En Candamo el arte contemporáneo se decide en asamblea

La quinta edición de Néxodos convierte durante diez días San Román en un espacio donde el arte, el clima y la participación vecinal van de la mano.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

En la mayoría de los encuentros de arte contemporáneo, la programación comienza a diseñarse alrededor de un comisario, un director artístico o un equipo de especialistas. En San Román de Candamo, el proceso empieza de otra manera. Meses antes de que llegue el primer artista, los vecinos se reúnen en una asamblea y responden a una pregunta sencilla: “¿De qué queremos hablar?”.

La respuesta de este año fue el cambio climático. Los incendios forestales del último verano, los prados cada vez menos verdes, la preocupación por la falta de agua y el debate abierto en torno a las grandes infraestructuras energéticas marcarán la quinta edición de Néxodos, el encuentro de creación contemporánea y medio rural que se celebra desde este viernes, 24 de julio, hasta el 2 de agosto en San Román de Candamo.

Integrado en la programación de la Bienal Climática, que se celebra este año por primera vez en Avilés, el encuentro volverá a llenar de exposiciones, música, cine, poesía, talleres, visitas guiadas y conversaciones espacios tan poco habituales como una panera, una antigua panadería, jardines, huertas o el Palacio Valdés Bazán. Pero quienes llevan años siguiendo el proyecto insisten en que lo más importante no es la programación. Es la forma de construirla.

Néxodos en una pasada edición. Intervención de Maite Centol

Un cumpleaños que acabó convirtiéndose en un proyecto cultural

La historia de Néxodos comenzó casi por casualidad. Durante una fiesta de cumpleaños en San Román coincidieron varios amigos vinculados al arte contemporáneo, a la gestión cultural y al periodismo con vecinos del pueblo. De aquella conversación surgió una pregunta que acabaría convirtiéndose en el punto de partida del encuentro.

“El arte contemporáneo no deja de ser una reflexión de los artistas de hoy sobre los problemas de hoy”, explica Gerardo López, coordinador de Néxodos y natural de la localidad. “No tenía mucho sentido que estuviera tan alejado del medio rural.”

La idea encontró enseguida un escenario cargado de simbolismo: una antigua casona de finales del siglo XIX que había sido colegio, café y consultorio médico antes de quedar abandonada tras la construcción del nuevo centro de salud. El edificio llevaba años cerrado y ninguna administración terminaba de aclarar quién podía autorizar su utilización. Después de llamar a distintas puertas sin obtener respuesta, el colectivo decidió seguir adelante con lo que bautizó como una “ocupación informada”. Cada artista intervino una estancia del antiguo consultorio y los vecinos pudieron volver a entrar por primera vez en un lugar que formaba parte de la memoria del pueblo.

Intervención del colectivo Off Mothers.

“Fue una cosa muy guapa porque hacía casi veinte años que mucha gente no entraba allí”, recuerda López. “Era un sitio con mucha carga sentimental para todos.”

Aquí las obras no llegan; se construyen

Con el tiempo, Néxodos ha mantenido la misma filosofía con la que nació. Antes de invitar a los artistas, pregunta al pueblo qué asuntos le preocupan. Después son los propios vecinos quienes proponen muchos de los espacios donde se instalarán las obras y acompañan a los creadores para explicarles qué historia guarda cada rincón. “El vecino que propone o cede el espacio se implica también en la relación con el artista y en el proceso de la propia pieza”, explica Gerardo López.

Una de las piezas de una edición de Néxodos.

Esa forma de trabajar hace que resulte difícil separar el festival de la vida cotidiana de San Román. Durante unos días, las visitas guiadas recorren calles, huertas, paneras y edificios históricos mientras vecinos, artistas y visitantes comparten un mismo itinerario. El pueblo deja de ser el escenario donde ocurre el encuentro para convertirse en una parte esencial de él. “Muchas veces el arte contemporáneo se percibe como algo ajeno, un poco marciano”, reconoce López. “Nosotros intentamos justamente lo contrario.”

“Los prados cada vez están menos verdes”

El tema de esta quinta edición se decidió hace casi un año, durante una de esas asambleas vecinales. No fue una propuesta llegada desde una institución ni desde el mundo del arte. Salió de las conversaciones que ya existían en el pueblo. “Los incendios nos preocupaban mucho y también todo el debate que hay sobre las renovables”, explica Gerardo López.

En los últimos meses, Candamo ha vivido la movilización de parte de sus vecinos contra un proyecto de parque de baterías —por ahora paralizado, según explica el coordinador de Néxodos— y mantiene la inquietud ante la posible instalación de un macroparque eólico. A ello se suma una preocupación mucho más visible y cotidiana. “Los prados cada vez están menos verdes. Esa es la realidad.”

De ahí nació el lema de esta edición: “Quedar ensin verde”. La intención, sin embargo, no es plantear un discurso de rechazo a la transición energética. “Aquí no estamos en contra de la transformación energética”, aclara López. “Lo que queremos es participar en cómo se hace esa transformación, dónde, cuándo y a quién.”

Ese debate recorrerá buena parte de la programación. El documental Ladrones de Fuego abordará los incendios forestales; Vidas Irrenovables reflexionará sobre el despliegue de las energías renovables; y propuestas como la ruta El barro de Candamo o el taller La paleta del clima invitarán a mirar el territorio desde otras perspectivas. Junto a ellas habrá conciertos, poesía, performances y visitas guiadas repartidas por distintos rincones del pueblo.

Recorrido por la instalción de Rafael Lamata.

Cuando la Bienal Climática llamó a Candamo

La incorporación de Néxodos a la Bienal Climática no cambió el rumbo del proyecto. De hecho, ocurrió justo al contrario. Cuando el colectivo decidió dedicar esta edición al cambio climático, la programación de la Bienal todavía estaba tomando forma. Fue la organización de ese gran proyecto cultural la que se fijó en lo que estaba ocurriendo en San Román y se puso en contacto con el colectivo. “Vieron la repercusión que había tenido la asamblea y nos llamaron”, recuerda Gerardo López.

La colaboración se tradujo en una aportación económica de 4.000 euros, además de incorporar Néxodos a la programación y a la difusión de la Bienal Climática. Pero había una condición que el colectivo no estaba dispuesto a negociar. “Nuestra forma de trabajar tenía que seguir siendo la misma.” Y así ha sido. “Nos han dejado seguir en libertad absoluta.”

Para López, esa independencia resulta fundamental porque el proyecto no podría hacerse de otra manera. Las decisiones necesitan tiempo, conversaciones y consenso. “Todo lo que es muy colectivo tiene esa cuestión, tiene que ir despacio y con cuidado.”

La colaboración con la Bienal Climática ha permitido dar mayor visibilidad a un encuentro que llevaba años creciendo desde el medio rural, sin alterar una filosofía construida mucho antes de que llegara el reconocimiento institucional.

Mucho antes de que lleguen los artistas

Cuando este viernes comiencen las primeras actividades de Néxodos, habrá visitantes que recorran las intervenciones repartidas por San Román, asistan a un concierto o participen en alguno de los talleres. Para ellos, el encuentro empezará ese día. Para el pueblo, en realidad, habrá comenzado muchos meses antes.

Empezó la tarde en que una asamblea decidió que había llegado el momento de hablar del cambio climático. Continuó cuando varios vecinos propusieron una huerta, una panera o un jardín para acoger una obra. Siguió con los paseos compartidos entre artistas y habitantes para descubrir qué historias escondía cada rincón.

Hace casi una década, un grupo de amigos abrió de nuevo un antiguo consultorio médico porque pensó que el arte contemporáneo también podía formar parte de la vida de un pueblo. Hoy Néxodos entra por primera vez en la programación de la Bienal Climática, pero mantiene intacta aquella idea inicial. Antes de decidir qué obras mostrar, pregunta algo mucho más sencillo a quienes viven allí: ¿De qué merece la pena hablar?

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