Cuando Inaciu Galán tuvo que abandonar el piso en el que había vivido durante casi una década, podría haberlo vendido, alquilado o convertido en uno más de los alojamientos que se anuncian cada día en una ciudad turística. Optó por una salida menos previsible. Llenó las habitaciones de escritores.
Desde finales de 2023, autores procedentes de distintos lugares de España, Europa y América han pasado varias semanas en aquella vivienda de Gijón para avanzar en una novela, preparar una traducción, terminar un poemario o sencillamente disponer de algo que no siempre resulta fácil encontrar. Tiempo, silencio y un espacio propio para escribir.
Así nació la Residencia Lliteraria Xixón, una iniciativa promovida por la asociación Nial Cultural que ya ha acogido a más de veinte escritores y que este año tiene programadas doce estancias, prácticamente una por cada mes. Entre sus residentes ha habido autores que empezaban a abrirse camino y otros ya consolidados. El nombre de mayor repercusión hasta ahora ha sido David Uclés, autor de La península de las casas vacías, uno de los fenómenos literarios de los últimos años.
El proyecto, sin embargo, no nació pensando en grandes figuras ni en fotografías con escritores conocidos. Su primer huésped fue Robin Mumby, un traductor inglés que descubrió la lengua asturiana a través de internet y de la música durante la pandemia. Decidió aprenderla y acabó convirtiéndose en traductor también desde el asturiano.

Mumby llegó a Gijón con varios proyectos entre manos. Desde entonces ha traducido a autores asturianos para revistas internacionales del ámbito anglosajón y ha participado en la publicación en Inglaterra de un libro de Raquel F. Menéndez. Para Galán, aquella primera estancia demostró que una residencia podía servir no solo para atraer creadores, sino también para ayudar a que la literatura escrita en Asturias viajase fuera.
“La idea nació porque en otros lugares de España y Europa ya existían iniciativas de este tipo”, explica. Durante años habían proliferado sobre todo las residencias dirigidas a artistas plásticos, pero comenzaban a aparecer espacios específicamente pensados para escritores. En Asturias, sin embargo, no había ninguno.
Galán llevaba tiempo dando vueltas a la posibilidad de poner en marcha una experiencia similar. La oportunidad llegó cuando tuvo que mudarse y pudo utilizar como residencia el apartamento en el que había vivido. El inmueble conserva una biblioteca de alrededor de 4.000 volúmenes en asturiano, castellano, catalán, gallego, occitano, inglés y otras lenguas. La vivienda dejó así de ser únicamente una casa para convertirse en lugar de trabajo, biblioteca y punto de encuentro entre escritores.

Un refugio para escritores de medio mundo
Las primeras estancias comenzaron a finales de 2023. Desde entonces han pasado por ella autores británicos, franceses, italianos, portugueses, peruanos, argentinos, gallegos, catalanes y vascos, además de escritores de otros territorios. Las redes de la residencia documentan la presencia de creadoras como Núria Parera, Ale Lacour, Marisa Martínez Pérsico, Romina Berenice Canet, Elena Galzusta o Garbiñe Salaberria, junto con autores como Ramón Caride, Isaac Carvalho o el argentino Juan Vitulli. La convocatoria difundida en 2025 ofrecía estancias comprendidas entre junio de ese año y junio de 2026.
La duración ideal es de un mes, aunque el proyecto procura adaptarse a las circunstancias de cada residente. No todos pueden alejarse durante cuatro semanas de su trabajo, su familia o sus obligaciones cotidianas. Algunas estancias son más breves y pueden prolongarse entre una y cuatro semanas.
“La labor principal de una residencia es dar tiempo y espacio a un escritor para que pueda desarrollar un proyecto”, sostiene Galán. La frase podría definir cualquier retiro creativo, pero la residencia gijonesa añade inmediatamente una segunda intención. “También queremos que quede aquí algo”.

Ese algo puede ser una traducción, una conversación pública, una presentación o un vínculo que continúe una vez concluida la estancia. Los autores no llegan únicamente para encerrarse a escribir. Durante su paso por Asturias participan habitualmente en actividades organizadas en Gijón y en otros lugares de la comunidad. Librerías, asociaciones, espacios culturales e instituciones colaboran en encuentros que permiten al público conocer su trabajo.
Una parte de su obra se traduce además al asturiano. El objetivo es que la estancia produzca un intercambio en las dos direcciones. El visitante encuentra un espacio para trabajar y entra en contacto con la cultura asturiana. A cambio, una parte de su literatura queda incorporada al patrimonio lingüístico de Asturias.
Mucho más que un lugar para escribir
La importancia concedida a las lenguas minoritarias no implica que la residencia se dirija exclusivamente a autores que escriben en ellas. Puede acudir un novelista en castellano, un poeta en inglés o un creador procedente de cualquier tradición literaria. Galán defiende que no existe una jerarquía cultural basada en el número de hablantes.

“Para nosotros no hay diferencia entre un escritor en castellano y un escritor en la lengua más pequeña que pueda haber en el mundo”, afirma. “Todas las lenguas tienen valor por sí mismas y todas las culturas nos interesan”.
La residencia presta una atención particular a los idiomas que atraviesan situaciones semejantes a la del asturiano. El contacto con autores bretones, galeses, gallegos, vascos o catalanes permite conocer otros modelos de creación, traducción y difusión. Para Galán, el intercambio sirve también para observar qué iniciativas funcionan en otros territorios y pensar cómo trasladar algunas experiencias a Asturias.
La dimensión pública del proyecto pudo verse durante la estancia de David Uclés. El escritor trabajó en Gijón durante varias semanas de septiembre y octubre de 2025 y participó en distintos encuentros culturales. Su presencia aportó a la residencia una visibilidad que difícilmente habría alcanzado con autores menos mediáticos, aunque Galán insiste en que el proyecto busca mezclar trayectorias y perfiles.
Por el piso han pasado escritores que estaban comenzando, autores con una carrera consolidada y nombres conocidos por el gran público. “Son experiencias diferentes y todas nos resultan interesantes”, explica.
La llegada de Uclés contribuyó a dar a conocer un proyecto que hasta entonces había crecido de manera silenciosa, apoyado sobre todo en las convocatorias, las redes sociales y las actividades organizadas alrededor de cada residente. Pero su estancia no alteró el modelo. El objetivo continúa siendo proporcionar condiciones de trabajo, conectar al autor con Asturias y favorecer que su visita tenga consecuencias más allá del tiempo pasado en la vivienda.
La residencia está gestionada por Nial Cultural, una pequeña asociación detrás de la cual trabaja un grupo reducido de personas
Crecer sin perder la esencia
Uno de los datos que más ha sorprendido a sus responsables es la amplia mayoría de mujeres entre las personas interesadas. Galán calcula que entre el 80 y el 90 % de las solicitudes recibidas proceden de escritoras. No cree que sea una casualidad. Detrás de esa diferencia observa una brecha que también afecta al proceso creativo. Las mujeres encuentran con frecuencia más dificultades para disponer en su vida diaria de un tiempo propio, continuado y libre de otras responsabilidades. Una residencia les permite apartarse temporalmente de ese entorno y concentrarse en su obra.
Esa realidad llevó al proyecto a crear el pasado año su primera beca financiada directamente por la residencia, dirigida a mujeres escritoras. La intención es continuar abriendo nuevas líneas de colaboración para sufragar estancias más largas y ofrecer mejores condiciones a quienes no pueden costearse el desplazamiento o renunciar durante semanas a sus ingresos habituales.
La financiación es, de hecho, uno de los principales obstáculos. La residencia está gestionada por Nial Cultural, una pequeña asociación detrás de la cual trabaja un grupo reducido de personas. Los apoyos públicos obtenidos hasta ahora han sido escasos. Al tratarse de una fórmula todavía poco extendida en Asturias, no existen muchas convocatorias específicamente diseñadas para financiar esta clase de proyectos.

La situación es diferente en otros territorios. Algunos escritores llegan a Gijón gracias a ayudas concedidas por sus administraciones de origen. Galicia, por ejemplo, dispone de líneas que permiten a sus autores acudir a residencias creativas. Dos escritores gallegos utilizaron estas ayudas el pasado año y otros dos lo harán durante 2026.
Las instituciones que las conceden entienden que la estancia tiene un doble efecto. Favorece la creación de una nueva obra y, al mismo tiempo, difunde al escritor y el sistema literario del que procede. Esa promoción se multiplica cuando el alojamiento va acompañado de entrevistas, presentaciones y actividades abiertas al público.
La Residencia Lliteraria Xixón trabaja ahora para alcanzar acuerdos con editoriales interesadas en ofrecer estancias como parte de sus premios. El reconocimiento a un autor podría consistir así no solo en una cantidad económica o en la publicación de su obra, sino también en varias semanas dedicadas exclusivamente a escribir.
Existen igualmente conversaciones con entidades de otros países. Galán evita avanzar detalles antes de que los convenios estén cerrados, pero espera que algunas de estas colaboraciones puedan anunciarse próximamente. El siguiente paso tampoco consiste únicamente en traer más autores. La residencia quiere funcionar como plataforma para que los escritores asturianos puedan salir al exterior y desarrollar sus proyectos en espacios semejantes de otros territorios.
Ese viaje de vuelta estaba ya presente en la idea original. Asturias acoge a creadores extranjeros, traduce una parte de sus obras y les permite conocer su literatura. Después, los autores asturianos encuentran nuevas puertas para publicar, traducirse o trabajar fuera.La meta a medio plazo es mantener doce residentes cada año, uno por mes, aumentar el número de becas y consolidar los intercambios internacionales. No se plantea, al menos por ahora, abrir una red de apartamentos cedidos por otros propietarios. La prioridad es afianzar la vivienda existente y conseguir que las estancias se desarrollen en mejores condiciones.
En poco más de dos años, el piso en el que vivió Inaciu Galán ha recibido a más de veinte personas que llegaron a Gijón con manuscritos, traducciones, poemas y novelas a medio terminar. Algunas permanecieron apenas unos días. Otras ocuparon durante un mes una casa ajena hasta convertirla provisionalmente en la suya.
Después se marcharon, pero la intención es que no desaparezcan por completo al cerrar la puerta. Una traducción, un encuentro, una publicación o un nuevo vínculo literario debe permanecer en Asturias. La residencia nació para ofrecer a los escritores un lugar en el que detenerse. Ahora aspira también a convertirse en el punto desde el que la literatura asturiana pueda empezar a viajar.































