proteger la anguila, aduciendo, entre otros motivos, que la veda fomentaría el furtivismo y que los cupos de capturas establecidos están avalados por criterios científicos. ¿Cuál es tu valoración?
El pronunciamiento del gobierno asturiano me parece un enorme error. Para empezar, cada año las comunidades autónomas proporcionan la información que usa el grupo de expertas y expertos en anguila de ICES (el organismo asesor de la UE en temas de pesca) para evaluar el estado de la especie y dar un consejo de gestión. Ese consejo llevaba casi 20 años siendo que las capturas fuesen “tan cercanas a cero como sea posible”, pero en los últimos años ha sido mucho más taxativo, recomendando cero capturas, es decir, el cierre de todas las pesquerías y de las instalaciones de acuicultura. Pues para el último informe, el propio gobierno de Asturias ha enviado datos que muestran el pésimo estado de la anguila en el principado. Por ejemplo, el escape de anguilas plateadas, que es la cantidad de individuos que migran a Los Sargazos, es solo un 5% de lo que sería esperable en condiciones óptimas.

El gobierno asturiano también dice haber “hecho los deberes” en la gestión de la angula, pero eso es un sinsentido. No hay nada que una administración regional o estatal pueda hacer para favorecer la llegada de angula, un proceso que depende de eventos de reproducción que ocurren a miles de kilómetros y de corrientes oceánicas. Asumiendo que las declaraciones son de buena fe, decir que se ha trabajado para favorecer la angula denota un total desconocimiento de la especie que se dice gestionar. En cuanto a los supuestos cupos, que en realidad son días hábiles de pesca, en los que se captura todo lo que se pueda, lo que hace Asturias, y otras comunidades, es maximizar los días de pesca ofrecidos por Europa. La UE permite un máximo de 30 días de pesca de angula, pero España los reparte en 3 periodos de 10 días, haciéndolos coincidir con lunas nuevas, los momentos en los que se capturan más angulas. En la práctica, las capturas son similares a las que se obtendrían durante 3 meses de pesca.
Finalmente, quienes estudian la pesca ilegal de anguila saben que esa actividad está muy ligada a la explotación legal, que funciona como facilitadora. Así, prohibir la pesca en realidad dificultaría la parte ilegal. Pero es que además es importante que la protección de la anguila no afecte solo a su pesca, sino también a su comercialización y consumo. La pesca ilegal solo amainará cuando baje la demanda, y son importantes regulaciones que fuercen esa reducción. Muchas y muchos hemos hecho un esfuerzo grande intentando convencer a tanta gente como fuera posible de que no hay que comer angulas, apelando a sus conciencias. Pero es la inacción de las administraciones la que nos fuerza a adoptar ese papel de predicadores, a menudo muy ingrato. Fumar en el interior de los bares se prohibió porque era malo para todo el mundo, no se estuvo intentando convencer a la gente de que sería mejor no hacerlo. Se prohibió y punto. Y funcionó muy bien. Con el consumo de la anguila debería procederse igual.



























