“No comprendo algunas de las objeciones a los centros de datos”

Iván Aitor Lucas, director de innovación, defiende la nueva apuesta tecnológica del Gobierno asturiano.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Los centros de datos no sustituirán el empleo perdido por el declive industrial, pero el Gobierno asturiano considera que pueden abrir una nueva vía económica capaz de convivir con las actividades tradicionales. La competencia por atraer estas instalaciones ya no se limita a Madrid, Barcelona o Valencia: Asturias quiere aprovechar su conectividad, su tejido tecnológico y algunas infraestructuras heredadas de la minería para reclamar una parte de las inversiones.

La apuesta ha ganado actualidad tras la presentación en Salas de Digital Valley Asturias, un campus privado que prevé movilizar más de 1.200 millones de euros. El anuncio también ha reabierto las dudas sobre el empleo permanente, el consumo de electricidad y agua, los sistemas de refrigeración y el retorno que estas instalaciones dejan en los territorios que las acogen.

Después de analizar esas cuestiones en un reportaje publicado el pasado fin de semana, NORTES conversa con Iván Aitor Lucas, director general de Innovación, Investigación y Transformación Digital. Lucas reconoce que las plantillas disminuyen considerablemente cuando terminan las obras, pero defiende las oportunidades económicas del sector, considera suficientemente transparente la información ofrecida por la empresa promotora y resta fundamento a algunas de las objeciones ambientales. También explica las diferencias entre el campus privado de Salas y el pequeño centro público proyectado en el antiguo pozo San Jorge, concebido para atender las necesidades de la Administración asturian

Cuando se habla de la economía del dato, puede parecer un concepto bastante abstracto. ¿Cómo se lo explicaría a una persona que no conoce este sector?

La economía del dato es un concepto nuevo. Se dice que los datos son el petróleo del siglo XXI. Hace tiempo las empresas ya los recogían, pero no había capacidad de computación suficiente para extraerles todo su valor. Hoy, gracias a los avances tecnológicos, podemos acceder a una gran potencia de cálculo y eso convierte los datos en algo esencial. En la industria, por ejemplo, se pueden recoger miles de datos por minuto sobre la velocidad o la vibración de una turbina y utilizarlos para prever una avería antes de que ocurra. Eso permite cambiar una máquina o programar una parada en el momento adecuado. Podemos verlo también en algo cotidiano como un coche: los datos sobre nuestra conducción, el estado de la carretera, los neumáticos o las bujías pueden servir para anticipar una avería y recomendar que vayamos al taller antes de que se produzca.

¿Y qué posibilidades puede ofrecer?

En medicina, por ejemplo disponer de información sobre las consultas, los análisis, la dieta o las operaciones de una persona puede favorecer una medicina preventiva, que no se limite a solucionar un problema, sino que sea capaz de anticiparse. Hay miles de posibilidades. La gran ventaja actual es que tenemos capacidad para almacenar esa información y también para procesarla. Basta comparar los ordenadores de hace unos años, con un gigabyte de disco duro, con los actuales, que tienen varios terabytes. En los centros de datos sucede lo mismo. Todo esto puede mejorar la vida de la gente.

Ese uso de información personal también plantea riesgos. ¿Cómo se puede evitar un uso ilícito o poco ético de los datos?

Ese es un asunto contra el que hay que trabajar. Los datos pertenecen a las personas y hay que proteger la privacidad, pero el mundo puede avanzar muchísimo gracias a la posibilidad de analizarlos.

Asturias lleva décadas buscando actividades que sustituyan el empleo perdido por el declive industrial. ¿Pueden los centros de datos cumplir realmente ese papel o debemos ser prudentes con las expectativas?

No van a sustituirlo. Venimos de una economía muy intensiva en mano de obra y avanzamos hacia otra que no lo es tanto, pero no se trata de reemplazar una por otra, sino de que convivan. Seguirá haciendo falta que alguien produzca acero, vidrio o productos químicos, pero también debemos atender a una nueva economía que se está abriendo camino. Los centros de datos no son un sustituto de la economía anterior, sino una nueva rama que debemos tener presente.

“No sé si queda alguna crítica concreta sin contestar, pero no veo un problema en las instalaciones que hemos visitado ni en los proyectos que conocemos en Asturias, como San Jorge y Digital Valley Asturias.”

Pero, ante las inversiones millonarias anunciadas, ¿no existe el riesgo de generar unas expectativas de empleo que después no se cumplan?

Creo que hay que ser realistas y explicar bien las diferentes etapas. Durante la construcción, como sucede con cualquier infraestructura, se crean muchos puestos de trabajo que terminan cuando se entrega la obra. Después comienza la explotación y permanecen quienes gestionan, mantienen, limpian y aseguran las instalaciones. Podemos compararlo con una central térmica: durante su construcción trabajan cientos de personas, pero después entra otro equipo encargado de explotarla. Pensar que todos los empleados durante las obras van a permanecer sería un error. Si alguien tiene esa expectativa, debemos corregirla. La construcción se prolonga durante varios años y necesita mucha mano de obra, mientras que la explotación es duradera, pero requiere una plantilla más reducida y especializada.

Las dudas sobre la transparencia y los recursos

Desde posiciones críticas se cuestiona que las empresas destaquen la inversión y sus beneficios, pero no informen con la misma precisión sobre el agua, la refrigeración, el ruido o el empleo estable. ¿Debería el Gobierno exigirles más transparencia antes de presentar públicamente los proyectos?

Yo solo puedo hablar de los proyectos de nuestra región, porque los de otros territorios corresponden a otras administraciones y no conozco su documentación. Por lo que nos han trasladado, creo que la presentación fue clara. La empresa presentó los datos y ahora deberá presentar el proyecto de interés regional, donde se hablará del consumo de agua y electricidad y del empleo generado durante las diferentes fases. También debemos tener en cuenta que se trata de una iniciativa privada. Respecto a la transparencia, la empresa entregó a la prensa un dosier en el que se mostraban el empleo previsto y el consumo de agua.

Usted ha visitado varios centros de datos. ¿Qué pudo comprobar sobre el ruido y los residuos?

Puedo corroborar que desde el exterior no se escucha un ruido excesivo ni quedan residuos. Durante este proceso visitamos varios centros y, sinceramente, no comprendo algunas de las objeciones que se plantean, aunque sean legítimas y puedan proceder del desconocimiento o de no haber entrado nunca en una instalación de este tipo.

El consumo de agua es uno de los asuntos que más controversia genera. ¿Depende fundamentalmente de la tecnología utilizada?

Se habla mucho de un consumo exacerbado, pero depende de la tecnología utilizada, especialmente en la refrigeración. Nosotros hemos visitado instalaciones en las que no existe evaporación: el agua funciona como intercambiador de calor dentro de un circuito que se llena y, mientras no haya una fuga, no necesita renovarse. El centro que proponemos para el pozo San Jorge tendrá un sistema similar. En Asturias, además, existen fabricantes de esa tecnología y empresas de ingeniería dedicadas al montaje de centros de datos. No vemos ningún problema especial en ese aspecto.

¿Considera que también se ha explicado suficientemente el empleo que permanecerá durante la explotación?

La empresa explicó el impacto esperado y el número aproximado de trabajadores durante las distintas fases. Creo que ha sido suficientemente transparente. No sé si queda alguna crítica concreta sin contestar, pero no veo un problema en las instalaciones que hemos visitado ni en los proyectos que conocemos en Asturias, como San Jorge y Digital Valley Asturias. De otros proyectos españoles no dispongo de información técnica porque es privada.

Foto: Kike Gallart

Del carbón al dato

El proyecto del pozo San Jorge tiene una escala menor, una finalidad pública y reutiliza una antigua explotación minera. ¿Representa mejor el modelo de centro de datos que necesita Asturias?

No necesariamente. No se trata de que Asturias necesite un centro de datos concreto, sino de convertir la comunidad en un referente capaz de atraer esta actividad económica. Asturias ya es una referencia nacional dentro de la economía digital, como demuestran el número de empleos que genera y el dinamismo del sector. Tenemos grandes profesionales, empresas de ingeniería capaces de construir estas instalaciones y un tejido empresarial importante. San Jorge y el proyecto de Salas son dos tipos de centros diferentes. San Jorge se adapta a las necesidades del Principado: será mucho más pequeño y tendrá una capacidad suficiente para cubrir las necesidades propias de la Administración asturiana.

¿Qué permite aprovechar concretamente la antigua explotación minera?

Permite utilizar sus edificios, sus conexiones eléctricas y el agua de las galerías. El proyecto también muestra el dinamismo de las empresas asturianas, que se han asociado a través del hub de datos del Clúster TIC para exhibir su capacidad ante compañías interesadas de dentro y fuera de Asturias.

¿Qué diferencia de escala existe entre San Jorge y el proyecto anunciado en Salas?

San Jorge es un centro pequeño; el de Salas sería de tamaño mediano y existen otros de hiperescala con mucha más capacidad. No se trata de que Asturias necesite uno u otro, sino de infraestructuras que generan empleo e impacto económico y por las que una región que quiere competir y dinamizarse debe mostrar interés. La economía del dato no puede avanzar sin centros de datos, del mismo modo que las telecomunicaciones no podían avanzar sin antenas o el automóvil sin carreteras. Es un sector económico con inversiones que se están moviendo por España y por el resto del mundo.

¿Por qué España, y en particular Asturias, puede competir por estas inversiones?

España tiene una posición privilegiada por los cables submarinos que llegan a su territorio y por su capacidad de conectividad. Por eso se habla de la posibilidad de crear aquí un gran nodo de esta economía. Asturias quiere atraer una parte de esas inversiones y mostrar sus posibilidades.

Usted ha hablado de pasar de la economía del carbón a la economía del dato. ¿Hasta qué punto esta nueva economía puede contribuir realmente a reconstruir las comarcas que perdieron la minería y la industria?

Puede ayudar porque alrededor de los centros de datos suelen aparecer empresas que quieren estar cerca para reducir la latencia y disponer de mayor capacidad de computación. También se generan actividades especializadas: limpiar un centro de datos no es igual que limpiar una nave industrial; el mantenimiento eléctrico, las redes, las instalaciones y la seguridad también requieren conocimientos específicos. En muchas ocasiones se forma un ecosistema empresarial alrededor de estas instalaciones. La economía se compone de muchos factores y un centro de datos no va a resolverlo todo, pero puede contribuir. Cuando empleamos la expresión “pasar de la economía del carbón a la economía del dato” queríamos trasladar la idea de que no todos los centros de datos tienen que concentrarse en Madrid, Barcelona o Valencia. Podemos atraer esta nueva economía, que no se limita a los propios centros.

¿Dispone ya Asturias de empresas y profesionales capaces de aprovechar esta actividad?

Asturias ya ha demostrado su capacidad con empresas como Capgemini o con otras compañías tecnológicas que se instalaron en lugares como Blimea. Disponemos de recursos humanos, formación y un ecosistema vinculado a las nuevas tecnologías. Lo más difícil es romper la barrera inicial: cuando comienza a existir actividad económica, esta atrae progresivamente más actividad. No nos jugamos todo a una sola carta, pero si estas infraestructuras se instalan aquí, aunque sean inversiones privadas que podrían elegir otros territorios, ayudarán a atraer empresas, crear empleo y generar nuevos recursos económicos.

¿Existe alguna previsión sobre cuánto puede crecer este sector durante los próximos años en Asturias?

No tenemos una previsión específica para Asturias. Spain DC, la patronal del sector, ofrece datos nacionales, pero no los desglosa por comunidades autónomas. Sabemos que existe una necesidad creciente de capacidad de computación y de centros de datos, pero para decidir dónde se instala uno de ellos, las empresas estudian muchas variables diferentes: la sismicidad, la calidad del aire, la temperatura exterior, la conectividad y otros muchos factores. Algunas se me escapan porque corresponden a decisiones privadas y cada compañía analiza dónde situar sus inversiones. No he visto ningún dato actualizado por comunidades autónomas. Conocemos las necesidades previstas para España, porque las difunde la patronal, pero después las infraestructuras se instalan en aquellos territorios que las empresas consideran más adecuados.

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