Matilde de la Torre, la socialista cántabra que representó a los asturianos durante la Segunda República

Cabezón de la Sal entierra a la escritora, pedagoga y política, fallecida en 1946 en el exilio mexicano.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Han tenido que pasar 80 años desde su muerte para que los restos de la escritora y política Matilde de la Torre hayan regresado a su tierra para honrar la memoria de una mujer pionera en casi todo.

Los restos de la pedagoga, escritora y política, han vuelto este fin de semana a Cabezón de la Sal, la localidad cántabra donde nació y creció dentro de una familia acomodada, liberal y culta, que potenció sus inquietudes intelectuales y culturales, entre las que pronto destacarían la defensa de los derechos de las mujeres y de las clases populares.

Matilde de la Torre del brazo del doctor Madrazo junto a un grupo de danzas.

Fundadora en los años 20 de la Academia Torre, que llevó a la Cantabria rural los métodos pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza, Matilde de la Torre (Cabezón de la Sal, 1884, México, 1946) destacó sobre todo por su labor docente y política, pero también como estudiosa de la música, la danza y el folclore cántabros.

Implicada en la organización del movimiento campesino cántabro, a través de las Casas del Pueblo Campesinas, de tendencia republicana y socialista, en 1924 fundó como parte de este proyecto el Grupo Voces Cántabras, dedicado a la recopilación y difusión de la música tradicional de su tierra, y que llegó a hacer giras por Europa.

En paralelo a toda esta actividad, fue desde muy joven colaboradora de varios medios locales, así como autora de ensayos y novelas.

Fotos: Fundación Matilde Torre

En 1931 se afilió al Partido Socialista y dos años más tarde, en las elecciones de noviembre de 1933, fue elegida diputada en las Cortes Generales por Asturies. Admiradora del movimiento obrero asturiano, del que le impresionaban su organización y su amor por la cultura, tras el fracaso de la huelga revolucionaria de Octubre de 1934 se implicó a fondo en la solidaridad con los represaliados y sus familias, adquiriendo gran popularidad en la provincia vecina, por la que volvió a ser escogida diputada en febrero de 1936 dentro de las listas del Frente Popular.

Además de parlamentaria, también fue directora de Comercio y Política Arancelaria del Gobierno de Largo Caballero durante la Guerra Civil.

Tras la derrota republicana partió al exilio. Primero a Francia y más tarde a México, donde vivió en una situación de extrema precariedad económica. Hasta su muerte en 1946, a los 62 años, siguió escribiendo y militando políticamente, tomando partido por el sector del PSOE afín al ex presidente Juan Negrín, y enfrentado al ex ministro Indalecio Prieto. Tras la victoria del prietismo, que coincide con su muerte, sería expulsada del partido junto a otros 35 dirigentes socialistas. Solo en 2009 sería rehabilitada a título póstumo por el PSOE.

Sus restos descansaban en el Panteón Español de Ciudad de México, hasta este sábado, en el que ha sido enterrada y homenajeada en Cabezón de la Sal.

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