Una imagen de una paloma de papel despertó en la historiadora del arte María Pidal García el interés por indagar en la obra no bélica del fotógrafo gijonés Constantino Suárez. ¿Cómo un guaje de barrio, hijo de una familia de clase trabajadora, podía estar familiarizado en los años 30 con la fotografía experimental y de vanguardia de los grandes fotógrafos europeos de aquella época? Comenzaba ahí una investigación que se ha terminado traduciendo en el libro “Constantino Suárez. L´alma fotográfica al traviés de la vanguardia”, publicado por Editorial La Semeya.
Pidal (Oviédo/Uviéu, 2001) destaca la importancia que los cursos y exposiciones del Ateneo Obrero de Gijón jugaron en el descubrimiento por parte de Suárez de las posibilidades artísticas del medio fotográfico. Fue en esta gran institución cultural surgida de la autoorganización de las clases medias y populares gijonesas donde un joven Suárez aprendería que la fotografía no solo podía representar la realidad.
Hijo de unos tenderos, fue a la escuela hasta los 14 años, cuando entró a trabajar como aprendiz en un estudio fotográfico en el que aprendió un oficio que pronto le llevaría a convertirse en fotógrafo de prensa, pero también en autor de una obra de carácter más personal y autoral, que como el resto de su enorme archivo, se encuentra guardado y clasificado en el Muséu del Pueblu d´Asturies.


Pidal señala importancia que las exposiciones del Ateneo Obrero, así como las actividades de su cineclub y de su Grupo Excursionista y Fotográfico, tuvieron a la hora de divulgar en Asturies las tendencias más vanguardistas del cine y la fotografía europeos. En todas esas actividades participó Suárez, que se empapó de ese ambiente, trasladando esas técnicas, encuadres y puntos de vista, tanto a su fotografía de tiempos de paz, como de guerra, cuando publicó algunas de sus mejores imágenes como el gran fotorreportero del diario socialista Avance.
Pidal muestra en su libro la preocupación artística de Constantino Suárez en cualquiera de sus facetas: ya fuera en imágenes más personales, como en otras de acotencimientos deportivos, vida cotidiana o el frente de guerra. Destacan las imágenes previas al estallido de la Guerra Civil, que muestran una Asturies moderna, alegre y despreocupada, ajena a la tragedia que se estaba mascando.

Represaliado tras la guerra, Pidal señala que su obra posterior a 1937 no está a la altura, quizá porque no quiso aceptar nunca los límites que le imponía la censura franquista, que le impidió continuar con su oficio. Para la historiadora Suárez merece un lugar en la historia de la fotografía española mucho más destacado, a la altura de Sánchez Portela, Masats o Centelles: “Sigue siendo un gran desconocido fuera de Asturies”.
Se conocen muy pocos detalles de su biografía excepto que permaneció toda la vida soltero, llevó una vida austera, y hasta su fallecimiento en Xixón en 1983 se mostró preocupado por reunir su archivo y evitar que se perdiera en el olvido. Inquietud muy razonable para alguien que probablemente estaba convencido de que más allá de su mala fortuna personal, era el autor de un gran legado no solo histórico y artístico. Hoy, 43 años después de su fallecimiento, Constantino Suárez sigue sorprendiendo por su incombustible modernidad.
Fotos: Contantino Suárez/Muséu del Pueblu d´Asturies







































