Como son irreformables y no se han sabido adaptar a los cambios sociales, hace tiempo que los partidos políticos se han convertido en un grave problema democrático. Nacieron como cauces de expresión y participación de la democracia, pero ahora, enfangados en sus vicios, enredos y clientelismos, son uno de los peligros que amenazan con dinamitarla. El desprestigio del sistema democrático, que está abriendo paso a la extrema derecha en todo el mundo, tiene mucho que ver con la esclerosis de la democracia.
Un buen ejemplo de la degeneración de los partidos políticos y su alejamiento de la sociedad civil es lo que ocurre en la agrupación socialista de Uviéu, la AMSO. Siempre fue una grillera, una organización cainita y endogámica eternamente enfrentada entre sus múltiples corrientes, surgidas de la actividad de capillitas y grupos de interés. El debate ahí dentro fluye sobre cuestiones domésticas más que de las interés público para los ciudadanos, que sería lo esperable en un partido político. “Hay que abrir las puertas de la sede y que entre el aire”, dijo en una de sus repetidas batallas uno de los dirigentes. Pero el ambiente sigue viciado, como en un búnker.
La última convulsión interna que está padeciendo evidencia que también en la AMSO el cambio y la regeneración política son imposibles. Es un buen observatorio en relación a la crisis de los partidos políticos y la de la izquierda, tan vinculadas.
En las últimas elecciones municipales irrumpió al frente de la candidatura socialista tras imponerse en unas primarias Carlos Fernández Llaneza. Un candidato con perfil propio, militante con tradición familiar socialista detrás, pero no un político profesional ni persona con ambición de hacer carrera en el partido, lo que exige fidelidad a la cúpula y al aparato.
Jubilado de una gran empresa farmacéutica, Carlos Llaneza venía del movimiento ciudadano contra la Ronda Norte, una amenaza para el Naranco, el histórico monte donde se asientan los monumentos prerrománicos y pulmón de la ciudad, que patea casi a diario y conoce a la perfección. Al Naranco dedicó uno de sus libros, porque Llaneza es también escritor, un hombre de letras volcado en la cultura y la Historia.

El candidato socialista no logró un mal resultado, aunque Alfredo Canteli consiguió la alcaldía y la mayoría absoluta para el PP, donde no milita aunque tiene voz y mando. El plan de Llaneza y los suyos era a largo plazo en la gran plaza fuerte de la derecha en Asturias, pensando en la alcaldía para 2031, un objetivo sensato. El grupo municipal socialista que encabeza se convirtió en la única oposición en Uviéu, en vista de los pactos y acuerdos de IU con Canteli y el PP, una curiosa estrategia del portavoz Gaspar Llamazares y el hombre fuerte de la organización, Alejandro Suárez.
Llaneza se rodeó de personas con un perfil parecido al suyo, como Juan Álvarez Areces y Jorge García Monsalve, ingeniero y abogado respectivamente, sus dos grandes apoyos. Siempre educado y alejado de los histrionismos, el solitario líder de la oposición municipal exhibe en el Ayuntamiento su modelo de ciudad, progresista y verde, directamente enfrentado al del PP, volcado en el comercio, la hostelería, el turismo y el hormigón. Canteli es un señor mayor algo rancio que es feliz viendo las calles llenas y los turistas invadiendo todos sus rincones. Esa es su propuesta exitosa. No es gay, pero sobre todo quiere ambiente.
Su oposición a ese modelo populista y al desarrollismo de Canteli, un furor de grúas, obras, ladrillo y hormigón, que viene del tardofranquismo, enfrentó a Llaneza con el alcalde, pero también con sectores del socialismo asturiano y a lobbies con mucha influencia. No entró en el pacto que asumió IU para que la autopista atraviese La Vega, la mayor aberración en Uviéu desde el derribo de la estación del Vasco. Sin su defensa, es posible que la marquesina de la Fábrica de Gas de Sánchez del Río fuera a estas alturas chatarra. Es curioso lo de los conservadores carbayones, que nunca lo son para conservar el patrimonio de la ciudad, víctima de la incivil piqueta, ya desde el derribo del carbayón, que les da nombre a los vecinos de Uviéu, desde 1879.
A un año de las elecciones municipales Carlos Fernández Llaneza puso fin a su proyecto hacia la alcaldía de Uviéu y a su aventura política, una historia repetida en la AMSO que recuerda a la de Leopoldo Tolivar, otra persona relevante profesionalmente y en la vida cultural, cuyo paso por el Ayuntamiento fue efímero. Ante la convocatoria de unas nuevas elecciones primarias, que en Uviéu no parecían necesarias para los socialistas, la dirección de la Federación Socialista Asturiana que encabeza Adrián Barbón no apoyó a Llaneza, que defendía una candidatura de integración con Sergio Llera, el secretario general de las Juventudes Socialistas, afín al aparato. El todavía concejal y portavoz del grupo municipal socialista renunció a dar la batalla interna y decidió retirarse de la política en cuando acabe este mandato.
EL PSOE se acaba de dar un nuevo tiro en el pie en Uviéu, aunque no es novedad. Tampoco es que le importe gran cosa, da por perdida a la capital asturiana ante la derecha, como ocurre en Madrid, el gran referente del PP carbayón y de Alfredo Canteli, una muestra de acomplejado provincianismo. La FSA barajó otros candidatos para la plaza de Carbayonia. El eurodiputado Jonás Fernández era una apuesta, pero la plaza de mando en su ciudad le queda pequeña y hay quien lo ve como el sucesor natural de Adrián Barbón. Guillermo Peláez y Dolores Carcedo eran otros nombres que estaban sobre la mesa, pero Barbón perdería con su ausencia dos grandes apoyos en el gobierno y en el grupo parlamentario de la Xunta Xeneral. Hasta se pensó en Fernando Lastra, durante décadas hombre fuerte en la FSA, totalmente recuperado de un reciente percance.
Tampoco es que encabezar la lista electoral en Uviéu sea un proyecto ilusionante para nadie en el PSOE, un partido que no compite en la ciudad y que tiene ahora en España el viento de frente y no de cola, como reconoce Adrián Barbón. El presidente asturiano es un posibilista en la secretaría general de la FSA. Sus ideas sin duda son más cercanas a las de Carlos Fernández Llaneza, que es un asturianista ilustrado como él, que a las del alcalde de Siero, Ángel García, “Cepi”, un populista neoliberal, el mejor representante del trumpismo en Asturias. Pero el presidente asturiano da por perdida la batalla de Uviéu, terrritorio comanche para los socialistas, y apoya abiertamente a “Cepi”, un bastión electoral en Siero, que llegó a amenazar con montar una candidatura al margen del PSOE. Con gran éxito, porque el chantaje tuvo efecto inmediato y todas las iniciativas del alcalde de Siero, desde meter a calzador a Cotsco hasta privatizar el servicio del agua con el único apoyo de Vox, son apoyadas sin reservas.
Así funciona este negocio de la política con sus agentes comerciales, que son los partidos políticos. Carlos Fernández Llaneza era delegado en una multinacional, en la política no le interesa ejercer de agente comercial. Se va para casa. Está jubilado y podrá disfrutar más placenteramente de los suyos y del monte Naranco; seguirá escribiendo, publicando y participando en la vida pública desde la sociedad civil. Puede que los carbayones salgan perdiendo, él saldrá ganando. Los ciudadanos somos las víctimas en el secuestro de la democracia por partidos y políticos profesionales, pero asistimos al espectáculo con cierta resignación. Convencidos de que el sistema de partidos que conocemos es irreformable, como la Constitución española. Pero solo se pierde el partido que no se juega, como hace el PSOE en Uviéu.



























