En los años ochenta se pescaban hasta 9.000 salmones al año en los ríos asturianos. Hoy apenas se supera el centenar. Con ese telón de fondo arranca este fin de semana la temporada de pesca del salmón en los ríos asturianos, marcada por el cupo más bajo fijado hasta ahora: 154 ejemplares en total, un 75% menos que los autorizados el año pasado.
La reducción responde a la nueva normativa aprobada por el Gobierno del Principado ante el descenso continuado de la población de salmón atlántico en los ríos cantábricos.
Pese al declive de la especie, la apertura volverá a estar acompañada por uno de los rituales más conocidos de la cultura fluvial asturiana: la búsqueda del ‘campanu’, el primer salmón capturado en la temporada, cuya aparición sigue concentrando cada primavera a pescadores, hosteleros y curiosos.

Un límite histórico
El Gobierno del Principado ha decidido reducir drásticamente las capturas autorizadas. El cupo anual pasa de 620 salmones en la campaña anterior a 154 esta temporada, y además se limita la captura a un ejemplar por pescador con muerte, aunque la normativa permite un máximo anual de dos capturas si una de ellas es devuelta al río, según la regulación aprobada por la Consejería de Medio Rural.
La evolución de las capturas refleja un declive que lleva décadas produciéndose. Si en la segunda mitad del siglo XX los ríos asturianos registraban miles de capturas anuales, con campañas que en algunos años superaban los 7.000 salmones, las cifras comenzaron a caer progresivamente, como reflejan las estadísticas históricas de pesca fluvial recopiladas por la administración autonómica.
En 2001 se pescaron 2.800 ejemplares; quince años después la cifra había descendido a 1.134, y en 2024 apenas se alcanzaron los 340, según los datos oficiales de capturas.
El mínimo reciente llegó la pasada temporada, cuando solo se precintaron 130 salmones en todos los ríos asturianos, una de las cifras más bajas registradas.
El Narcea sigue siendo el río clave
La mayor parte de las capturas continúa concentrándose en unos pocos ríos. El pasado año 97 salmones se pescaron en el Narcea, 24 en el Sella-Piloña, siete en el Cares-Deva y dos en el Eo, mientras que en el Esva no se registró ninguno.
También este año el Narcea tendrá el mayor cupo autorizado, con 60 ejemplares, seguido del Sella, donde podrán capturarse hasta 52 salmones antes del cierre de la temporada, fijado para el 15 de julio.
El peso histórico de esta cuenca también se refleja en el origen del primer salmón del año. En lo que va de siglo, el campanu ha salido once veces del Narcea, cinco del Sella, cinco del Eo y cuatro del Cares.
El último también se pescó allí. El año pasado el primer salmón apareció cuatro días después del inicio de la temporada, convirtiéndose en el más tardío registrado. Lo capturó Javier Bueno Martínez en una zona libre de Puente Quinzanas: un ejemplar de casi siete kilos y 83 centímetros.
La expectación por el primer salmón convive con un creciente debate sobre el futuro de la especie en los ríos cantábricos
Una tradición muy cotizada
El nombre de campanu procede de una tradición antigua: cuando el primer salmón era capturado en un río, las campanas de las iglesias ribereñas repicaban para anunciarlo.
Hoy el anuncio se sigue con expectación en toda Asturias, en parte porque el primer ejemplar capturado en cada río es el único que puede comercializarse, ya que la normativa prohíbe la venta del resto de salmones pescados.
Eso ha convertido al campanu en una pieza muy codiciada por la hostelería. Cada año se organiza una subasta pública en la que restaurantes compiten por hacerse con el primer salmón.
El campanu de la pasada temporada se adjudicó por 10.100 euros a la sidrería La Finca, de Oviedo, en una puja en la que participaron trece establecimientos. La cifra quedó por debajo del récord reciente: 19.300 euros pagados en 2024 por el restaurante madrileño El Rincón Asturiano por un ejemplar de 8,2 kilos.
Si este fin de semana aparece el primer salmón, podrá subastarse en dos escenarios. Por un lado, la feria Asturpesca, que celebra su 26ª edición en Cornellana y que habilitará una puja el domingo si ya hay campanu. Por otro, la subasta organizada por el Ayuntamiento de Cangas de Onís y la sociedad de pescadores El Esmerillón, prevista inicialmente para la tarde del sábado.
Un declive que preocupa a científicos y ecologistas
La expectación por el primer salmón convive con un creciente debate sobre el futuro de la especie en los ríos cantábricos.
El último conteo realizado por la guardería medioambiental del Principado detectó 472 salmones en los ríos asturianos, el registro más bajo del que se tiene constancia en este tipo de recuentos.
Según esos datos, 263 ejemplares se localizaron en la cuenca del Narcea, 140 en el Sella, 50 en el Cares y 19 en el Esva.
Las cifras han reforzado las advertencias de científicos y organizaciones ecologistas sobre la situación del salmón atlántico en el Cantábrico, el límite meridional europeo de distribución de la especie.
El biólogo David Álvarez, profesor de la Universidad de Oviedo, señalaba recientemente que la disminución es perceptible incluso para quienes frecuentan los ríos. “Cada vez suben menos ejemplares”, explicaba en una entrevista publicada en NORTES.
Diversos estudios científicos apuntan a un descenso continuado de las poblaciones de salmón atlántico en Europa durante las últimas décadas, una tendencia especialmente acusada en los ríos del sur del continente.

Peticiones para declarar la especie en peligro
Ante esta situación, el movimiento ecologista asturiano ha reclamado medidas más drásticas. A comienzos de este año, organizaciones agrupadas en la Red de Representación Ambiental d’Asturies, a través de la asociación Saxífraga, solicitaron al Gobierno central que el salmón atlántico sea incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas en la categoría de “en peligro de extinción”. La petición implicaría establecer una moratoria total en su pesca hasta que las poblaciones se recuperen.
Los colectivos conservacionistas atribuyen el declive a una combinación de factores: sobrepesca histórica, degradación de los ríos, obstáculos en los cauces que dificultan el remonte, especies invasoras y los efectos del cambio climático. También cuestionan las repoblaciones artificiales realizadas durante décadas, al considerar que pueden reducir la diversidad genética de las poblaciones naturales.
Un ritual en tiempos inciertos
La apertura de la pesca del salmón siempre ha tenido algo de ritual primaveral en Asturias. Pero este año el inicio de la temporada llega acompañado de cifras que reflejan una realidad cada vez más evidente: los salmones son cada vez más escasos en los ríos cantábricos. Mientras los pescadores se preparan para buscar el primer ejemplar y los restaurantes aguardan la subasta del campanu, el debate sobre el futuro de la especie sigue abierto.
La pregunta ya no es solo cuándo aparecerá el primer salmón del año, sino cuántas temporadas más podrá seguir celebrándose con normalidad una tradición ligada a un pez cada vez más escaso en los ríos asturianos.






























