Una cuenta atrás hasta más allá del 11 del 11

Debe haber un trasvase de las rentas del capital a la clase trabajadora, es decir, un reparto de los beneficios mediante subida de los salarios.

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José Manuel Zapico
José Manuel Zapico
Empleado público y secretario general de CCOO de Asturies.

 3, 2, 1, 0…fundido en negro en las televisiones y el país paró. A las 00:00 del 14 de diciembre de 1988 una cuenta atrás en RTVE, dirigida por J.M. Fragua de Pablo, única televisión en aquel momento, marcó el inicio de la huelga general. Ahora, en 2026, y con el 11 del 11 como punto de inflexión, fecha de fácil recuerdo, comienza la acción para volver a parar la producción del país, para generar ilusión y cambiar las cosas. Pero, tras ese día el clamor continuará, no nos callaremos, la presión seguirá en las calles y en las urnas. Urgen medidas para la gente.

De eso van las huelgas generales, de conquistar y defender derechos, de transformar la realidad. Y ahora toca reivindicar que se cumpla lo que es un derecho constitucional, frente a la especulación. Respondiendo a la patronal, pues sí, y se lo decimos, está huelga va más allá de lo laboral, va para resolver lo que es un problema estructural, a poner soluciones para que no se convierta en un lujo el acceso a la vivienda. Del mismo modo le recordamos a los empresarios que también es una lucha laboral: reivindicamos empleos decentes, salarios más justos y no enfermar y morir en los tajos.

 La alarma que no dejaba de sonar se ha convertido en un estallido social. El desahucio de Maricarmen, a la que ni dejaron morir en su casa, casa en la que llevaba toda la vida pagando el alquiler, fue lo que prendió la mecha. Una mujer de 87 años, en situación vulnerable, arrancada de su hogar, en una decisión que hasta el relator de la ONU ha dicho que “cuanta rentabilidad justifica tanta crueldad”. Este desahucio es el reflejo de la inhumanidad a la que se está llevando a la sociedad. Protestamos en la calle para que no haya un siguiente. Pasó en la calle Sainz de Baranda en Madrid y podrá pasar, por ejemplo, en la calle Campomanes en Oviedo. O el caso de Olga, madre de dos hijas, una menor de edad, que se quitó la vida cuando iba a ser desahuciada de su piso en Hospitalet de Llobregat. Una vida humana vale más que todos los beneficios de la especulación.

Foto: Pablo Lorenzana

 El capitalismo salvaje y la especulación están echando al vecindario de los barrios. Se está produciendo un auténtico moobing inmobiliario, con un escenario diseñado para los rentistas, produciendo una auténtica brecha entre la gente propietaria y la inquilina. ¿Dónde queda el artículo 47 de la Constitución “del derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”?

La acampada de Sol se expande por más ciudades, también llega a Oviedo, a la plaza de la Escandalera que, pese a los episodios de agresiones fascistas, ahí sigue. Un clamor pacífico y reivindicativo recorre el país y CCOO, sindicato de clase, única organización que hasta en solitario ha convocado todas las huelgas generales de la historia de la democracia actual de nuestro país, recoge el guante. Vamos un paro total  el 11 de noviembre.

Madrid, origen de esta detonación ciudadana, en los últimos años se ha puesto a disposición de los “fondos buitre” obviando a la ciudadanía frente a los intereses privados y las ganancias de unos pocos. Los vecinos y vecinas se ven excluídos, echados de las calles donde crecieron, en pos del capital (la prosperidad de la capital, dicen). Modelo que urbes como Oviedo y Gijón están empezando a imitar. Los precios de los pisos en Asturias en los últimos diez años han subido un 80% y los salarios apenas un 24%, una pérdida acuciante de poder adquisitivo … Las veces que haga falta lo diremos: la vivienda se está comiendo nuestro salario.

El fenómeno del trabajador pobre, la persona que pese a tener un empleo no llega a fin de mes que está en los umbrales de la pobreza, se está agudizando. Eso sí las ganancias empresariales no dejan de subir (las empresas del Ibex 35 tuvieron unas ganacias 67.300 millones de euros en 2024, siendo las remuneraciones de los representantes de sus consejos de administración hasta 295 veces superiores al de sus plantillas, muy lejos las tesis económicas de banqueros como Rockefeller y J.P Morgan que afirmaban que la diferencia salarial entre el ahora llamado CEO y la persona trabajadora debería ser como mucho del 10%).  

Debe haber un trasvase de las rentas del capital a la clase trabajadora, es decir, un reparto de los beneficios mediante subida de los salarios. Aún así, en este panorama de desigualdad a ciertos sectores les extraña que se convoque una huelga general. Pues pararemos el país y daremos la batalla también por nuestro tiempo. Ya lo dijo Michael Ende en su novela “Momo”, “el tiempo es vida y la vida reside en el corazón”; seguiremos reivindicando la reducción de jornada, el debate se perdió en el parlamento, pero se ganó en las calles. La gente lo demanda: con más conciliación, con más ocio, con más tiempo es como una sociedad progresa.

 Quieren una involución democrática, quitarnos derechos, que los llaman privilegios -qué privilegio es ni poder habitar un hogar o estar en una deuda perpetua si nos queremos emancipar, o hasta pedir un crédito si vivimos de alquiler-. Estamos frente a una escalada de precios incesante, en el que hasta la cesta de la compra obliga a hacer malabares financieros a las economías domésticas, con una carestía de la vida que, valga la redundancia, nos aboca a sobrevivir, no a vivir; hay que hacer frente a la situación. 

La huelga claro que también es laboral. Cunde un hartazgo entre las trabajadoras y trabajadores ante la falta de medidas de seguridad y prevención en las empresas. Hay un incumplimiento flagrante de la normativa, se prima el beneficio frente a la salud y eso cuesta vidas.

El 11 del 11 recordaremos muchos nombre: desde el de Maricarmen y Olga; los de las personas que han muerto y enfermado en el trabajo; los de que son el nuevo precariado esclavo del algoritmo; los de las cuidadoras que no tienen quienes las cuiden… por todas ellas, por ellos, lucharemos. Hoy comenzamos una cuenta atrás para una movilización en su sentido más amplio de la palabra.

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